Y tú, ¿te comes todo lo que te ponen?

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Nuestra forma de alimentarnos, cómo y cuánto comemos, depende de varios factores que ejercen una importante influencia. Entre esos factores está el psicológico. También influye el entorno en el que vivimos, la presentación de los productos que compramos, el tamaño de la vajilla y la cantidad que nos sirven en cada ración. El hecho de tocar un objeto, ¿hace que lo deseemos más? ¿Puede un nombre influenciarnos a la hora de elegir un lugar para vivir o una profesión? ¿Infravaloramos a una persona obesa? ¿Por qué compramos aquellos productos que valoraríamos menos en un test ciego? Estas y muchas otras preguntas forman parte del libro “Nos Préférences sous Influence” (Las influencias sobre nuestras preferencias), de Olivier Corneille, profesor de la Universidad Católica de Louvain, Bélgica y miembro del Centro para el Estudio del Comportamiento Social. Sus investigaciones se centran en el estudio de las influencias psicológicas en el desarrollo de preferencias y el tratamiento de la conducta social. Recientemente, el escritor e investigador belga amplió sus investigaciones hacia los comportamientos alimentarios, centrándose en la influencia del entorno cotidiano en los hábitos alimentarios de la población.

Según el autor belga, las influencias son diversas y van desde el embalaje de los productos que compramos hasta el tamaño de la vajilla que utilizamos para comer. En esta materia, el investigador belga se centró en dos cuestiones principales: ¿En qué medida influye la cantidad de alimentos que se sirven en el plato sobre la cantidad que se come? ¿Qué factores impulsan a las personas a aumentar su consumo? ¿Depende este del volumen de las raciones, del embalaje o de una mezcla de ambos? Una primera constatación muestra que las personas ajustan su consumo en función del volumen de las raciones que le sirven. De forma general no se presta atención ni a lo que se come ni a la sensación de hambre que se tiene. El resultado es que se ingiere más de lo necesario. Según Corneille, el aumento de la obesidad entre la población es consecuencia directa de este tipo de comportamientos ya que, en los últimos años, la industria ha triplicado el tamaño de las raciones y esta cantidad no cesa de aumentar. Una segunda constatación muestra que la talla del continente tiene un impacto directo sobre el volumen de alimentos ingeridos por el consumidor. Para analizar este punto, Olivier Corneille llevó a cabo un experimento piloto con tres grupos de estudiantes a quienes se les proporcionó un cuenco de dulces para que lo consumieran mientras veían la televisión. Al primer grupo se le proporcionó un cuenco de tamaño medio con una cantidad media de dulces, al segundo grupo se le proporcionó la misma cantidad de dulces en un cuenco mayor y, por último, el tercer grupo recibió un cuenco grande con mayor cantidad de dulces. Los cuencos se rellenaban a voluntad de los participantes en el experimento.

La cuestión era saber qué grupo consumiría más dulces y la experiencia mostró que, en un mismo espacio de tiempo, el segundo grupo, el que tenía el cuenco más grande con la misma cantidad de dulces, consumía el doble que el primero y tantos como el tercero. ¿Por qué? Cuando se vierte una determinada cantidad en un recipiente grande, esta cantidad parece menor que si el recipiente es más pequeño. Este efecto hace que se consuma más. Para poder refrenar el consumo espontáneo excesivo el investigador belga recomienda no actuar sobre la voluntad de las personas, ya que ésta puede ser débil, sino sobre el entorno. Utilizar recipientes más pequeños, ya sean platos para las comidas o cuencos para los aperitivos es una táctica que da resultados inmediatos. Estos recipientes pequeños se deben rellenar hasta el borde para incitar a consumir menos. Además, es imprescindible concentrarse sobre el comportamiento alimentario y evitar comer en contextos inapropiados que distraen la atención como, por ejemplo, comer viendo televisión, en el cine o mientras se trabaja. Si analizamos algunas cifras podremos comprender más fácilmente el motivo del aumento del número de personas que padecen obesidad: desde los años 50, las hamburguesas han quintuplicado su volumen. Los restaurantes que ofrecen autoservicio hacen que su usuario consuma un 70% más de las cantidades que ingeriría normalmente. Además, las raciones normales son hoy un 33% más grandes que hace 50 años. Teniendo en cuenta que los ciudadanos estadounidenses consumen el 40% de sus alimentos fuera de su domicilio, no es difícil relacionar el aumento de los casos de obesidad y sobrepeso, que actualmente sufren dos terceras partes de la población.

Fuente Olivier Corneille

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