No a la agricultura industrial

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La agricultura es una actividad de vital importancia para el ser humano y para el planeta. Actualmente, es la actividad económica más contaminante. La tierra necesita un tipo de cuidados específicos para que su rendimiento sea óptimo y sostenido. Si queremos explotar la tierra de cultivo forzando su fertilidad con química de síntesis, malograremos las propiedades naturales del sustrato y, a la larga, arruinaremos la productividad y contaminaremos el agua. La agricultura intensiva o industrial se ha sustentado en una estrategia productivista sin tener en cuenta otros factores o daños colaterales. De seguir el mismo camino, teniendo en cuenta que al crecer la población mundial se requerirán más alimentos, este método abrasivo que castiga a la tierra se puede acabar convirtiendo en un verdadero peligro tanto para el medio ambiente como para la salud humana. La agricultura europea recibe cada año subvenciones por un valor de 50 billones de euros. Esta cifra significa que cada ciudadano aporta aproximadamente 10 euros anuales a la agricultura. Con este dinero, los responsables políticos podrían hacer de la agricultura europea una empresa sostenible. Sin embargo, la actual distribución de los fondos contribuye a otorgar muchas más ayudas para el desarrollo de la agricultura intensiva gran consumidora de química que al fomento de la agricultura ecológica. Así, teniendo en cuenta que a la hora de otorgar las subvenciones no se tiene en cuenta ni el método agrícola utilizado ni el número de empleados de la explotación, la mayor parte del dinero disponible para la agricultura va a parar a las grandes fincas en las que el número de empleados se sacrificó hace tiempo siguiendo la estrategia del beneficio económico por encima de todo.

Los alemanes protestan

La Semana Verde Internacional (IGW) es una feria dedicada a la agricultura, horticultura y ganadería cuya actual edición se celebra en Berlín. La IGW es uno de los salones más prestigiosos de la materia en Europa que reúne a productores de todo el mundo y que abarca todos los sectores económicos derivados de la agricultura, la ganadería y la horticultura.

Una agricultura funcional necesita un ecosistema sano con aire limpio, agua limpia y sustrato vivo. También necesita una flora diversa, animales y microorganismos que, para garantizar la fertilidad de la tierra, deben interactuar con otros. Esta diversidad está amenazada por el avance arrasador de la agricultura industrial y el incremento de los monocultivos y por el cultivo de agro combustibles. Este método de agricultura está acaparando cada día más y más superficie de cultivo en todo el planeta

Aprovechando la apertura de este evento internacional, el sábado 19 de enero se reunieron varios miles de personas para protestar y denunciar los usos y abusos de la agricultura industrial. Los manifestantes reclamaban el fomento de una agricultura que no se vea sometida a los intereses industriales. Los aproximadamente 25.000 manifestantes se dieron cita alrededor de una estación berlinesa para iniciar una marcha cuyo destino era la Cancillería. El lema de los manifestantes era “Estamos hartos. Una buena alimentación y una buena agricultura ya”. Los manifestantes recogen las quejas y demandas de una gran parte de la población que, bien informada, reclama al gobierno de Angela Merkel que lleve a cabo una serie de reformas ecológicas y sociales en el ámbito agrícola. Según Hubert Weiger, Presidente del colectivo ecologista alemán BUND (Amigos de la Tierra alemanes) , “Espero que la Canciller no se haya dejado impresionar por los engaños y las trampas de la industria cuando ayer visitó el salón. Detrás de los atractivos y las bonitas apariencias de los stands, se esconden millones de animales a los que hacemos sufrir, un uso exorbitante de antibióticos y el enorme impacto sobre el medio ambiente de este tipo de ganadería intensiva. La política agrícola alemana y europea necesita una nueva orientación. Se deben apoyar las explotaciones agrícolas campesinas, no las fábricas de animales

Semana Verde

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