Nueva vuelta de tuerca al cambio climático

Nueva vuelta de tuerca al cambio climático

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El cambio climático está modificando el comportamiento de las plantas. Varios estudios científicos llevan años intentando predecir los efectos del calentamiento global sobre la flora y fauna. Sin embargo, un reciente informe liderado por la investigadora de la Universidad de California, Elisabeth Wolkovich, revela que las predicciones basadas en experimentos de campo no se ajustan a la realidad. Por su parte, el investigador Primack de la Universidad de Boston está de acuerdo con las conclusiones de Wolkovich: basándose en datos que comenzaron a recogerse durante el siglo XIX por Henry David Thoreau, de nuevo los informes apuntan a un error de los cálculos de los experimentos. Según ambos, los efectos del cambio climático han sido gravemente infravalorados. El cambio climático está alterando el ciclo natural de las plantas de forma más contundente de lo que preveían los experimentos biológicos. Estos descubrimientos sugieren que dichos estudios podrían tener que repetirse para lograr predecir de forma más exacta los efectos del cambio climático. “Estos descubrimientos son importantísimos”, afirma Benjamin Cook, científico climatólogo en el Instituto Goddard de la NASA, en Nueva York, y miembro del equipo que ha realizado el estudio. “Los (supuestamente erróneos) estudios nos están sirviendo de base para predecir lo que pasará dentro de 100 años”.

Las alteraciones de los ciclos estacionales de las plantas, de sus ritmos de crecimiento y actividad, son algunas de las respuestas ecológicas más obvias ante el cambio climático. De hecho, podría ser que, debido al cambio climático, las plantas desplegaran sus hojas o empezaran a florecer de forma prematura. El estudio de dichos cambios, también conocido como fenología, es muy importante debido a que, si las especies que dependen unas de otras (tales como las plantas de los polinizadores) dejaran de estar sincronizadas en un mundo en proceso de calentamiento, el ser humano podría enfrentarse a muy serios problemas. Para poder predecir qué nos depara el futuro, los científicos están calentando de forma artificial terrenos seleccionados en ecosistemas naturales mediante la utilización de lámparas de infrarrojos, resistencias que calientan el suelo o cerramientos sin cubierta que actúan como invernaderos.

Pero los investigadores liderados por Elizabeth Wolkovich, de la Universidad de California, San Diego, han descubierto que tales experimentos no constituyen una referencia fiable para el futuro. Wolkovich ha reunido los resultados de 36 experimentos sobre el calentamiento y los ha comparado con una serie de estudios llevados a cabo durante un periodo de 14 años sobre las respuestas de las plantas al calentamiento ambiental real. En total, la investigadora ha recopilado la información de más de 1.500 especies de plantas en cuatro continentes. Su equipo ha observado los periodos de floración y crecimiento de las hojas durante la primavera, expresando sus resultados en el porcentaje de cambio en días por cada grado de calentamiento. “Los experimentos sobre el calentamiento han infravalorado de forma drástica las reacciones de la flora ante el cambio climático”, afirma Wolkovich. Según dichos experimentos, la floración y el crecimiento de las hojas avanza una media de un día por grado de calentamiento, pero las observaciones a largo plazo demuestran que la respuesta al cambio climático hasta ahora ha sido entre cuatro y ocho veces superior. (…) Sorprendentemente, las especies observadas en experimentos sobre el terreno retrasaban su floración en condiciones de mayores temperaturas. Sin embargo, los estudios observacionales han demostrado lo contrario: los periodos de floración se han adelantado a medida que el planeta se iba calentando. Aún no se sabe en qué están fallando los experimentos sobre el calentamiento, por qué no se ajustan a la realidad. Richard Primack, de la Universidad de Boston, afirma que los resultados indican que los experimentos sobre el calentamiento no son capaces de calentar el terreno de forma artificial en la medida en que los investigadores creen: el viento, por ejemplo, podría estar disipando parte del calor inducido. Otra de las posibilidades, afirma Wolkovich, es que los experimentos de calentamiento podrían estar secando el terreno de forma no intencional, lo que podría estar provocando un retraso del crecimiento de las hojas y la floración. Primack ha estudiado los cambios de las estaciones de las plantas en Concord, Massachusetts, utilizando registros que comenzaron a tomarse en el siglo XIX por el filósofo, poeta y naturalista Henry David Thoreau.

Ahora, Primack está relacionando las observaciones de Concord con los resultados del Experimento sobre el Clima del Área de Boston, liderado por Jeff Dukes de la Universidad de Purdue en West Lafayette, Indiana, y la Universidad de Massachusetts, Boston. Según Primack, los resultados preliminares están siendo muy similares a los descubrimientos de Wolkovich. Las alteraciones de los ciclos estacionales de las plantas en cuanto a su crecimiento y desarrollo no son las únicas consecuencias del cambio climático. Los experimentos de calentamiento también se están utilizando para predecir la productividad total de los ecosistemas y el ciclo del carbono, agua y nutrientes. Primack advierte de que los investigadores podrían tener que aplicar más sensores de temperatura en sus terrenos experimentales para determinar cuánto calor se está disipando. “Muchos de los resultados provenientes de los experimentos de calentamiento podrían tener que volver a calibrarse”, advierte.

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