Más despacio es mejor

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El gobierno holandés se ha comprometido a reducir para el año 2020 las emisiones de CO2 del país en un 30% con respecto a los niveles de 1990. Para conseguirlo, será imprescindible una severa reducción de las emisiones del sector del transporte. Entre otros factores, los elementos que pueden contribuir de forma decisiva a esta reducción son las innovaciones técnicas de vehículos y combustibles, una mejor utilización de la capacidad de los automóviles y la toma de decisiones responsables por parte de consumidores y empresas.

Asimismo, una reducción de la velocidad máxima permitida en las carreteras puede contribuir al descenso de las emisiones de CO2 del sector. Para aportar las cifras que plasmaran el potencial de este concepto, Milieudefensie (Los Amigos de la Tierra en los Países Bajos) encargó a la consultoría independiente CE Delft que llevara a cabo un estudio piloto sobre la posibilidad de reducir las emisiones de CO2 mediante la aplicación de estrictas normas en lo referente a las velocidades máximas permitidas en las carreteras. El resultado es “Por qué más despacio es mejor” (Why slower is better), un estudio según el cual conducir a menor velocidad es mejor para el medioambiente. El estudio piloto de CE Delft analiza la disminución de las emisiones de CO2 que se podrían lograr limitando la velocidad de los automóviles en la carretera. Sus resultados son concluyentes: con una velocidad máxima de 80 km/h se pueden reducir las emisiones de CO2 debidas al transporte en las autopistas en un 30% a largo plazo. Una limitación de la velocidad menos drástica seguiría logrando una importante reducción, de 8% a 21%.

Todo el mundo sabe que los automóviles consumen menos combustible por kilómetro cuando circulan a menor velocidad. Sin embargo, no está tan conocido el hecho de que, debido a que se tarda más tiempo en recorrer el mismo trayecto, una limitación de la velocidad en las autopistas conlleva la reducción del número de kilómetros recorridos, así como a una mayor utilización del transporte público en lugar del particular. Este cambio de comportamiento por parte de los ciudadanos (los trabajadores acabarían viviendo más cerca de su puesto de trabajo, las tiendas se relocalizarían para estar más cerca de los consumidores, etc.) equivaldría, a largo plazo, a una disminución de las emisiones de CO2 propiciada por la reducción del número de kilómetros recorridos.

La reducción de las emisiones de CO2 no es el único beneficio de imponer un límite de velocidad más estricto: también mejoraría la calidad del aire, disminuiría la contaminación acústica, probablemente se reduciría la congestión del tráfico y se registraría una mejoría de la seguridad vial. Desde cierto punto de vista, la limitación de la velocidad en las autopistas también tiene sus inconvenientes: como media, la gente pasaría más tiempo en las carreteras para un viaje concreto, y la cantidad de kilómetros recorridos por año sería inferior. Desde el punto de vista del bienestar económico, tanto una velocidad inferior como un volumen reducido de tráfico se consideran un “coste”. Un estudio de los costes y beneficios sociales de la limitación de la velocidad podría ayudar a establecer la velocidad óptima para cada carretera.

Estudio “Why slower is better” en inglés.

Milieudefensie

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