Ocho propuestas para cambiar Europa

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La crisis económica está sacudiendo los cimientos de la Unión Europea. Algunos países ven cómo, con la ayuda de los mercados, los tentáculos de su deuda pública comienzan a estrangularlos. Con el consentimiento de los gobiernos, de la Comisión Europea, del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional, las mismas instituciones que originaron la crisis se enriquecen y especulan con las deudas de los estados. Mientras tanto, aprovechando la coyuntura de miedo e inseguridad, se ha lanzado una brutal ofensiva contra una serie de derechos económicos y sociales que afectan a la mayoría de la población y que tan difíciles fueron de lograr.

En agosto de 2010, Eric Toussaint, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) de Bélgica y miembro del consejo científico de ATTAC Francia, formuló una lista de ocho propuestas para buscar soluciones a la actual crisis en Europa.

El elemento central de estas propuestas es la necesidad de anular la parte de deuda pública considerada ilegítima. Para conseguir este objetivo, Toussaint propone la realización de una auditoría de la deuda pública bajo el control ciudadano. El objetivo de esta auditoría es conseguir una anulación de la parte ilegítima de la deuda pública y una importante reducción de la restante. La reducción del déficit público no se debe llevar a cabo reduciendo el gasto social público, sino mediante una subida de los impuestos, luchando contra el fraude fiscal y aplicando un impuesto sobre las transacciones financieras, el patrimonio y los ingresos de los hogares más ricos. Otras medidas adecuadas para rebajar el déficit son la reducción de los gastos armamentísticos y otros gastos socialmente inútiles y dañinos para el medioambiente. Por otro lado, es fundamental aumentar el gasto social, especialmente para paliar los efectos de la recesión económica. Según Toussaint, se debe considerar esta crisis como una oportunidad de romper con la lógica capitalista y llevar a cabo un cambio radical de la sociedad. La nueva dirección social de una Europa post crisis deberá acabar con el productivismo e integrar la ecología, erradicar las distintas formas de opresión como el racismo y promover los bienes comunes.

Una reducción radical de la deuda pública es una condición indispensable pero no suficiente para acabar con la crisis en todo el continente. La reducción de la deuda debe ir acompañada de una serie de medidas de gran amplitud que abarquen diversos ámbitos:
1. Anular la parte ilegítima de la deuda pública de las naciones mediante la realización de una auditoría.
Una parte importante de la deuda pública de muchos países es ilegítima, ya que es el resultado de una política deliberada de los gobiernos que privilegiaron sistemáticamente a una clase social capitalista en detrimento del resto de la sociedad. Además, desde 2007 a 2008 se llevó a cabo un “rescate” de instituciones financieras privadas, responsables de la crisis, que costó muy caro a las finanzas públicas y que elevó de forma radical la deuda.
2. Detener los planes de austeridad: son injustos y agudizan la crisis.
Los gobiernos europeos, en colaboración con el FMI, han decidido imponer a sus pueblos unas políticas de estricta austeridad con unos recortes sin precedentes del gasto público. De esta forma, se han reducido plantillas de funcionarios, se han congelado y reducido los sueldos de los mismos, se ha reducido el acceso a ciertos servicios públicos vitales, se ha debilitado la protección social y se ha aumentado la edad de jubilación. Por el contrario, las empresas públicas han exigido y conseguido un aumento de sus tarifas, mientras que el coste del acceso a los servicios sanitarios y a la educación se ha revisado al alza. Estas políticas de rigor impuestas por los gobiernos con la excusa de que sirven para salir de la crisis son las más drásticas desde la segunda guerra mundial.
3. Instaurar una verdadera justicia fiscal europea y una redistribución justa de la riqueza.
Prohibir las transacciones con los paraísos fiscales. Luchar contra el fraude fiscal masivo de las grandes empresas y de los más poderosos. Desde 1980 no han dejado de disminuir los impuestos directos sobre los ingresos más altos y sobre las grandes empresas. En la Unión Europea, de 2000 a 2008, las cuotas superiores del impuesto sobre la renta y del impuesto de sociedades descendieron 7 y 8,5 puntos respectivamente. Estos centenares de miles de millones de euros en forma de regalo fiscal se orientaron en su mayoría hacia la especulación y la acumulación de riqueza por parte de los más ricos.
4. Ordenar y controlar los mercados financieros mediante la creación de un registro de propietarios de títulos, mediante la prohibición de la venta corta y de la especulación en una serie de sectores.
Creación de una agencia europea de calificación de riesgo. La especulación en todo el mundo equivale a más del doble de la riqueza que se produce en el planeta. Además, sus mecanismos financieros y sus sofisticados sistemas hacen que la especulación sea totalmente incontrolable. El primer objetivo debe ser la identificación de los acreedores para después imponerles las correspondientes tasas. Es especialmente importante que se prohíba la especulación sobre los títulos de deuda pública, las divisas y los alimentos.
5. Transferir los bancos al sector público bajo un control ciudadano.
Los estados deben encontrar el modo y la capacidad de controlar y orientar la actividad económica y financiera. Además, deben disponer de instrumentos para realizar inversiones y financiar el gasto público, reduciendo al máximo el recurso al préstamo en entidades privadas y/o extranjeras. Es necesario expropiar sin indemnización a los bancos y transferirlos al sector público bajo control ciudadano.
6. Nacionalizar las numerosas empresas y servicios privatizados desde 1980.
Durante los últimos treinta años se han llevado a cabo numerosas privatizaciones de servicios públicos. Bancos, industrias, correos, telecomunicaciones, abastecimiento energético y transportes han ido a parar a manos privadas con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo y la búsqueda de beneficios que perjudican al ciudadano, quien debe pagar ahora por servicios que deberían ser mucho menos caros. Además, estas privatizaciones hacen que sea más difícil o incluso imposible regular la economía. Los bienes públicos provenientes del trabajo colectivo deben volver al sector público.
7. Reducir de forma radical la jornada laboral para crear más empleo y, al mismo tiempo, aumentar los sueldos y las pensiones.
Distribuir de forma más justa la riqueza nacional es la mejor respuesta a la crisis. La parte de la riqueza producida destinada a los sueldos ha ido disminuyendo desde hace décadas, mientras los acreedores y las empresas han ido aumentando sus beneficios y los han destinado a la especulación. Al aumentar los sueldos, además de ayudar a vivir más dignamente a los ciudadanos, se refuerzan los medios de protección social y los regímenes de pensiones. Disminuyendo la jornada laboral sin disminuir los salarios y creando empleo se consigue mejorar la calidad de vida de los trabajadores y se ofrece empleo a quienes lo buscan. La reducción de la jornada laboral ofrece la posibilidad de crear otro tipo de sociedad que se aleje del consumismo y fomenta otro ritmo de vida.
8. Crear otra Unión Europea basada en la solidaridad.
Es necesario abolir una serie de disposiciones por las que se rigen la Unión Europea, la eurozona y el Banco Central Europeo en la actualidad. Por ejemplo, hay que suprimir los artículos 63 y 125 del Tratado de Lisboa, que prohíben el control de los movimientos de capital y la ayuda a un estado miembro que se encuentre en dificultad. Habría que abandonar el pacto de estabilidad y crecimiento. Además, es necesario sustituir los actuales tratados por unos nuevos en el marco de un verdadero proceso democrático con el fin de conseguir un pacto de solidaridad de los pueblos para el empleo y la ecología. Es necesario invertir la actual tendencia que hace que los culpables ganen y los afectados pierdan. Hay que interpretar los indicadores sociales siempre al alza.

Según el CADTM, la nueva Europa democrática debe privilegiar unos principios innegociables: refuerzo de la justicia fiscal y social, dirigir las políticas hacia una mejor calidad de vida de sus habitantes, desarme progresivo y reducción radical del gasto militar. El objetivo principal de esta red es la elaboración de alternativas radicales dirigidas a satisfacer las necesidades universales, las libertades y los derechos humanos fundamentales. La acción de la CADTM se centra principalmente en la lucha de los movimientos sociales populares, movimientos de educación permanente, sindicatos, comités de solidaridad internacional y ONG de desarrollo. Desde hace 20 años la organización ha llevado a cabo un estudio en profundidad sobre materias como la deuda pública tanto en aspectos de diagnóstico como en la búsqueda de alternativas. Análisis detallado de las 8 propuestas (en francés)

Creado en 1990, el Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo es una red internacional formada por miembros y comités locales activos en una treintena de países de Europa, África, América Latina y Asia.
Más sobre Eric Toussaint, presidente de CADTM

 

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2 Comments

  1. No nos quedan muchas salidas. Han subastado nuestro futuro a los corruptos financieros, y políticos. Nos quedamos llorando como plañideras, o nos rebelamos? Salva tu futuro. Rebelión !

  2. FERNANDO PLAZA RUIZ

    Controlar los gastos de los ministerios de los paises que compran servicios al doble del precio de la calle, por la nula gestión de control y la corrupción en las instituciones.

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