¿Quién manda aquí?

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Investigadores de la Universidad de Bath, de Edimburgo y de la Facultad de Higiene y de Medicina Tropical de Londres analizaron una serie de documentos internos de la multinacional tabacalera British American Tobacco (BAT), a través de los cuales descubrieron la influencia que esta multinacional ejerce sobre las políticas de investigación en materia de salud pública europeas.

Numerosos textos legislativos europeos, como por ejemplo el reglamento REACH (Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Sustancias Químicas), cuyo objetivo inicial es la protección de la salud pública, se han visto en gran medida debilitados debido a los análisis de impacto (AI), que evidencian unos costes “insalvables” para las industrias. Esta herramienta (AI), que en teoría debería ayudar a hacer más transparentes, más racionales, científicas y democráticas las decisiones políticas prestando especial atención a los costes y potenciales beneficios, se ha visto desviada de sus objetivos iniciales debido a un intenso trabajo de desinformación del lobby de la British American Tobacco. El tipo de AI que se utiliza actualmente está siendo objeto de enormes críticas, ya que es acusado de favorecer los intereses de las grandes multinacionales.

Este análisis del impacto de ciertos productos y procesos industriales otorga demasiada importancia a los impactos económicos sobre las mismas, y muy poca a las repercusiones sanitarias derivadas de la comercialización del producto. Los investigadores británicos, con el fin de determinar en qué medida influye la industria en el fomento del recurso sistemático a los AI en el seno de la Unión Europea, analizaron la documentación interna de la British American Tobacco (BAT), que se hizo pública a raíz de una serie de litigios de la compañía en Estados Unidos. Este análisis se apoya de igual forma sobre la literatura y las entrevistas concernientes a los diferentes agentes implicados en el sector y demuestra que a partir de 1995 la British American Tobacco, así como otras grandes multinacionales, cooperó de forma activa en la promoción de un tipo de AI en el que primaban las cuestiones económicas, es decir, un tipo de análisis costes – beneficios, o ACB, que favorece claramente los intereses de las grandes compañías.

Los datos consultados evidencian que la campaña de los grupos de presión que siguió a esta acción empresarial y que fue orquestada por la BAT contribuyó a que se introdujeran modificaciones en el tratado de la Unión Europea a través del Tratado de Ámsterdam. Estas modificaciones obligan a los responsables políticos de la UE a minimizar las obligaciones legales que afecten a las multinacionales. Una vez lograda lo que la compañía tabaquera americana denominó internamente una “importante victoria”, sus esfuerzos se concentraron sobre la puesta en marcha de las disposiciones obligatorias y sobre la aplicación sistemática en los procedimientos de la toma de decisiones comunitarias de la utilización del tipo de AI que les convenía,o sea, el que favorece a las empresas, el denominado ACB.

Desde entonces, la industria del tabaco, al igual que la industria química, puede recurrir a este tipo de AI con el objetivo de cuestionar los elementos clave de las políticas comunitarias de protección de la salud pública. Estas constataciones hacen suponer que BAT y sus aliados, provenientes del sector económico, consiguieron modificar los métodos de formulación y de elaboración de las políticas de la Unión Europea al imponer el tipo de AI favorable a sus intereses y a la lógica empresarial. El hecho de que la totalidad de las decisiones políticas importantes adoptadas en el seno de la UE deban ser evaluadas mediante esos métodos otorga a las grandes empresas unas ventajas únicas. Además, estos hechos demuestran que existe la posibilidad de que las políticas adoptadas por la UE privilegien los intereses de las empresas más poderosas por encima de los derechos de los ciudadanos, incluyendo a aquellas que fabrican productos nocivos para la salud.

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