Un hombre contra los transgénicos y el poder

Un hombre contra los transgénicos y el poder

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Hace diez años, la multinacional agro-química Monsanto denunció a un desconocido agricultor, Percy Schmeiser, de una pequeña comunidad agrícola al oeste de Canadá, por el supuesto uso ilegal de una variedad de semilla de colza que la empresa había patentado.

Percy Schmeiser, de 68 años, no se dejó amedrentar: tras cuarenta años cultivando colza, durante los cuales había experimentado y creado sus propias variedades, la acusación le enfureció y le llevó a una lucha sin cuartel contra el gigante de los alimentos genéticamente modificados. Monsanto produce el popular Roundup, potente herbicida capaz de eliminar todo tipo plantas en un cultivo. Mediante el uso de la ingeniería genética, Monsanto ha creado asimismo una semilla de colza completamente inmune a Roundup, denominada Roundup Ready. Un agricultor podrá aplicar el potente herbicida sin miedo a que destroce sus cultivos siempre y cuando estos provengan de la semilla genéticamente modificada por Monsanto y cuyo ADN ha sido patentado por dicha multinacional. Estos “derechos de autor” implican la aplicación de unas estrictas normas de uso estrechamente vigiladas por la multinacional, entre las que destacan la imposibilidad de guardar semillas de un año para otro, por lo que el agricultor se ve obligado a adquirir nuevas semillas cada año o la prohibición de intercambiar semillas entre agricultores.

Los agricultores que adquieren las semillas de Monsanto firman un contrato mediante el que se comprometen a adquirir semillas cada año y a permitir las inspecciones de su campo por parte de la ultinacional.

En Agosto de 1998, Monsanto denunció a Percy Schmeiser, un agricultor de 68 años, por la supuesta utilización de sus semillas modificadas genéticamente sin haber abonado la cuota de 37$ por hectárea. Al contrario que otros agricultores, que establecieron acuerdos con la empresa para no llegar a juicio, Schmeiser decidió luchar por sus derechos: en su defensa, Schmeiser declaró que Monsanto estaba calumniándole mediante acusaciones públicas infundadas. No solamente los investigadores de Monsanto habían invadido su territorio sin permiso, sino que las semillas que encontraron se debían a la contaminación que había sufrido su cultivo a causa de los terrenos de los alrededores, o de los camiones que pasaban por las carreteras colindantes cargados de semillas Monsanto.

El Tribunal Federal de Canadá dictó sentencia en el caso Monsanto contra Schmeiser favorable a la multinacional en marzo de 2001. Según palabras del propio Schmeiser, “fue aterrador. En el juicio se llegó a afirmar que no importaba cómo las semillas habían ido a parar a mis cultivos. Se trataba de la propiedad de una empresa, y no importaba si se habían expandido a causa del viento o por la polinización de las abejas.” No conforme con la sentencia, Schmeiser emprendió una serie de recursos que casi le llevan a la bancarrota. La lucha, que Schmeider podría haber evitado si hubiera pagado la “cuota” habitual para Monsanto de unos 15.000 dólares, se convirtió en una batalla que fue ganando popularidad en los medios. En 1999, Schmeiser ya hablaba de unos 160.000 dólares de sus ahorros gastados en facturas de abogados, a pesar de que contaba con el apoyo económico de los agricultores de la zona, que colaboraban con el envío de algún cheque. Las diversas apelaciones finalizaron con la sentencia de mayo de 2004 del Tribunal Supremo, en la que se determinó que la patente de Monsanto era válida, pero Schmeiser no estaba obligado a pagarle ningún importe, ya que no había salido beneficiado de la presencia de la semilla Roundup Ready en sus campos. En marzo de 2008, en un acuerdo arbitral, Monsanto aceptó pagar los costes de eliminación de la semilla de colza modificada genéticamente de los campos contaminados de Schmeiser. El acuerdo no limita el derecho del agricultor a presentar futuras acusaciones si sus campos vuelven a resultar contaminados por un organismo modificado genéticamente. Desde entonces, Schmeiser participa en más de 200 conferencias anuales en el mundo entero, en las que expone los peligros de los organismos genéticamente modificados.

El 7 de diciembre de 2007 recibió en Estocolmo el premio Right Livelihood Award, también denominado Premio Nobel Alternativo “por su valor en la defensa de la biodiversidad y los derechos de los granjeros, y por su reto a la perversidad moral y medioambiental de la actual interpretación de las leyes de patentes”. En su ruta de esta semana por Holanda, Alemania y Austria, deja claro que su misión es desvelar las prácticas del mayor productor mundial de organismos genéticamente modificados, que “destroza la vida comunitaria, fomenta la desconfianza y la denuncia, te roba la libertad de expresión y de elección, te convierte en un siervo en tu propia tierra”. A la multinacional sólo le queda esperar la resolución biológica del conflicto. Ante esta idea, Schmeiser sonríe y cuenta orgulloso: “mi padre tiene ciento tres años”.

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