Una economía al servicio del medioambiente

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Jacqueline McGlade es la actual directora de la Agencia Europea para el Medioambiente (AEE), oficina encargada de estudiar de forma independiente el estado medioambiental de la Unión Europea, así como de trazar las líneas políticas que deben seguir la Comisión, el Parlamento y los Estados Miembros.

A principios de enero de 2009, la Agencia Europea para el Medioambiente (AEE) publicará un informe sobre los retos medioambientales europeos en el que se tratará este tema de forma que la información sea más cercana al ciudadano, más accesible a la mayoría. En una reciente entrevista, Jacqueline McGlade afirmaba: “La influencia de los ciudadanos en 2009 será decisiva. Por este motivo, deben estar informados de lo que va a ocurrir en diciembre de 2009 en Copenhague, donde se negociará el protocolo que sustituirá al de Kioto. Los ciudadanos deben tener una idea clara y concreta de lo que significa el cambio climático, ese es nuestro objetivo. Es un gran reto informar a los ciudadanos y así otorgarles poder.

Las emisiones de gases de efecto invernadero están aumentando de forma tan rápida que ni siquiera en las estimaciones más pesimistas se habían considerado los valores actuales”. No cabe duda de que las consecuencias del cambio climático siguen siendo algo abstracto para la gran mayoría de ciudadanos. Es necesario hacer llegar el mensaje de que hasta ahora, la humanidad ha evolucionado en un medio climático muy estable y de que el simple descenso de un grado de media en la temperatura es suficiente para hacernos entrar en una pequeña era glaciar. A este respecto, afirmaba la directora de AEE: “Cada grado es importante. Nuestro objetivo es que el aumento de la temperatura no sea superior a dos grados. Es una meta extremadamente ambiciosa y, aún así, debemos estar preparados para grandes cambios: con dos grados más no seguiremos viviendo como actualmente lo hacemos, ni siquiera en Europa.

En el futuro, no se dispondrá de tanta agua. La agricultura no podrá ser la misma. La industria turística deberá asimismo evolucionar.

Pero la lucha contra el cambio climático encierra también grandes oportunidades. Por ejemplo, las medidas de reducción de las emisiones en Europa nos permitirán ahorrar 8.500 millones de euros anuales en la lucha contra los contaminantes atmosféricos. El ahorro en servicios sanitarios podrían alcanzar 45.000 millones de euros anuales”. En estos tiempos de crisis económica, la lucha contra el cambio climático corre el riesgo de quedar relegada a un segundo plano. Jacqueline McGlade es consciente de ello cuando afirma: “Tenemos que aprovechar este momento para reestructurar la economía, replantear sus fundamentos. No podemos cometer el error de tratar de reconstruir el actual modelo económico. El cambio hacia una economía verde que creará numerosos empleos verdes no funcionará si solamente se pretende reemplazar la gasolina por combustibles procedentes de fuentes renovables. La economía debe estar al servicio del medioambiente y los precios de las cosas deben volverse a valorar. Si aprendemos a valorar el agua y la energía mediante un precio más realista, nos daremos cuenta de lo caro que resulta trasportar los productos de una parte del mundo a otra”. Recientemente, la Unión Europea acordó la reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% hasta 2020. Se trata de un objetivo ambicioso cuyo éxito dependerá en gran medida de las políticas y de la voluntad de los ciudadanos y sus gobiernos. La acción debe comenzar de forma inmediata, por lo que es inminente cambiar la mentalidad de las instituciones.

La reunión de Copenhague es el punto de partida de este plan tan audaz. Es imprescindible que se llegue a un acuerdo satisfactorio. ¿Será capaz la comunidad internacional de alcanzar un acuerdo? “Dependerá mucho de la presión de la opinión pública mundial. Hay señales que generan optimismo. Uno de los grandes escollos de la negociación será la cuestión de la financiación y el funcionamiento del Fondo de Adaptación (promovido por los países ricos, tiene por objetivo la financiación de las acciones en los países enfrentados a las consecuencias del calentamiento global). Debemos estar alerta para que el funcionamiento del fondo sirva para ralentizar el cambio climático y facilitar nuestra adaptación a él. Todas las partes del acuerdo deben tener acceso al control del cumplimiento del mismo”.

Extracto del original.

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