¿Terroristas o defensores de la naturaleza?

¿Terroristas o defensores de la naturaleza?

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Para algunos son héroes, para otros, sencillamente terroristas. El FBI afirma que las organizaciones de lucha por los derechos de los animales y de protección del medioambiente, ALF (Animal Liberation Front) y ELF (Earth Liberation Front) conforman la mayor amenaza terrorista nacional en EEUU.

El ser humano está encarcelando, torturando y manteniendo en condiciones intolerables a millones de animales con fines exclusivamente económicos. La investigación en los laboratorios, las industrias peletera y cárnica utilizan métodos escalofriantes con los animales, a pesar del reconocimiento internacional de que son seres con sentimientos. En el mundo entero, organizaciones y particulares están levantando la voz contra estas aberraciones y sus acciones no siempre dejan impunes a quienes abusan de los animales.

El Frente de Liberación Animal (ALF) y el Frente de Liberación de la Tierra (ELF) llevan años utilizando el sabotaje económico como forma de combate contra la violencia y el enorme sufrimiento al que son sometidos los animales y el medioambiente en general. Según ellos, algunas veces, saltarse la ley es la única forma de modificarla, aunque para ello haya que sacrificar algunos años en la cárcel. Pero, ¿hasta dónde se puede llegar? ¿Debemos saltar la barrera de lo lícito para hacer lo que nuestra moral nos indica que es correcto?

¿Terroristas o abolicionistas?

El ALF lucha para acabar con la idea de que los animales son “propiedad” de los humanos.

Desde los años sesenta, el movimiento ecologista se empeña en proteger el medioambiente sin conseguir grandes resultados. Las condiciones del planeta en que vivimos no han hecho más que empeorar y, a día de hoy, la situación de La Tierra es tan alarmante que los científicos afirman que el daño podría ser irreversible. En algunos lugares del planeta, el movimiento de protección del medioambiente ha decidido dejar de respetar las leyes y pasar a la acción, cueste lo que cueste. Pero, ¿merece la pena pasar al otro lado, perder el apoyo de la ley y de la opinión pública y acabar entre rejas, sin poder continuar una lucha más a largo plazo en defensa del planeta en que vivimos? En 1972, un grupo de activistas por la protección de los derechos de los animales en Inglaterra, que hasta la fecha se había dedicado al sabotaje de la caza del zorro, decidió emprender acciones más radicales para proteger a los animales. Tras pasar un tiempo en la cárcel por haber volado por los aires un centro de investigación donde se practicaba la vivisección en Inglaterra, el núcleo duro de la organización formó en 1976 el Animal Liberation Front (ALF). El movimiento pronto se extendió a EEUU, donde el modelo prosperó como una “resistencia sin líderes”. Las acciones que ALF lleva a cabo son el rescate y la liberación de animales y el sabotaje económico de los lugares y las empresas que los utilizan para su propio beneficio económico, tales como laboratorios, naves de cría para la industria peletera o cárnica, mataderos… Su finalidad a corto plazo es rescatar al mayor número posible de animales y pretende, a largo plazo, acabar definitivamente con el sufrimiento animal a manos de empresas, apartando a estas del mercado. En 1992, en Brighton, Inglaterra, un grupo de individuos se escindió de la organización Earth First! para dar un paso adelante en la lucha por la protección del medioambiente. Frustrados por la falta de eficacia de la protesta pacífica, estos individuos no dudaron en utilizar tácticas más extremas para proteger el lugar en el que viven. Así nació el Earth Liberation Front (ELF), un grupo internacional clandestino que utiliza tácticas como el sabotaje económico para intentar frenar la destrucción del medioambiente y de la vida en el planeta.

Tanto ELF como ALF toman todas las precauciones necesarias para no causar daño a ningún animal ni ser humano durante sus acciones.

Según ELF, “la destrucción de la vida en la tierra (que es a lo que nos va a llevar la contaminación del aire y el agua y la destrucción del sustrato) no es un evento aislado: es un acto deliberado de violencia llevado a cabo por aquellos que solamente se preocupan por los beneficios económicos. Desde la revolución industrial, la civilización occidental ha estado violando de forma sistemática las leyes de la naturaleza. Existe una enorme diferencia entre los actos que llevamos a cabo para garantizar la subsistencia del ser humano, su familia y su comunidad y los actos que se llevan a cabo para acumular riqueza y demostrar poder y dominio sobre otros, en muchas ocasiones a sus expensas. Todo el mundo debería tener acceso a las necesidades básicas: alojamiento, alimentos sanos, sistema sanitario… También los animales y nuestro medioambiente. Lo que se nos ha vendido como “el sueño americano”, según el cual si trabajas toda tu vida como un esclavo tú también lograrás tener una mujer perfecta, el nuevo modelo de coche y un montón de dinero para hacer lo que quieras, tiene sus desventajas. Estos “efectos secundarios” son el trabajo esclavo, la contaminación de las aguas, la destrucción de hábitats, la opresión de cualquiera que demuestre oposición o amenaza a este sistema.
Los gobiernos suelen alardear de la libertad que ofrecen a sus ciudadanos y afirman que todos los problemas pueden resolverse activando el cambio social en el marco de la ley. Sin embargo, tras décadas de trabajo infructuoso para intentar lograr el cambio social, ¿se supone que tenemos que seguir trabajando al lado de la ley? ¿O incluso abandonar la lucha? Cuando es el propio estado el que provoca las injusticias contra las que estamos luchando, ¿es lógico esperar que el sistema cambie si no se le obliga? Todo cambio social en la historia de la humanidad ha incluido acciones legales e ilegales.» ELF se basa en tres principios: causar el mayor daño económico a quien esté sacando provecho de la destrucción del medioambiente; informar al público sobre las atrocidades que se cometen contra el medioambiente y la vida; tomar todas las precauciones necesarias para no hacer daño a ningún ser vivo.
La historia de Britches, un bebé de macaco torturado en el laboratorio de investigación de la Universidad de California que fue liberado junto a otros 700 animales en 1985 por ALF, se convirtió en el estandarte de una organización que lucha para que se legisle la actividad en los laboratorios, los mataderos, la industria cárnica y peletera y, en general, en todas las actividades que utilizan a los animales como si fueran objetos.

Estos grupos están luchando por hacer visible una realidad demasiado cruel para mostrarla en los medios y están causando un enorme daño económico a quienes intentan beneficiarse perjudicando a la tierra o a los animales. A pesar de que ALF y ELF se autoproclaman movimientos no violentos, los medios de comunicación siempre han sido absolutamente imparciales con ellos, y el sistema judicial ya ha encarcelado a muchos de estos luchadores por los derechos de los animales y por la protección del medioambiente bajo la acusación de terrorismo. Por ello, sus activistas se ven obligados a permanecer en el anonimato y, en 1994, se creó la oficina de prensa de ALF para todos aquellos que deseen averiguar “la otra versión” de los hechos.

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2 Comments

  1. Porque Dios ha dado inteligencia al hombre, si es la peor bestia del Orbe. Al menos no podría utilizar la inteligencia para matar a sus hermanos humanosm, y no humanos. Todos hijos de la madre Tierra.

  2. Helen cerna alvarez

    bueno mi opinión son unos héroes,al dar su vida para defender a los animalitos,yo pienso igual q ellos .sigan en la lucha DIOS los cuide

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