¿Qué hay de lo nuestro señores políticos?

¿Qué hay de lo nuestro señores políticos?

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Los políticos miran hacia otro lado mientras el mundo se desangra

De lo nuestro sí, señores políticos, de lo que nos incumbe a todos, ricos, pobres, altos, bajos, morenos y rubios. Seamos de izquierdas o de derechas, seamos de centro o independentistas, nacionalistas de todo pueblo y nación.

Lo nuestro señores políticos es la tierra, la madre tierra que estamos esquilmando, maltratando y que se va a volver contra nosotros como ya lo está haciendo. La defensa del medio ambiente es la defensa de la humanidad, de todos los que la habitamos vengamos de donde vengamos y vayamos a donde vayamos.

 

Sin embargo, en su discurso no hay lugar para hablar de transición energética, de contaminación, de cambio climático. Y todo esto a 19 grados a las 7 de la tarde  en febrero y en el norte, lamentándonos por los recientes incendios en la verde Asturias, por las pérdidas humanas y económicas provocadas por los vientos huracanados que azotan la costa, por todo el producto que se va a echar a perder en la agricultura de todo el país, por el destino de miles y miles de refugiados que están poniendo en evidencia la pérdida de conciencia humana del viejo continente.

El cambio climático parece no es cosa de políticos

Todo esto viendo cómo hace meses que no llueve en el mediterráneo, asistiendo a una sequía que dura años y que se está llevando por delante el pan de muchas familias. Todo esto mientras confirmamos día a día la sospecha de que el dinero de todos corría sin el menor pudor de despacho a bar, de paraíso fiscal a marisquería de lujo y un largo etcétera de corruptelas y manipulaciones varias. Todo viendo cómo aún se les supone inocentes a quienes tienen el rostro manchado de la vergüenza que no tienen.

 

Todo esto mientras muchas familias no pueden alimentar a sus hijos, mientras se niegan ayudas mínimas a gente que lo ha perdido todo, mientras se habla de demagogia cuando se trata de humanidad.

 

Y peor aún.

Todo esto mientras los gobiernos subvencionan a las empresas petroleras con dinero público.

Los datos que revela el Fondo Monetario Internacional ponen los pelos de punta: las compañías extractoras de combustibles fósiles se han beneficiado de subsidios por valor de 5,3 trillones de dólares anuales, esta suma equivale a 10 millones de dólares por minuto cada día. El propio FMI califica esta suma de “chocante” y extremadamente “robusta”. Y lo es, claro, más teniendo en cuenta que esta cantidad equivale al dinero que destinan todos los gobiernos del mundo a la asistencia sanitaria de sus ciudadanos.

Los políticos apoyan a la industria petrolera

Esta suma aumenta si se tiene en cuenta lo que los contaminadores dejan de pagar a los gobiernos por la quema de carbón, gasolina y gas. Además podemos incluir el daño que causan a la población al contaminar el aire que respira la gente en todo el mundo, a los daños causados por las inundaciones y las tormentas directamente relacionados con el cambio climático que ellos provocan con su forma de hacer negocios.

Sólo los países del G20 gastan tres veces más dinero en subvenciones a la industria de los combustibles fósiles (gasolina, gas y carbón) que todo el resto del mundo en energías renovables.

El panorama es desolador y nadie parece revelarse, nadie levanta la mano y dice la verdad en ningún parlamento. Los lobbies campan a sus anchas en Bruselas y sus triunfos, que son nuestras derrotas o mejor dicho la derrota de la humanidad,  son ya algo normal.

Todo esto que se derrumba es lo nuestro. Lo de todos que no todos respetan, lo de todos que no todos defienden. Los que menos merecen son quienes más reciben, los que luchan por el bien común son desestabilizadores del sistema, son antisistema.

 

Es lo nuestro y vamos a defenderlo hasta el final, aunque nuestras armas sean tan solo las palabras, nuestras manos abiertas y alzadas, nuestra dignidad que no se vende. Vamos a decirles bien alto a quienes nos roban y engañan que les hemos pillado con las manos en la masa, esa masa grasienta y oscura que nos va engullendo a todos poco a poco.

Vamos a decírselo aunque sabemos que no les importa, aunque sepamos que lo tenemos difícil y con el único consuelo de que algún día nuestras voces y actos eclipsen su maldad.

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