¿Quieres que esto cambie? Actúa

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¿A quién no le gustaría entrar en un supermercado y no tener que leer las etiquetas para evitar dañar su salud? ¿A quién no le gustaría poder entrar en una tienda de ropa y no tender que andar rebuscando la etiqueta sobre la proveniencia para evitar comprar un producto fabricado por niños? Llevar una vida « verde » hoy en día, aunque es posible, significa nadar contra corriente. Pero no podemos seguir apelando a la conciencia del consumidor, al « yo voto con mi dinero » para cambiar el actual estado de las cosas. Una gran mayoría de los ciudadanos del mundo está de acuerdo en que hace falta un cambio radical tanto en la economía como en la política que regula la actividad de las grandes empresas. Annie Leonard, creadora del proyecto « The Story of Stuff », lleva años ofreciendo una información muy útil y en formato sencillo de digerir para quienes quieren aplicar gestos verdes en su día a día. Ahora, ella y su equipo entienden que ha llegado el momento de dar un paso adelante: su última animación, « The Story of Change » es un llamamiento a pasar a la acción para cambiar todo aquello que no nos gusta. A continuación ofrecemos la traducción del guión de The Story of Change («La Historia del Cambio»).

«Desde que descubrí de dónde vienen nuestros productos y de qué forma el sistema está destruyendo a la gente y al planeta he estado pensando cómo conseguir cambiar las cosas. He leído un montón de libros del tipo “100 formas de salvar el planeta sin salir de casa”, “50 cosas sencillas que puedes hacer para salvar la Tierra”, la “Pequeña Guía Verde de la Compra”… Pensé que contendrían las respuestas a mis preguntas, pero sus consejos empiezan en “cómo comprar mejores productos” y acaban con el reciclaje de los residuos que estos generan. Sin embargo, a la hora de lograr un cambio, la moda de ser verde, que ya está en todas partes, tiene algunas importantes lagunas: según esta tendencia verde, si consigo ser un consumidor eficiente y convenzo a mis amigos para que también lo sean, ya he cumplido con mi parte. Y, si no compro todos esos productos verdes, entonces estoy contribuyendo a la destrucción del planeta. Espera un momento. ¿Realmente soy yo la responsable? No fui yo quien decidió colocar productos tóxicos en las baldas de los supermercados, ni quien permitió condiciones laborales esclavizantes en las fábricas del mundo entero. No fui yo quien decidió llenar las tiendas de aparatos eléctricos que no pueden repararse y tienen que tirarse cuando se estropean. Yo no escogí un mundo en el que algunas personas pueden permitirse vivir de forma verde y el resto cargamos con el papel de irresponsables destructores del planeta. Por supuesto que, cuando vamos de compras, deberíamos adquirir los productos menos tóxicos y más justos, pero la falta de conciencia de los consumidores no es la fuente del problema: los responsables son las malas políticas y las malas prácticas empresariales. Y ese es el motivo de que las soluciones que necesitamos no estén a la venta en el supermercado. Si realmente queremos cambiar el mundo, no solamente debemos ser consumidores que votan con su dinero. El cambio de verdad tiene lugar cuando los ciudadanos se unen para exigir unas normas que funcionen. Mirad, es importante que intentemos vivir de una forma “verde”. Como afirmaba Gandhi, debemos “ser el cambio”. Vivir de acuerdo con nuestros principios hasta en los más pequeños detalles nos muestra a nosotros mismos y a los demás que los problemas de la tierra no nos resultan indiferentes. Este es un buen comienzo, pero sería nefasto si nos conformáramos con ello. Después de todo, ¿sabríamos quién era Gandhi si se hubiera limitado a hacerse su ropa mientras esperaba a que los británicos abandonaran la India? ¿Cómo se logran los grandes cambios? Para contestar a esta pregunta estudié el caso de Gandhi, del movimiento anti-apartheid en Sudáfrica, del movimiento estadounidense por los derechos civiles, las victorias de la lucha por la protección del medio ambiente en los setenta. Ninguno de ellos se dedicó a instigar a la gente para que mejorara sus elecciones diarias. Simplemente, cambiaron las reglas del juego. Cuando la gente se junta para cambiar el mundo, siempre hay tres factores en común: En primer lugar, comparten un ideal sobre cómo mejorar las cosas. No se trata de mejorar un poco las cosas para unas cuantas personas, sino de mejorarlas mucho para todo el mundo. Tampoco se trata solamente de pulir las aristas: se trata de llegar hasta el corazón del problema, incluso si esto implica cambiar unos sistemas que no quieren ser cambiados. ¡La cuestión puede dar bastante miedo! Millones de nosotros ya compartimos un ideal sobre cómo mejorar las cosas. En lugar de esta economía prehistórica que se centra exclusivamente en los beneficios corporativos, queremos una nueva economía que priorice unos productos seguros, la felicidad de la gente y un planeta saludable. ¿No es ese el verdadero fin de la economía? Intentar vivir una vida perfectamente ecológica en el sistema de hoy en día es como nadar contra corriente. Sin embargo, si cambiamos las prioridades de nuestra economía podremos cambiar la corriente, de forma que las elecciones correctas sean también las más fáciles de tomar. En segundo lugar, los millones de gente corriente que lograron esos cambios extraordinarios no intentaron hacerlo solos. No dijeron “voy a ser más responsable”, sino “vamos a trabajar juntos hasta que se solucione el problema”. Hoy en día resulta más fácil que nunca cooperar. ¿Te imaginas lo difícil que resultaría hacer llegar un mensaje al otro lado de la India en 1930? Ahora podemos hacerlo en menos de un segundo. Por último, estos movimientos lograron el cambio porque tenían un ideal común, forjaron el compromiso de trabajar juntos y pasaron a la acción. ¿Sabías que cuando Martin Luther King Jr. organizó su marcha por Washington menos de un cuarto de estadounidenses le apoyaba? Sin embargo, fue suficiente para lograr el cambio, porque quienes le apoyaban pasaron a la acción, hicieron algo. Hoy en día, el 74% de los estadounidenses quiere normativas más estrictas en cuanto a los químicos tóxicos. El 83% quiere que se legisle a favor de las energías limpias. El 85% cree que las multinacionales deberían tener menos influencia en el gobierno. Ya tenemos nuestro gran ideal y el compromiso, pero aún no hemos logrado convertirlos en acción masiva.
Esta es la única pieza que nos falta. Hagámoslo. Lograr el cambio requiere la colaboración de todo tipo de ciudadanos, no solamente manifestantes. Si te das cuenta de que eres bueno en algo, si reflexionas sobre qué te gusta hacer, unirte a los demás no te resultará difícil. Lo que quiera que sea que puedas ofrecer, lo necesitamos para construir un futuro mejor. Así que plantéate la pregunta: “¿qué tipo de revolucionario soy?”. Necesitamos investigadores, comunicadores, constructores, rebeldes, cocineros y creadores de redes. En StoryofStuff.org podrás encontrar un listado de posibilidades que te ayuden a elegir tu primer, o tu siguiente, paso hacia la acción. Ser un ciudadano comprometido comienza por la votación. Esta es una de las cosas básicas que todo el mundo tiene que hacer.
Pero resulta mucho más excitante y divertido si ponemos nuestras habilidades e intereses a funcionar en conjunto con otros miles de personas. Sé que cambiar todo un sistema económico resulta un reto enorme. No es fácil ver un camino despejado que nos lleve desde donde estamos ahora mismo hasta donde necesitamos ir. Y no hay un listado de diez sencillos trucos que podamos hacer sin levantarnos del sofá. Pero el camino tampoco estaba despejado para ellos. Dr. King afirmaba: “la fe es lo que nos lleva a subir el primer escalón aunque no veamos el resto de la escalera”. De esta forma, estos revolucionarios trabajaron sin cesar para organizarse, pusieron en práctica los pequeños actos necesarios para fortalecer sus músculos ciudadanos, se concentraron en su ideal y, cuando llegó el momento, estuvieron preparados. Ha llegado el momento de que también nosotros nos preparemos para el cambio, para escribir el siguiente capítulo de la historia de las cosas».

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1 Comment

  1. Magnífica reflexión acerca del abismo entre nuestros ideales y nuestros actos para llevarlos a cabo. Totalmente de acuerdo en que es momento de pasar a la acción, exigir responsabilidades como ciudadanos y unirnos para lograr un sistema más justo y saludable para todos. Lo más importante es no dejarse vencer por el desgaste ese 2ir contracorriente» que tan bien habéis descrito. Felicidades por vuestro artículo!

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