Y después de Copenhague…

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El conjunto de sociedades que habitan el planeta consume cada vez más recursos naturales, y lo hace a un ritmo que conduce al planeta a la escasez.

La esperada y deseada cumbre de diciembre en Copenhague girará en torno a un tema principal: las emisiones de CO2, el gas carbónico que amenaza con romper el equilibrio y hacer que bascule el sistema térmico del planeta con el enorme riesgo que ello conllevaría para el medioambiente y las personas. Se tratarán muchos asuntos, propuestas como la posibilidad de gravar las transacciones financieras, el papel de los bosques como pozos de carbono, la bolsa de derechos de emisiones, de nuevas tecnologías, de los derechos de los países pobres y de la solidaridad necesaria de los ricos. El agotamiento de los recursos naturales necesita un debate serio y continuado tal y como han venido reclamando investigadores, ecólogos, geólogos e incluso academias científicas de todo el mundo. El riesgo de agotamiento de los recursos se identificó desde hace mucho, y registra una progresión idéntica al progreso del desarrollo económico de estos últimos treinta años. En menos de treinta años la extracción de recursos ha aumentado en un 50% y la demanda no decae, en parte debido a la ola industrializadora de países como China o India. Los países avanzados han aumentado su eficacia más de un 30% por unidad del PIB, pero en general, esta mejoría se ve empañada por los resultados de los nuevos países emergentes.

Actualmente, para producir un producto de 7 kilos que cueste 6 euros, se necesita el equivalente a 60 kilos de materias primas. En los mercados de hidrocarburos se comienzan a avistar signos de escasez. En la extracción de minerales se prevén idénticos balances, así como en los mares, en las tierras arables y en los grandes bosques cuya diversidad se encuentra seriamente amenazada. Pese a que las nuevas técnicas de extracción y de prospección permitirán aprovechar de un modo más óptimo los nuevos recursos, los daños medioambientales y los costes derivados de los mismos podrían convertirse en insalvables. Estos daños son un hecho en Asia, África, América Latina y en partes de Estados Unidos.

La actual situación del mercado de hidrocarburos es una muestra de lo que puede suceder en el futuro. Los países productores nacionalizarán sus recursos naturales y encarecerán la subasta. Muchas compañías petrolíferas comienzan a percibir un aumento de las dificultades para conseguir unos precios que les permitan financiar las necesarias prospecciones y las extracciones, esta situación tenderá a expandirse a los mercados de materias primas, lo cual propiciaría crisis repetitivas que desestabilizarían los intercambios industriales y comerciales de la segunda mitad de siglo. Los expertos del mundo entero han advertido en numerosas ocasiones del gran reto que supone el agotamiento de recursos naturales o la escasez de materias primas. De la misma forma que es necesario liberarse de las energías fósiles para conservar los grandes equilibrios del planeta, la investigación del siglo XXI deberá centrarse en estudiar métodos que permitan un uso moderado de materias no reciclables y su óptima distribución.

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