Un gas de efecto “enriquecedor”

Un gas de efecto “enriquecedor”

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El protocolo de Kyoto estableció una serie de compromisos entre los países firmantes, uno de los cuales era la reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero. El acuerdo introducía la posibilidad de que los países industrializados más contaminantes pudieran adquirir derechos de emisiones a terceros países con el objetivo de compensar el incumplimiento de sus compromisos. Esta opción, conocida como “mecanismo de flexibilidad”, ha propiciado una llamativa paradoja: algunas empresas se están dedicando a la producción de gas HFC-23 con el simple objetivo de destruirlo después, un negocio que está resultando muy rentable.

El denominado “mecanismo de flexibilidad” y el negocio paralelo que este ha propiciado ponen en seria duda el verdadero valor de todas las inversiones realizadas hasta ahora para apoyar la lucha contra el cambio climático. Hasta el momento, sólo unas cuantas ONGs habían transmitido la sospecha de la existencia de tal negocio pero, desde este pasado verano, gracias al trabajo de presión llevado a cabo por estas organizaciones, tanto la Unión Europea como la Convención sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas se han visto conmocionadas por el descubrimiento de una realidad que preocupa seriamente a los defensores del Protocolo de Kyoto.

Una de las herramientas del mecanismo de flexibilidad es el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL). Mediante este mecanismo, se autoriza a un estado industrializado a compensar sus emisiones excedentes colaborando con la eliminación de la misma cantidad de gases de efecto invernadero emitidos en terceros países. Entre los numerosos proyectos avalados por los dirigentes del Mecanismo de Desarrollo Limpio figuran fábricas especializadas en la producción de un gas refrigerante denominado HCFC-22. Este gas tiene mala reputación debido sus efectos dañinos con la capa de ozono. Además, su fabricación genera un subproducto, el HFC-23, que es uno de los gases de efecto invernadero más temidos de los registrados actualmente. Las moléculas del HFC-23 producen un efecto 11.700 veces superior al CO2.

Uno de los errores del Protocolo de Montreal, que se creó para luchar contra la destrucción de la capa de ozono, fue conceder un plazo demasiado largo a los países en vías de desarrollo para que abandonaran la producción de HCFC-22, lo que propicia que estos continúen generando HFC-23. Esta noticia, es nefasta para los defensores de la lucha contra el cambio climático, pero desde la perspectiva de los usuarios del MDL, puede significar algo muy distinto. Destruir una tonelada de HFC-23 concede el derecho a tantos certificados de reducción de emisiones como la eliminación de 11.700 toneladas de CO2. Además, el coste económico es notablemente inferior. En principio, parece que todos salen ganando. Los productores, en su mayoría localizados en China e India, reciben dinero por destruir el gas. Los estados donde están ubicados recaudan enormes impuestos sobre las operaciones. Y los países desarrollados alcanzan sus objetivos de reducción de gas de efecto invernadero sin tener que realizar grandes sacrificios. Por último, los responsables de la convención marco de la ONU sobre el cambio climático pueden jactarse de haber impuesto una reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero en unas condiciones que respetan los principios de “adicionalidad”. El gas HFC-23, que en principio estaba destinado a expandirse en la atmósfera, es destruido en hornos a muy altas temperaturas, una operación que ha sido permitida por el MDL. Normalmente, la venta de certificados cubre los costes de la destrucción del gas de efecto invernadero. Además, este dinero retribuye el trabajo de intermediarios, agentes, abogados y demás profesionales que facilitaron el cierre del negocio.

Lo conflictivo de la cuestión es que ésta venta resulta demasiado atractiva desde el punto de vista económico, tanto que su valor supera las sumas necesarias para fabricar los HCFC-22 y eliminar los HFC-23. En este escenario, producir HCFC-22 con el único fin de vender la destrucción del HFC-23 derivado, resulta un atractivo negocio.

Un análisis mundial de la distribución geográfica de los proyectos de MDL muestra que el 75% de los mismos se lleva a cabo en India, China, Brasil y México. África y Oriente medio sólo contribuyen en 2%.

El principio de adicionalidad, en este caso, resulta invertido: el MDL se creó supuestamente para destruir los gases de efecto invernadero que no se habrían eliminado sin su intervención. En el caso del HFC-23, el principio propicia la fabricación de gases que no hubieran sido producidos sin él. Según las ONGs ecologistas que han estudiado el caso, el riesgo es evidente: “La destrucción de HFC-23 sólo se debe efectuar a un precio de 0,17 euros por tonelada equivalente de CO2”, afirma un informe de la Environmental Investigation Agency (EIA). Actualmente, vendida en forma de certificado, su precio en el mercado es 70 veces mayor. Según la ONG suiza Noé21, “El fondo carbono del Banco Mundial “Umbrella Carbon Facility” habría comprado más de 130 millones de CER (Certificados de Reducción de Emisiones) de dos proyectos chinos de destrucción de HFC-23, por un total de aproximadamente 1.000 millones de dólares. Las pruebas demuestran que estas fábricas maximizan su producción de HFC-23 y de HCFC-22 para generar beneficios al revender los créditos carbón (CDM)”. Una coalición de ONGs ecologistas acusa al Consejo ejecutivo del Mecanismo de Desarrollo Limpio de no tomar las medidas necesarias y de no reaccionar a tiempo para acabar con una malversación especulativa del MDL del Protocolo de Kyoto, debido a un conflicto de intereses en el interior de su organización. “Un buen número de empresas han producido cantidades de HCFC-22 equivalentes al límite fijado por el MDL”, explica Chaim Nissim, de Noé21. «Seguramente, de no estar vigente el Mecanismo de Desarrollo Limpio, estas fábricas que han producido el máximo autorizado por dicho sistema habrían producido mucha menor cantidad de HCFC-22.

Por su parte Fionnuala Walravens, de la AIE comenta, ”Resulta chocante constatar que el proceso de decisión está estrechamente influenciado por intereses políticos y comerciales de algunos miembros del Consejo ejecutivo del MDL. El mundo no puede permitirse este tipo de corrupción del sistema de intercambio de derechos de emisión. En este caso, se trata de una broma cuyo efecto ha provocado un aumento de las emisiones totales en lugar de reducirlas.” La comisaria europea para el medioambiente Connie Hedegaard felicitó a las ONGs por su trabajo e hizo un llamamiento a las instituciones responsables para llevar a cabo una profunda investigación.

Fuente

Noé21

EIA

Convención sobre el Cambio Climático

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1 Comment

  1. Me parece genial que todo el mundo se entere de esto

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