Un azúcar no tan dulce

Un azúcar no tan dulce

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El azúcar refinado es prácticamente un veneno
Recientemente salieron a la luz los “Tobacco Documents”, informe de investigación sobre la industria del tabaco en EEUU en el que se revelaba cómo los fabricantes estadounidenses, mediante un complot bien elaborado y ejecutado cuyos efectos desgraciadamente aún hacen estragos entre la población, engañaron a los consumidores sobre la dependencia y los riesgos para la salud que conlleva el tabaco. Ahora le toca el turno a la industria azucarera, cuyos trapos sucios han ido apareciendo en la revista estadounidense “Mother Jones” en una serie de artículos titulados “Dulces mentiras”.

Las grandes empresas multinacionales se adaptan a los nuevos tiempos mediante estrategias comerciales y publicitarias que, muchas veces, resultan de dudosa credibilidad. La promoción cueste lo que cueste de un producto conlleva muy frecuentemente perjuicios para el consumidor al no corresponder las informaciones con la realidad de los efectos del mismo. Desde hace muchos años, el consumo de azúcar químicamente puro se ha relacionado con la obesidad y la diabetes así como con las enfermedades cardiovasculares. Los efectos dañinos del consumo de azúcar, especialmente el de fructosa, han sido comparados con los del alcohol y el tabaco y se han recomendado medidas preventivas del mismo tipo.

El consumo abusivo de azúcar está directamente relacionado con 35 millones de muertes en todo el mundo. Las medidas preventivas contra los efectos del azúcar sobre la salud consiguieron reducir el consumo de azúcar un 12% en los años 70, tendencia que no gustó para nada a la industria.

Durante 40 años, la prioridad de la industria azucarera estadounidense fue la de sembrar dudas sobre aquellos estudios científicos que sugerían que su producto enfermaba a las personas que lo consumían.

La reacción de la industria fue inmediata y no tardó en crearse un Lobby de enorme presupuesto con el nombre de Asociación del Azúcar. El método es siempre el mismo: una serie de profesionales de la medicina y de la nutrición trabajan para dicho lobby con una tarea bien definida, la de disipar los miedos de los consumidores y favorecer de esta forma la vuelta al consumo del producto. Efectivamente, no tardaron en aparecer en los medios artículos científicos que “mostraban” las bondades del azúcar al mismo tiempo que se frenaron las investigaciones en sentido contrario, es decir, las que demostraban la relación entre el azúcar y las enfermedades crónicas.

En los 80, muchos científicos dejaron de investigar y publicar artículos contra el azúcar al ver cómo su carrera se ponía seriamente en peligro. Los documentos recientemente publicados por la revista Mother Jones demuestran que, pese a que la Asociación del Azúcar reconoce los potenciales peligros del consumo de su mercancía, se esfuerza en promocionar a aquellos científicos que fomentan el escepticismo, la falta de pruebas y la necesidad de llevar a cabo nuevos estudios.

Sólo entre 1975 y 1980, la Asociación del Azúcar gastó 655.000 dólares en estudios diseñados específicamente para mostrar a la investigación como principal apoyo de la industria. En ese periodo se llega a promocionar el azúcar como potencial controlador del peso e incluso como ayuda para perderlo. Uno de los eslóganes del momento decía: “Si es verdad que el azúcar engorda, cómo es que los niños están delgados?”.

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Tobacco Documents

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