Un siglo sostenible según la ONU (I)

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El consumo de combustibles fósiles y la alimentación del mundo son las causas principales de nuestro impacto medioambiental. Es necesario instaurar medidas fiscales e impositivas, así como realizar mayores inversiones en innovación para separar el crecimiento económico del impacto medioambiental.

Nuestra alimentación y el abastecimiento de combustibles serán los factores que determinarán el desarrollo del siglo XXI, bien hacia una sostenibilidad cada vez mayor, o bien hacia un callejón sin salida para miles de millones de personas. Según concluye un nuevo informe, la drástica reforma, reorganización y rediseño de dos sectores, la energía y la agricultura, podría generar importantes beneficios medioambientales, sociales y económicos. Los actuales modelos de producción y consumo tanto de combustibles fósiles como de alimentos están agotando los recursos de agua potable, potenciando la pérdida de ecosistemas de gran importancia económica, tales como los forestales, intensificando las enfermedades y las tasas de mortandad y elevando los índices de contaminación a niveles insostenibles.

El informe, elaborado por el Panel Internacional para la Gestión de Recursos de la ONU, afirma que la tarea de desligar el impacto medioambiental de estos dos sectores del crecimiento económico puede comenzar desde los hogares. Podemos dar los primeros pasos hacia la sostenibilidad aplicando medidas drásticas en los modelos domésticos de consumo energético y alimentario, incluyendo los sistemas de calefacción y refrigeración, el uso de electrodomésticos y demás equipamientos y el medio de transporte que utilizan los ciudadanos. El estudio hace también un llamamiento, que puede suscitar polémica, a una drástica modificación de la dieta alimentaria: el cambio de una dieta basada en proteínas animales a una alimentación vegetariana reduciría de forma importante nuestro impacto sobre el medioambiente. Achim Steiner, Subsecretario General de las Naciones Unidas y Director Ejecutivo del Programa Medioambiental de la organización (UNEP), afirma: «Separar el crecimiento económico de la degradación medioambiental es el reto número uno al que se enfrentan los gobiernos de un mundo con una población en aumento, con ingresos crecientes, con un aumento del consumo y con el persistente objetivo de erradicar la pobreza. Debemos asentar las prioridades para lograr encaminarnos de forma rápida y sensata hacia una economía de bajo impacto y eficiente en el uso de sus recursos.

El Panel ha revisado todos los datos científicos disponibles y concluye que hay dos áreas que están teniendo un impacto desproporcionadamente alto sobre la gente y sobre los sistemas en los que se basa la vida en el planeta: la energía en forma de combustibles fósiles y la agricultura, en especial el aumento de ganado destinado a la producción de carne y productos lácteos«, afirma. «Es necesario que internalicemos los costes de estos modelos insostenibles mediante la aplicación de sistemas de mercado inteligentes, de medidas fiscales audaces y de políticas creativas e innovadoras. El informe hace referencia a algunas medidas que pueden parecer excesivamente duras, pero cuya aplicación reportará unos beneficios que no se lograrán de continuar durante las próximas décadas por el camino por el que vamos«, continuó Steiner. Ernst von Weizsaecker, codirector del Panel, afirma que el informe pone en entredicho la asunción de que la prosperidad automáticamente conlleva beneficios para el medioambiente. «En el caso del CO2, duplicar la riqueza conlleva una media de 60-80% de aumento del impacto medioambiental. En las economías emergentes, este porcentaje es incluso superior. En el caso de los alimentos, el aumento del nivel de vida está propiciando la modificación de las dietas hacia una alimentación basada en productos lácteos y cárnicos. El ganado consume gran parte de los cultivos del mundo y gran cantidad de recursos hídricos, además del uso de pesticidas y fertilizantes que están relacionados con la producción de dichos cultivos«, continuó.

Ashok Khosla, codirector del Panel y Presidente de la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza (IUCN), afirmaba: «El aumento de la eficiencia ha logrado mejoras en algunos campos, como por ejemplo en los motores de los automóviles, o en los sistemas de calefacción de los hogares. Sin embargo, esto no es más que una pequeña porción de las medidas revolucionarias que hacen falta para encarar la magnitud del problema a que nos enfrentamos. Nos estamos distrayendo con pequeñeces y, mientras tanto, arde Roma«. «Parte de este nuevo enfoque pone en cuestión la forma en que el mundo está intentando combatir el cambio climático. Tal y como señala el informe, para muchas de las economías desarrolladas, el 20-30% de la contaminación de la nación no está teniendo lugar en su propio territorio, sino a través de las importaciones. Dado este hecho, quizás la actual forma de estructurar los acuerdos de los objetivos de reducción de emisiones se está quedando obsoleta«, afirma. El informe, denominado “Impacto medioambiental del consumo y la producción: Productos y Materiales”, Environmental Impacts of Consumption and Production: Priority Products and Materials, es el último que se ha llevado a cabo de una serie de estudios realizados por los 27 expertos que constituyen el Panel Internacional por la Gestión Sostenible de Recursos.

Presentado ante la Comisión Europea en Bruselas con motivo del Día Mundial del Medioambiente (5 de junio), el informe de 149 páginas detalla las prioridades de la lucha mundial por el medioambiente, basadas en datos científicos: clasificar los productos, materiales y actividades económicas y de formas de vida según su impacto medioambiental y sobre los recursos naturales. El Panel, que ya ha publicado numerosos estudios, incluyendo el Millennium Ecosystem Assessment, cita los siguientes impactos sobre el medioambiente como prioridades: cambio climático, modificación del hábitat, uso excesivo de nitrógeno y fósforo, sobreexplotación de los recursos pesqueros, forestales y demás, especies invasivas, contaminación del agua potable, combustibles sólidos utilizados en las cocinas, exposición al plomo, contaminación del aire urbano y exposición a ciertas sustancias en el ámbito laboral y doméstico.

UNEP

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