Sobre el dominio y la dependencia del coche en la sociedad

Sobre el dominio y la dependencia del coche en la sociedad

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Mostramos el trailer de una película y presentamos un libro estrechamente relacionados. Ambos tratan del poder que ejerce el coche sobre el ciudadano y la sociedad. Y estudian, sobre todo el libro, las formas en las que se basa ese dominio. El libro de Matthew Paterson «Automobile Politics» acaba de ser premiado con el «Political Economy Book Prize» que otorga anualmente la «British International Studies Association». Publicamos una entrevista con el autor.

Nigth Falls

 

«Night Falls» es un film de John Bacone que fue «cartel» del «Car Free Day» en Portland en 2006 y que muestra cómo desembarazarse del dominio que ejerce el automóvil sobre la sociedad y sobre el espíritu de los ciudadanos. El dominio del automóvil es de tal magnitud que, hoy en día, representa un 90% del tráfico urbano en un país como Francia. Al estilo de Matthew Paterson, que desarrolla una perspectiva crítica sobre el tema del dominio del automóvil en la sociedad capitalista moderna, no se trata de entender cómo se puede mejorar la contribución de los automóviles a nuestro bienestar sino, más bien, cómo se ha ido construyendo nuestra dependencia a la cultura del automóvil, cómo se ha promovido ese poder de fascinación que ejerce el vehículo sobre el ciudadano. De esta manera, podremos lograr «deconstruir» ese dominio. Entrevista con Matthew Paterson. Facultad de Ciencias Sociales de Otawa, Canadá. En «Automobile Politics» usted aborda un tema muy en boga estos días, considerando los actuales proyectos que llevan a cabo varios gobiernos de importantes países sobre la financiación y la reestructuración de la industria del automóvil. ¿Por qué eligió este tema?

Por dos razones. La primera comienza en los años 90, en Gran Bretaña. Por aquel entonces se sucedieron grandes manifestaciones contra la construcción de nuevas carreteras y contra el dominio de la cultura del automóvil. Los activistas realizaron actividades bastante radicales tratando de boicotear las construcciones y defender los árboles que iban a ser talados. Fue algo espectacular y se convirtió en un fenómeno muy popular cuyos resultados fueron muy buenos y reales. Se consiguió crear un debate en torno a nuestra dependencia de los automóviles y los problemas que los mismos causan. La segunda razón por la que elijo este tema es que llevo varios años investigando el cambio climático. Uno de los argumentos que desarrollé al hilo de mi investigación es el siguiente: antes de concentrarnos en los problemas medioambientales de forma individual, debemos entender lo que hacen nuestras sociedades para crear este tipo de problemas en conjunto. El automóvil en particular es un excelente «vehículo» para explorar la cuestión, dado que crea un impacto considerable tanto de forma local, sobre nuestra salud, como de forma global, mediante la dependencia del petróleo, el cambio climático etc.
Los temas que investiga son la política del calentamiento global y la política y gobierno del medioambiente mundial. ¿Qué impacto tuvieron estos temas en el análisis que realiza sobre la dependencia de la sociedad a la cultura del automóvil?
El impacto es más bien en sentido contrario. Observar la cultura del automóvil nos permite comprender cómo podemos responder a fenómenos como el cambio climático y cómo podemos encarar y pensar la gestión del medioambiente mundial en general. Muchos elementos estructurales de la sociedad en la que vivimos dependen de los automóviles. Tanto desde el punto de vista económico como en términos de la vida cotidiana, nuestra dependencia de los automóviles es muy exigente. La conclusión de mi libro explora la posibilidad de desembarazarse de los vehículos, y sobre todo de desembarazarse de la dependencia de las sociedades del coche como medio de transporte, lo que considero más importante que convertir la industria automovilística en «verde», utilizando las nuevas tecnologías para el desarrollo de vehículos ligeros, combustible alternativo etc etc. Más concretamente, en cuanto al cambio climático, y sobre todo en cuanto al proyecto de «descarbonización» de nuestra economía (en estos momentos se habla de una reducción del 80 al 90% de las emisiones de CO2), observamos que no se trata simplemente de un problema técnico, aunque la tecnología es un elemento muy importante en la solución (energía renovable solar, eólica, hidrógeno, etc). Se trata también de un problema social. Tómese como ejemplo nuestra relación con la energía: la instalación de contadores inteligentes permitiría realizar un seguimiento del consumo eléctrico en tiempo real (si apagamos la luz, vemos el impacto sobre el consumo de forma inmediata). La tecnología aporta cambios en el comportamiento. Es así, de esta forma precisa como se puede estudiar el automóvil para comprender mejor el cambio climático. Hay que incluir tanto los cambios tecnológicos como los sociales ya que ambos se complementan mutuamente.
Según usted, y considerando los importantes desafíos a los que se enfrenta la industria del automóvil, ¿qué futuro nos espera?
El desafío más importante que deberíamos encarar, si somos capaces y tenemos la suficiente valentía, que por otra parte no es el caso de los políticos, será invertir el dinero previsto para relanzar la industria del automóvil norteamericana en nuevas tecnologías, en investigación sobre la eficiencia energética, en infraestructuras de transporte público. Muchos fabricantes de automóviles desaparecerán, pero dado que desde 1970 producen más vehículos de los que venden, hace ya tiempo que se ha constatado una sobrecapacidad del sistema de todas formas. Invertir ese dinero en la energía eólica, solar o en infraestructuras de otras formas de transporte como el ferroviario relanzaría la economía y crearía más empleos por dólar invertido que si se invirtiera en la industria del automóvil. Finalmente, los beneficios a largo plazo serán más beneficiosos que los costes a corto plazo. El desafío será pues gestionar la transición hacia unos empleos más «verdes» dado que los trabajadores de la industria del automóvil perderán su puesto de trabajo (lo que ya está ocurriendo por razones puramente económicas).
Entrevista original a M Paterson desde la facultad de Ciencias Sociales de Otawa, Canadá.

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