Comprar, tirar, comprar: Una tragedia electrónica

Comprar, tirar, comprar: Una tragedia electrónica

- in Noticias
2410
0
El consumo exacerbado de aparatos electrónicos está causando una verdadera tragedia
La savia que sustenta y alimenta al sistema capitalista es el consumo masivo por parte de la sociedad. Los ciudadanos consumen no sólo por necesidad, es más, consumen productos que no necesitan pero que les son inoculados por la publicidad. Teléfonos, televisiones y muchos aparatos electrodomésticos, no se adquieren en función de la utilidad que se le va a dar o de su idoneidad técnica, se compran, en mayor medida, dejándose llevar por un simbolismo publicitario creado para seducir y no para ayudar. Para que no se detenga la ruleta, estos aparatos tienen que tener una vida cuya duración es determinada por el mercado (obsolescencia programada) , de esta forma se incita al usuario a cambiar de modelo y el negocio continúa. Pero ¿adónde van a parar todos los residuos generados por este frenesí consumista?

No cabe ninguna duda, muchos bienes de consumo están diseñados expresamente para que dejen de funcionar en una fecha determinada. Esta obsolescencia programada es un arma imprescindible para incitar al consumidor a cambiar de modelo, para que el consumo sea apreciado como algo estético y muy lejos de la teórica utilidad que se le debería suponer a muchos bienes y servicios. El debate sobre la obsolescencia programada está en auge en Europa y muchas asociaciones de consumidores y algunos políticos reclaman una legislación que tenga en cuenta esta “estrategia” comercial que fomenta la fabricación masiva de aparatos con el impacto medioambiental y de recursos naturales que acarrea.

La directora alemana Cosima Dannoritzer acaba de estrenar su último documental cuyo título no deja ninguna duda, “La Tragedia Electrónica” muestra el desolador y preocupante escenario de los vertederos electrónicos en África. El documental comienza y acaba con las escalofriantes imágenes del vertedero de Agbogbloshie, en Accra, Ghana, donde los niños queman el material electrónico y respiran el humo extremadamente tóxico que desprenden y donde lo que no acaba incinerado contaminará las capas freáticas y la tierra. Cosima dirigió otro impactante documental (se puede ver aquí en español), “Comprar, tirar, comprar” en el que denuncia la obsolescencia programada y la pésima gestión medioambiental de los residuos que dicha estrategia comercial genera.

En La tragedia Electrónica, documental de la realizadora alemana Cosima Dannoritzer, se analiza la situación de los residuos electrónicos yendo al núcleo del tráfico de los mismos a escala mundial y desvelando los daños que esta marea tóxica generada en los países ricos inflinge a la salud pública y al medioambiente de todo el planeta. Cosima fue en 2011 a visitar e investigar el sujeto en los sitios donde se crearon inmensos vertederos electrónicos. Las conclusiones de la realizadora revelan que el problema empeora. Se preguntó cómo es posible que sigan llegando a Ghana miles de toneladas de residuos electrónicos tóxicos pese a la Convención de Basilea, firmada por 190 países y que prohíbe dicho tráfico. Cosima encontró la respuesta: el beneficio económico es el culpable.

Cada año se arrojan a vertederos incontrolados de África, Asia e India unos 50 millones de toneladas de residuos electrónicos. Estos residuos podrían ser controlados y, después de recibir un tratamiento sencillo, volver a utilizarlos. Sin embargo, se estima que en todo el mundo, aproximadamente el 75% de estos residuos desaparecen de los circuitos oficiales de reciclaje. Una gran parte acaba en vertederos de Ghana, Nigeria, China, India, Pakistán, Bangladesh, etc.

Estos residuos atraen a mafias internacionales debido a que contienen materiales como el oro, el cobre y el paladio, cuyo mercado paralelo no cesa de crecer. Las cifras económicas que mueve este tipo de tráfico superan ya a las de la droga. Los centros de reciclaje europeos, financiados mediante tasas ecológicas y medioambientales, no reciben más que un cuarto de los residuos producidos. El resto va a parar al mercado negro manejado por organizaciones internacionales que consiguen grandes beneficios económicos.

Estados Unidos es el primer productor mundial de residuos electrónicos (30 Kg. por habitante al año). Al no haber ratificado la convención de Basilea (la Convención de Basilea, firmada en 1989, prohíbe la exportación de residuos tóxicos, entre los que se incluye la mayor parte de residuos eléctricos y electrónicos, en cuyos componentes se encuentran metales como el plomo, el mercurio y el PCB), no está obligado a verificar y dar cuenta de sus exportaciones de residuos electrónicos. De esta forma, cada día llegan a Hongkong unos 63.000 contenedores atiborrados de material electrónico desechado que posteriormente formará parte del tráfico de materiales en China, donde existen pueblos enteros dedicados al tratamiento de esta marea tóxica y en los que se practican unas condiciones laborales inhumanas.

Fuente

About the author

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may also like

El menú tóxico del día, Europa descuida sus alimentos

Es sencillo. Basta con procurarse las ofertas de cualquier supermercado. Organizar un menú de tres platos no resulta nada caro. La comida está barata. ¿Condición imprescindible? No mirar ni su procedencia ni su composición. Ya tenemos un menú completo, a buen precio y tóxico.