Una despensa comunitaria contra el derroche de alimentos

Una despensa comunitaria contra el derroche de alimentos

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La alimentación es responsable del 40% del impacto medioambiental del consumo en general. Lamentablemente, muchos de los alimentos que se compran acaban en la basura. Por ese motivo es fundamental que tanto consumidores como productores actúen de forma responsable y sostenible. Los elaboradores deben optimizar sus actividades e informar sobre el impacto de su cadena de producción. Los consumidores deben estar informados y hacer sus elecciones de forma consciente y responsable. Sin embargo, algunas veces es inevitable tener que tirar algún alimento que hemos comprado de más y que no vamos a poder aprovechar. ¿Qué hacer con ellos? En Finlandia, un creativo estilista se puso en contacto con el centro de investigación sobre sostenibilidad alimentaria, MTT, para poner en marcha un experimento, una despensa comunitaria en la que cada uno podría dejar lo que le sobrara y tomar lo que necesitara. Se trata de una propuesta un tanto arriesgada cuyos resultados aún están por comprobar. [twitter count=»2″ user=»@revistaladyverd»]

Jukka Peltonen acaba de hacer la compra, llega a casa con una bolsa de clementinas y se encuentra con que estas están demasiado ácidas para su gusto. En lugar de tirarlas, Peltonen, director de una agencia de relaciones públicas, las pone a disposición de sus vecinos dejándolas en una despensa comunitaria que está situada en el sótano de su edificio en el barrio Roihuvuori, en Helsinki (Finlandia).

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Esta original despensa, que tiene por objeto reducir el derroche de alimentos entre los 200 residentes del complejo de viviendas, lleva en funcionamiento unos meses y forma parte de una creciente tendencia en el mundo entero, una serie de iniciativas que toman los consumidores para vivir una vida más verde. La despensa de Roihuvuori, que es común a los dos edificios del complejo de viviendas, está llena de alimentos: yogures a punto de caducar, fiambres en sus envoltorios, queso, pan, frutas, hortalizas y bebidas. El funcionamiento es el siguiente: cada usuario registra su visita en un listado que cuelga de la puerta de entrada a la despensa, un habitáculo que se mantiene a seis grados durante todo el año. “Introduces el número de tu vivienda, informas sobre si traes o te llevas algo y, si quieres, dejas un comentario”, explica Peltonen, de 51 años de edad. La iniciativa también cuenta con un perfil de Facebook en el que se actualizan las existencias de la despensa. No existe un marco legal que regule este tipo de iniciativa de compartir alimentos, sino que se basa en la confianza entre residentes. “Desde la semana pasada, podemos dejar alimentos cocinados. Quien quiera hacerlo deberá describir los ingredientes. En caso de que no diga la verdad o de que alguien enferme, se sabrá quién es el responsable”, afirma Peltonen. Este proyecto anti-derroche es una idea de Heikki Savonen, de 44 años de edad, a quien se le ocurrió hace unos dos años: “Pensé, ¿por qué no crear un perfil de Facebook para compartir alimentos, en un barrio o en una ciudad, para evitar el derroche?”, recuerda Savonen. De esta forma, se puso en contacto con el centro de investigación sobre sostenibilidad alimentaria, MTT. Tras lanzar la idea en internet, acabó contactando con los residentes de la comunidad de Roihuvuori. “El lugar era perfecto. Contaba con una centena de viviendas y el tamaño encajaba con los criterios. Los residentes eran heterogéneos: algunas familias, algunas personas mayores y estudiantes que viven solos”, afirma Savonen. MTT Agrifood Research, por su parte, afirma que se trata de un proyecto muy adelantado a su tiempo.

“Se producen muchos alimentos que acaban siendo tirados a la basura, lo que constituye una carga innecesaria para el medio ambiente”, afirma Juha-Matti Katajajuuri, investigador del instituto. Cada año, los hogares finlandeses tiran a la basura 130.000 toneladas de alimentos. En Roihuvuori aún hay mucho por hacer: solamente una docena de personas deja comentarios de forma regular en el listado. “Seamos realistas: hay gente que nunca lo usará”, afirma Peltonen. “También hay usuarios secretos: utilizan el sistema pero no escriben nada. Por ejemplo, a la gente mayor les da vergüenza tomar la comida de otros, así que lo hacen sin decir nada”, dice. “En verano, la gente sale más. Quizá entonces haya más participantes”, anticipa. Tras unos meses en funcionamiento, es difícil saber si el proyecto ha logrado reducir el gasto mensual en alimentación, pero Savonen afirma que esto no es lo más importante. “Con el tiempo, este proyecto podría acabar creando un sentimiento de comunidad. La gente acabaría saludándose por los pasillos del edificio y diciéndose unos a otros: “¡la pasta que cocinaste el otro día estaba muy buena!”.

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