Tras el tsunami, la permacultura

Tras el tsunami, la permacultura

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El impacto de un tsunami es algo incalculable. Las imágenes de la ola gigante que arrasó la costa noroeste de Japón no son obra de ciencia ficción, sino una realidad difícil de encajar. Las consecuencias de un tsunami son la destrucción de la forma de vida de poblaciones enteras, cuyas tierras han sido arrasadas como por una mano gigante que, de un plumazo, ha borrado las huellas de toda una civilización. En diciembre de 2004, en Indonesia tuvo lugar un tsunami que acabó con la vida de unas 230.000 personas, destruyó enormes superficies de tierra de cultivo y barrió generaciones enteras de agricultores y pescadores, haciendo desaparecer toda una forma de vida. Ante tanta desolación, la escuela de permacultura GreenHand, creada para ayudar a devolver la vida a los habitantes y a la tierra, supone una luz de esperanza.

El devastador terremoto y posterior tsunami que tuvieron lugar el día 26 de diciembre de 2004 en Indonesia borraron literalmente del mapa gran parte de la costa oeste de Aceh. Medio millón de supervivientes que perdieron sus hogares, familias, posesiones y forma de vida aún viven apiñados en barracas y tiendas mohosas. Las carreteras y los puentes fueron arrastrados por el agua, dejando a muchas comunidades aisladas.

Para los desplazados de Aceh, a día de hoy la seguridad alimentaria sigue siendo el principal problema. Los huertos familiares, los campos de arroz y los árboles frutales que una vez alimentaron a los habitantes de la costa de Aceh fueron arrasados y mucha gente se quedó sin los medios necesarios para ganar dinero o buscarse sus alimentos. La FAO estima que el 70% de las tierras de cultivo de la costa oeste se vio afectada por el tsunami y que el 20% sufrió daños irreversibles o se encuentra bajo el agua.

GreenHand ayuda a alcanzar la seguridad alimentaria y a reconstruir las formas de vida protegiendo el medioambiente.

En este escenario de desolación, las comunidades afectadas están comenzando a buscar estrategias para volver a conquistar su autosuficiencia. Una de las estrategias de éxito que se están aplicando es la escuela de permacultura GreenHand Field School (GHFS), un programa iniciado por la organización balinesa sin ánimo de lucro IDEP y la organización no gubernamental local Yayasan Green Camp.

Esta escuela proporciona educación práctica en forma de convivencia en una granja modelo donde los participantes aprenden a cultivar alimentos de forma intensiva pero sostenible mediante prácticas de gestión inteligente de la tierra. El proyecto está diseñado para ayudar a los supervivientes del tsunami a ayudarse a sí mismos mediante la conquista relativamente rápida de su independencia alimentaria. En la escuela de campo GreenHand, que abrió sus puertas a finales de 2005, se inicia a los supervivientes del tsunami en los principios de la permacultura. Así, entre otras actividades, la escuela se dedica a formar a los habitantes de la zona en el cultivo de sus propios alimentos, la aplicación de medidas de higiene, el tratamiento de aguas residuales y la implantación de sistemas sanitarios, así como en una serie de prácticas sostenibles tales como el tratamiento y la utilización del bambú, costura, carpintería y la producción de artesanía para la venta. Además, la escuela provee plantas y semillas para otros proyectos de recuperación tras el tsunami.

Si se reconstruye utilizando los principios de la sostenibilidad, las comunidades se recuperarán de forma rápida y crearán una prosperidad permanente para los supervivientes y las futuras generaciones. El propósito de este programa de desarrollo sostenible es ayudar a los desplazados a lograr un cambio positivo y permanente que aumente su capacidad de autoabastecerse y de ser autosuficientes, y legar estos cambios a futuras generaciones.

El coordinador de GreenHand, Roberto Hutabart, resume así la actividad de la escuela: “La clave de GreenHand es que son los supervivientes del tsunami quienes enseñan a sus compañeros supervivientes cómo solucionar sus problemas”. Antiguo activista por los derechos humanos, Roberto Hutabart perdió amigos en el tsunami y sintió la necesidad de ayudar cuando se estableció la escuela, en el año 2005. Roberto Hutabart menciona el ejemplo de Janto, en el Nordeste de Aceh, a donde los supervivientes del oeste de la isla de Pula Aceh se trasladaron. Muchos de ellos eran pescadores, la mayoría nunca había cultivado la tierra, pero en solamente unos meses crearon unos huertos capaces de alimentarlos a ellos y a sus vecinos. «Llama la atención el enorme contraste de este lugar con la basura y la contaminación que se encuentra en los proyectos vecinos de alojamiento. En Janto, los residentes han construido su propio sistema de aguas grises para reutilizar las aguas residuales».

¿Qué es la permacultura? Es un sistema de agricultura sostenible reconocido internacionalmente. Al contrario que las prácticas comunes de agricultura insostenible, la permacultura incorpora una visión global de todos los aspectos de la actividad humana y las relaciones entre las personas y la naturaleza. Un sistema de permacultura integra la producción sostenible de alimentos ecológicos, la generación de energía, la conservación de agua y la gestión del medioambiente en el diseño de una vivienda y una comunidad, junto con el desarrollo económico de la misma. El método de diseño se centra en trabajar con los sistemas naturales en lugar de contra ellos, minimizando los residuos y la contaminación mientras se maximizan los rendimientos con un consumo mínimo de energía. Los objetivos de GreenHand son: diseñar y construir proyectos sostenibles desde el punto de vista ecológico y económico en todas las áreas de actividad humana, siempre consultando con los participantes; ayudar a los individuos, las granjas, las comunidades, empresas, organizaciones y naciones a que modifiquen sus actividades para que sean constructivas en lugar de destructivas para el medioambiente; diseñar e implementar sistemas maximizando la calidad de vida mientras se minimiza el impacto dañino sobre los sistemas naturales; promover la ética de la permacultura, el cuidado de la tierra y de las personas.

En particular, existe una gran necesidad de formación para mujeres.

El tsunami acabó con la vida de muchos padres y maridos, lo que privó a las familias de su sustento. Estas viudas, que a menudo son muy jóvenes, tienen que aprender a mantenerse a sí mismas y a sus familias en una región dominada por un estricto islam, donde, por tradición, no se incita a las mujeres a adquirir conocimientos.

Pero Roberto Hutabart afirma que no solamente los elementos prácticos de la escuela son importantes. Los nuevos cultivos, de los que se encargan los estudiantes, son toda una metáfora de la naturaleza del proyecto: “es una luz de esperanza para los supervivientes. Aquí pueden intercambiar historias con otros supervivientes, hacer amigos, y el proyecto les ha dotado de cierta estructura para pensar en el futuro, para ver el cambio y el crecimiento que ellos mismos pueden lograr”.

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