Qué comen los niños y por qué

Qué comen los niños y por qué

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Qué comen nuestros hijos y por qué

¿Os imagináis que a los niños les resultara más fácil encontrar una manzana y un vaso de agua que una bolsa de Doritos y una Coca Cola? Esta es la pregunta que se plantea la educadora y escritora Anna Lappé en el vídeo “El Mito de la Elección: cómo los publicistas de la comida basura manipulan a nuestros hijos”. Y es que, en EEUU, a muchas familias cada vez les resulta más difícil encontrar comida saludable asequible en sus comunidades. El nuevo cortometraje del proyecto Food MythBusters nos muestra las técnicas que utiliza la industria alimentaria para mantener enganchados a niños y adolescentes a unos productos elaborados con elevado contenido en azúcares, sal y grasas saturadas. “Tenemos que escoger políticas que pongan alimentos saludables al alcance de todo el mundo”, afirma Anna Lappé en el vídeo “y exigir a las empresas que dejen de utilizar personajes de dibujos animados para decirles a los niños qué deben comer (…). Si lo que los niños quieren son alimentos muy elaborados, pónganlos en las baldas de los supermercados, pero aléjenlos de la televisión, los móviles, los ordenadores y las escuelas. No necesitamos que las multinacionales les digan a nuestras familias lo que deben comer.”

Qué comen nuestros hijos y por qué Transcripción del documental de Food MythBusters “El Mito de la Elección: cómo los publicistas de la comida basura manipulan a nuestros hijos”:

La industria alimentaria nos dice que simplemente está cumpliendo con su obligación, sirviendo exactamente lo que niños y adolescentes les piden. Pero, estas comidas, ¿realmente son lo que quieren los niños? ¿O son más bien lo que las multinacionales les están imponiendo? ¿Y quién está siendo más persistente a la hora de decir a los niños lo que hay que comer? ¿Las madres que insisten en hacerles tomar zanahorias en lugar de Cheetos? ¿O las multinacionales de la alimentación, que se gastan 2.000 millones de dólares al año en anuncios cuyo público objetivo son específicamente los niños y los adolescentes? Estos alimentos tienen todos los ingredientes necesarios para hacerles obtener enormes márgenes económicos: son muy baratos de producir, muy sencillos de identificar y altamente adictivos.

Lo que los anuncios de estas multinacionales no nos cuentan es que uno de cada tres niños en EEUU consume comida rápida todos los días; que prácticamente la mitad de las calorías que los niños ingieren provienen de grasas y azúcares; que solamente el 16% de ellos toma suficientes frutas y verduras. Los pediatras asisten con preocupación a una alarmante escalada del número de enfermedades relacionadas con la alimentación en la población infantil: enfermedades cardiovasculares, hipertensión, asma, obesidad, diabetes tipo 2 e incluso cáncer. La alimentación de los niños norteamericanos es literalmente una cuestión de vida o muerte.

La obligación de los padres es mantener a sus hijos sanos pero, teniendo en cuenta todos los obstáculos a los que se tienen que enfrentar, esta tarea no siempre resulta sencilla:

– El organismo de los niños: estos productos no son alimentos tal y como los concebimos, sino que han sido diseñados para estimular los impulsos evolutivos de los niños. Las grasas y los azúcares son muy difíciles de encontrar en la naturaleza, por lo que el cerebro ha evolucionado para desear la máxima cantidad posible de ambas sustancias. Y, como las empresas alimentarias les ofrecen estas cantidades a niveles que nunca podría obtener de los alimentos de verdad, los niños volverán locos a sus padres pidiéndoles una y otra vez los productos que desean.

– Las grandes compañías también tienen muy presente la psicología de los niños. Como media, un niño ve 5.000 anuncios de comidas y bebidas al año. Casi todos estos alimentos tienen un elevado contenido en azúcares, sal y grasas saturadas. El hecho de ver estos anuncios influye a los niños a la hora de preferir una u otra marca y les lleva a consumir más calorías. Estos anuncios están creados por expertos que investigan la forma de pensar de los niños, incluso su forma de ver las cosas. Estudian los colores a los que responden y qué tipo de personajes le gustarán más. Resulta pavoroso.

Sin embargo, apagar la televisión no es la solución. La industria se ha dado cuenta de que una media de 9 anuncios hará que los padres se rindan y compren el producto que quieren los niños. Y, como la televisión no es suficiente para proveer esta cantidad, se las ha ingeniado para estar presente en todos los ámbitos de la vida de los niños. Por ello existen libros de matemáticas para niños de 6-7 años subvencionados por las galletas Oreo. Más adelante, este tipo de publicidad les llegará a través de internet y los medios sociales mediante aplicaciones y juegos gratis patrocinados por las grandes compañías, que les ofrecerán premios y regalos a cambio de información sobre sus gustos personales. Los niños también podrán participar en una campaña de recogida de fondos para la escuela en nombre de una marca de bebidas gaseosas. A los 13 o 14 años estará continuamente viendo cómo se repiten las marcas de comida basura en sus películas y series favoritas. Una vez acabado el instituto, uno de cada tres estudiantes tendrá diabetes o estará a punto de contraerla.

De modo que a los padres solamente les queda resistir. Los niños se encontrarán ante elecciones tan duras como seguir el ejemplo de deportistas, estrellas del rock y mascotas amistosas que colaboran con las empresas de diseño de comida basura para manipular el organismo, psicología y al círculo de amigos de los niños. Por otro lado estarán los padres, que apelarán a su mente racional, aún en formación, para que adquiera unos hábitos más saludables.

Para los padres, nada es más importante que mantener sanos a sus hijos. Y a los niños les encantan los alimentos frescos y saludables cuando se les ofrece la oportunidad de conocerlos. Sin embargo, no todas las familias tienen acceso a alimentos de verdad. En Norteamérica, los supermercados están desapareciendo y las franquicias de comida rápida se están esparciendo como setas en las comunidades. Los padres no pueden ni deberían estar solos en esta batalla. La industria alimentaria se ha gastado millones de dólares en ejercer presión sobre los políticos para que estos dejen de regular sus actividades, imponiendo sus propias reglas de aplicación voluntaria. El resultado es una epidemia nacional entre los niños.

Por eso ha llegado la hora de que la gente vuelva a actuar, de que se una a los padres, profesores, alcaldes y médicos de todo el país que ya han logrado auténticas victorias en esta lucha. Por ejemplo, los directores de la escuela de St.Paul, en Minnesota, prohibieron los anuncios de comida basura y refrescos azucarados en sus instalaciones; el propietario de una cadena de supermercados en Maryland decidió eliminar de sus baldas todos los productos para niños que se anunciaran mediante personajes de dibujos animados; y los ciudadanos de Quebec, que aprobaron la prohibición de todos los anuncios para niños de comida rápida y que vieron cómo el consumo de comida rápida descendía un 13%.

Tenemos que trabajar juntos para multiplicar estas victorias. Tenemos que escoger políticas que pongan alimentos saludables al alcance de todo el mundo. Tenemos que exigir a las empresas que dejen de utilizar personajes de dibujos animados para decirles a los niños qué deben comer. ¿Os imagináis si los niños lo tuvieran más fácil para encontrar una manzana y un vaso de agua que una bolsa de Doritos y una Coca Cola? Si lo que los niños quieren son alimentos muy procesados, pónganlos en las baldas de los supermercados, pero sáquenlos de la televisión, los móviles, los ordenadores y las escuelas. No necesitamos que las multinacionales les digan a nuestras familias lo que deben comer.

Fuente

Anna Lappé es educadora y autora de diversos libros de gran éxito en EEUU. Su proyecto Food MythBusters, creado en conjunto con la organización Corporate Accountability International, pretende erradicar algunos de los mitos más extendidos sobre la alimentación.

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