Prosperar sin crecer, el dilema del decrecimiento

Prosperar sin crecer, el dilema del decrecimiento

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¿Debemos entender el estancamiento del crecimiento económico como una fatalidad o como una oportunidad? Mientras en los países occidentales existe una creciente inquietud acerca del descenso del consumo y los planes de rigor llevados a cabo en algunos países han recibido numerosas críticas que los catalogaban como “graves amenazas que hipotecarán el crecimiento económico”, surgen voces que denuncian el objetivo inútil e insostenible de aumentar continuamente el PIB. El año pasado, Tim Jackson, comisario de asuntos económicos en el órgano consultivo del gobierno británico en materia de desarrollo sostenible, Sustainable Development Commission (SDC), hacía público su informe “¿Prosperidad sin crecimiento?”, que culminaba un trabajo de investigación de dos años de duración sobre el significado de la prosperidad en un contexto de sostenibilidad. La investigación, que contó con la colaboración de prestigiosos economistas y académicos, concluía que es necesario modificar nuestro concepto de prosperidad, nuestros principios macroeconómicos básicos y la convicción de que solamente podemos evolucionar mediante el aumento del consumo.

“La actual recesión”, afirmaba el SDC, “debe entenderse como una oportunidad para forjar un nuevo sistema económico preparado para evitar los impactos negativos que se derivarán de nuestra dependencia del crecimiento. Debemos iniciar una transición hacia una economía justa, sostenible y de bajo impacto”. El informe “¿Prosperidad sin crecimiento?” demostraba que la actual crisis económica está directamente relacionada con nuestra obsesión por el crecimiento. Nuestra dependencia de la deuda para financiar el ciclo del crecimiento ha creado un sistema terriblemente inestable que ha hecho que los individuos, las familias y las comunidades sean vulnerables ante vaivenes cíclicos, mientras el aumento del consumo no nos hace más felices.

La búsqueda continua de crecimiento constituye una amenaza para la economía, la sociedad y el medioambiente, expresaba el informe “Prosperidad sin Crecimiento”, publicado en marzo de 2009 poco antes de la cumbre del G20

Asimismo, el informe aportaba datos sobe la desigualdad de los beneficios derivados del crecimiento económico, con la quinta parte de la población mundial ganando solamente un 2% de los ingresos globales. Incluso en los países desarrollados existen enormes diferencias de riqueza y bienestar entre ricos y pobres. «El crecimiento económico», continuaba el informe, «conlleva también unas consecuencias desastrosas para el medioambiente. En el último cuarto de un siglo, mientras la economía global se ha duplicado, el aumento del consumo de los recursos naturales ha degradado aproximadamente el 60% de los ecosistemas del mundo y nos ha llevado a enfrentarnos al cambio climático catastrófico«. A pesar de los esfuerzos que se han llevado a cabo en las últimas décadas modernizando la producción y rediseñando bienes y servicios mediante la eficiencia energética y del consumo de recursos, el informe demuestra que los intentos de separar el crecimiento económico de los impactos medioambientales son poco realistas. Incluso basándonos en un moderado índice de crecimiento de 2% anual, los objetivos de reducción de nuestras emisiones de carbono para 2050 requieren una tasa de carbono no superior a 6gCO2 por cada dólar, es decir, 130 veces menos de nuestra actual tasa de carbono.

Ante la situación económica que estamos viviendo, puede parecer inoportuno cuestionarse el crecimiento. Pero ha sido precisamente el crecimiento, la característica dominante de nuestro sistema político y económico, el que nos ha llevado al borde del desastre. No pararnos a reflexionar y cuestionarnos lo que ha ocurrido constituiría una terrible falta de visión y de responsabilidad”, afirmaba Tim Jackson en la presentación del informe durante la semana de la cumbre del G20 de 2009. Cuando Tim Jackson presentó su “Prosperidad sin Crecimiento”, recibió una fría e incluso furiosa acogida. “La presentación coincidió con la reunión del G20 y molestó visiblemente a ciertas personas que incluso me telefonearon furiosos. Tuvimos la certeza de que el informe desaparecería. Sin embargo, de forma súbita, tanto financieros como sindicatos y diversas organizaciones entraron en nuestro portal de Internet para buscar el documento y hacerlo circular. Esta súbita acogida tuvo un impacto sobre los políticos que les hizo, al menos, mostrarse más abiertos al diálogo”. “La principal tarea de los gobiernos es garantizar a los ciudadanos una estabilidad económica y un bienestar social”, afirmaba Tim Jackson en una conferencia a finales de 2009. “Si la estabilidad económica se basa en el crecimiento, es lógico que los gobiernos lo fomenten.

Sin embargo, existen datos científicos que nos informan de que tenemos que reducir de forma drástica nuestras emisiones de CO2 y nuestra actual explotación de los recursos naturales. Es imposible lograr las reducciones de carbono que los científicos han establecido como “límite” para evitar un cambio climático irreversible y seguir con el crecimiento económico. Esta es la enorme contradicción que los gobiernos aún no parecen haber entendido, que intentan convencernos de que podemos reducir nuestro impacto medioambiental y lograr el crecimiento económico. Esta mentalidad nos conducirá a un punto sin retorno”.

El dilema al que nos enfrentamos: decrecimiento Según el autor, para conseguir este equilibrio y no referirse obligatoriamente al decrecimiento, es necesario “un enfoque de macroeconomía ecológica, es decir, ser capaces de comprender el comportamiento de las economías cuando éstas están sometidas a estrictos límites en materia de recursos y emisiones, y observar cómo pueden funcionar con diferentes configuraciones en materia de consumo, de inversión, de aprovechamiento del trabajo y de crecimiento de la productividad”.

Es necesario impulsar la inversión individual, doméstica, empresarial, política… Inversión en tecnologías, en recursos. Cambiar nuestra forma de entender la economía, pasar de la retórica a la acción invirtiendo en el futuro.

¿Por qué el decrecimiento?

Ante la catástrofe ecológica, no tenemos que cerrarnos y pensar que sólo contamos con una opción. Busquemos soluciones, estudiemos el funcionamiento de la economía tal y como está establecida, compuesta por dos dinámicas que se retroalimentan y que forman un círculo vicioso: por una parte la estructura económica que fomenta el crecimiento del consumo material para que crezca la economía, y por otra la gente que lleva a cabo este consumo, la lógica social que nos lleva a consumir sin medida. “Es posible redefinir la prosperidad, considerar una economía diferente y concebir al ser humano de otra forma. Por ejemplo, nuestro conocimiento de la psicología humana es muy limitado, casi siempre relacionada al materialismo y el individualismo. Pero, en el fondo, cuando se pregunta a la gente qué entienden por prosperidad, si bien muchos de ellos nombran los ingresos, también nombran a la familia, la salud, la solidaridad y el sentido de la vida”. “La prosperidad debe surgir a partir de inversiones en la comunidad que nos permitan participar en la sociedad de forma creativa, florecer en nuestras aportaciones. Ya hay gente que está exigiendo alternativas creativas, que está harta de que se nos trate como meros consumidores y harta del materialismo creciente y sin sentido. Queremos formar parte de una ciudadanía común, contar con puntos de encuentro donde compartir nuestras ideas”. Tim Jackson es catedrático de desarrollo sostenible en la Universidad de Surrey, en Gran Bretaña, y comisario de economía del órgano de consulta del gobierno británico Sustainable Development Commission (SDC). A finales de 2009, Jackson presentaba su libro “Prosperidad sin crecimiento: Economía para un planeta finito”, basado en el informe “¿Prosperidad sin Crecimiento? la Transición hacia una Economía Sostenible” la SDC.

Entrevista con Tim Jackson

Prosperity without growth?

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