Nosotros alimentamos al mundo

Nosotros alimentamos al mundo

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En un mundo en el que cada vez nos vemos más alejados del origen de nuestros alimentos, en el que los niños afirman que la leche viene del supermercado, en el que son las grandes industrias y no los ganaderos ni los agricultores tradicionales los encargados de producir a gran escala los alimentos que acaban en nuestros platos, el consumidor empieza a plantearse preguntas y a intentar comprender una realidad que se le intenta ocultar. El director austriaco Erwin Wagenhofer, mediante su documental “Nosotros alimentamos al mundo” (We Feed the World: Essen Global) nos muestra esa otra realidad que se esconde tras los productos que encontramos en las baldas de los supermercados.

Hace unos años, el director austriaco Erwin Wagenhofer se planteó la siguiente pregunta: ¿por qué vienen los tomates de Andalucía? Es cierto, la comunidad del sur de España cuenta con 3.000 horas anuales de sol, pero ciertamente no es el único lugar del mundo privilegiado por el astro rey. ¿Por qué precisamente de Andalucía? En su documental “Nosotros alimentamos al mundo” (We Feed the World: Essen Global), Erwin Wagenhofer recorre una serie de países donde la producción de alimentos o bien ha sido industrializada o se encuentra en proceso de serlo, con la finalidad de abrir los ojos del consumidor sobre una realidad que no siempre resulta tangible. Así, el director nos muestra mediante imágenes sobrecogedoras cómo en en Austria, que hoy cuenta con un 25% menos de agricultores que hace diez años debido fundamentalmente a la falta de rendimiento económico del negocio, cada año se desechan 2 millones de kilos de pan perfectamente comestible. La capital austriaca tira a la basura una cantidad de pan que podría abastecer a la segunda ciudad más grande de Austria, Graz.

“Cada día, desde hace más de diez años, realizo el mismo trayecto con el camión de basura lleno de pan. La gente se me queda mirando boquiabierta, porque no pueden creer lo que ven.”

El director recorre los campos de Suiza, donde los agricultores reciben subvenciones por dejar de cultivar un porcentaje de su terreno, y dibuja un tétrico escenario con la crítica opinión de Jean Ziegeler, relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, que informa al espectador sobre cómo el trigo para producir el pan del país proviene del extranjero, en los últimos años de la India que, según los datos de las Naciones Unidas, cuenta con más 200 millones de personas que sufren malnutrición crónica”. “Los países ricos, la UE y los EEUU, pagan a sus agricultores subvenciones para la producción y la exportación de sus productos. El importe total de las subvenciones alcanzó el año pasado los 349 millardos de $. Esto implica la destrucción de la agricultura en todo el hemisferio sur, donde esta constituye prácticamente el único recurso de supervivencia: los agricultores locales no tienen ninguna posibilidad de competir con los precios de los productos subvencionados, ni aún trabajando 18 horas al día, por lo que la única posibilidad que les resta es emigrar, poniendo en peligro su vida en el estrecho de Gibraltar, y dejarse explotar allí donde llegan, en circunstancias infrahumanas”, informa Jean Ziegler, relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación. Dominique Cleuziou, pescador que trabaja el oficio desde la edad de quince años en el puerto de Concairneau, en la Bretaña Francesa, relata impotente cómo cada día debe rellenar el cuaderno de bitácora de la Unión Europea, en el que debe dividir el mar en zonas, definir las áreas y los horarios de pesca, y anotar la pesca diarias. “No comprendo por qué tengo que regalar todos mis conocimientos a científicos e inversores de los que nada sé”, afirma contrariado. Europa pretende industrializar la totalidad de su flota pesquera, para lo que requiere los conocimientos de los pequeños pescadores autónomos.

“La naturaleza se rige por unos tiempos muy precisos. Yo he visto pescar 70 Kg de langostinos en menos de diez minutos, pero si se lanzan las redes en el momento inadecuado, no se pesca ni uno”.

En Almería, al sur de España, una panorámica aérea nos muestra la escalofriante visión de 25.000 hectáreas del mar de plásticos donde se producen las hortalizas que después viajarán por toda Europa. El denominado “Milagro de Almería” consiste en hacer crecer las hortalizas en un pedazo de lana mineral, regarlas con ayuda de la más moderna tecnología, y transportarlas después a través de toda Europa, donde cada consumidor adquiere anualmente una media de 10 Kilogramos de hortalizas provenientes de los invernaderos del sur de España.

En Rumanía, el director nos muestra cómo los agricultores empiezan a adquirir semillas híbridas y van dejando a un lado los cultivos locales. En Brasil, el biólogo Vincent José Puhl nos relata cómo se sigue destruyendo la selva amazónica para plantar cultivos de soja, que darán de comer a los animales de las granjas industriales de China, Japón y Europa, mientras un elevado porcentaje de la población pasa hambre. Al otro lado del Atlántico, de vuelta en Suiza, Jean Ziegler afirma: “Cada día mueren 100.000 personas de hambre o de enfermedades provocadas por la malnutrición. Cada 5 segundos muere de hambre un niño de edad inferior a 10 años, cada cuatro minutos alguien pierde la visión por la falta de vitamina A. Y el año pasado, el informe anual sobre los alimentos en el mundo, World Food Report, afirmaba que 842 millones de personas sufrían malnutrición grave permanente. El año anterior habían sido 826 millones. La cifra de las víctimas aumenta constantemente, el World Food Report afirma asimismo que la agricultura actual podría alimentar sin problemas a 12 millardos de personas. Esto significa que cada niño que muere de hambre hoy es asesinado”.

 

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  1. QUe alguien me de conocimiento para colaborar en el fin de toda esta porquería de mundo que nos han costruido, y empezar una forma nueva de vivir, sin tanto consumo, sin destrozar, sin matar a otros. Por favor, la Tierra se agota, y no nos puede agüantar.

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