VI Las propuestas olvidadas de Copenhague

VI Las propuestas olvidadas de Copenhague

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La amenaza del cambio climático ha generado una avalancha global de documentos políticos, sugerencias de soluciones tecnológicas y recomendaciones acerca de diferentes estilos de vida. Lo que todas estas propuestas tienen en común es que su aplicación supondría en casi todos los casos cierta incomodidad social y cuantiosos perjuicios económicos. Sin embargo, una serie de estudios demuestra que, al menos en el plano de la salud pública, este punto de vista está equivocado: si se aplican de forma adecuada, las medidas para combatir el cambio climático pueden por sí mismas suponer una mejoría generalizada de la salud.

5 – Emisiones contaminantes de corta vida.

Los contaminantes de corta vida, derivados básicamente de la quema de combustibles fósiles para los sectores energético, transporte y doméstico, incluyen sustancias que tienen un efecto calentador o enfriador global.

A pesar de que estos contaminantes, sin contar el metano, permanecen un máximo de unas pocas semanas en la atmósfera, en general contribuyen de forma directa o indirecta a una importante proporción del calentamiento global, y por ello al daño directo sobre la salud humana relacionado con el consumo energético global. Estos contaminantes incluyen el sulfato, los aerosoles orgánicos y de negro de carbón, el monóxido de carbono, los compuestos volátiles orgánicos, excluido el metano, y demás gases que son responsables de la generación de ozono, tales como el metano y los óxidos de nitrógeno.

Beneficios para la salud.

Ya tengan un efecto de enfriamiento o de calentamiento, lo cierto es que todos los contaminantes de corta vida (o, en caso del metano, el ozono que genera en la atmósfera), afectan a la salud del ser humano. El ozono y el sulfato de la atmósfera, por ejemplo, están relacionados con la toxicidad cardiopulmonar. También se ha comprobado que respirar aire cargado de partículas provenientes de la combustión aumenta el índice de enfermedades y fallecimientos. La OMS estima que, en el año 2000, esta fue la causa de dos millones de muertes prematuras. Sin embargo, aún se desconoce la relativa toxicidad de las partículas provenientes de distintas composiciones químicas. Los patrones de emisión de contaminantes de corta vida y la exposición a los mismos varían enormemente. Debido precisamente a su corta vida, sus efectos sobre la salud dependen de factores locales y regionales tales como el clima, la geografía y la distribución de la población. Algunos datos de toxicología y epidemiología existentes parecen contradecirse. Estos y otros factores impiden que se formulen estrategias de control óptimas.

Datos de interés – En la atmósfera, la combinación de sulfato y negro de carbón parece señalizar un factor de riesgo importante en cuanto a la mortalidad cardiovascular. Cada vez existen más datos que prueban que el ozono también puede provocar la muerte. La reducción de las concentraciones atmosféricas de estas tres sustancias supondría un beneficio para la salud. – Existen pocas pruebas de que las partículas de sulfato que tienen un efecto de enfriamiento sean menos dañinas para la salud que otras partículas, e incluso algunos estudios muestran que son más dañinas. Las medidas necesarias para proteger a la salud podrían, en este caso, estar reñidas con las medidas que se necesitan para luchar contra el cambio climático. – Debido a su corta vida en la atmósfera, una reducción de las emisiones de negro de carbón y demás generadores de ozono ofrecerían unos beneficios casi inmediatos.

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