Los kilómetros de los alimentos

Los kilómetros de los alimentos

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Mejor consumir local que productos que atravesaron el planeta para llegar a nuestro plato
A pesar del aumento de la demanda de productos ecológicos en Europa, la superficie agrícola dedicada al cultivo ecológico no crece al mismo ritmo. Los productos ecológicos expuestos en los comercios de casi todos los países europeos son importados. Este hecho contradice los principios del desarrollo sostenible ya que, si bien la importación y comercialización de estos productos fomenta la producción ecológica en muchos países, el impacto medioambiental de los productos aumenta de forma considerable debido a los kilómetros que recorren hasta ser comercializados.

El debate sobre el impacto medioambiental de los kilómetros que recorren los alimentos ecológicos comenzó en Europa cuando la organización ecologista y mayor certificadora británica, Soil Association, estudió la posibilidad de negar la certificación ecológica a los productos que habían llegado al mercado por transporte aéreo.

Desde entonces, el concepto de «kilómetros alimentarios» (food miles) ha ido ganando impotancia entre los consumidores europeos, especialmente en los países anglosajones. El término hace referencia a la distancia recorrida por un alimento desde el lugar en el que se produce hasta que llega al consumidor. Los kilómetros alimentarios de un producto expresan el impacto medioambiental del mismo en gramos o kilógramos de CO2 generados por el transporte aéreo, marítimo o por carretera. Este cálculo es relativamente sencillo cuando se trata de frutas y verduras, y algo más complicado en el caso de los productos elaborados. En 1993, un laboratorio alemán llevó a cabo un estudio en el que se demostraba que la producción de un simple yogurt de fresa conllevaba 9.115 kilómetros. En el cálculo se tenían en cuenta todos los medios logísticos implicados en la fabricación del envase de plástico, de la tapa de aluminio y la etiqueta de papel, la leche, los fermentos lácticos, la confitura y la distribución.

Ya sean ecológicos o no, el transporte de productos genera una importante y siempre negativa huella de carbón. Si se analizan las frutas y las verduras en función de los “kilómetros alimetarios”, se puede comprobar de forma sencillab la gravedad en términos de ecología que supone la compra de cualquier fruta fuera de temporada cuyo origen se encuentra al otro lado del mundo. Para realizar un cálculo aproximado de los “kilómetros alimentarios” de un producto es necesario saber que el transporte aéreo emite entre 570 y 1.580 gramos de CO2 por cada tonelada y kilómetro, por 30 gramos/tonelada/kilómetro del transporte ferroviario.

En internet existen diversos portales que ofrecen herramientas de cálculo para averiguar el impacto medioambiental de un producto importado: El portal británico “Organic Linker” ofrece una sencilla calculadora de distancia y una estimación de las emisiones de CO2 por trayecto sin tener en cuenta el peso individual de los productos evaluados. Conociendo la distancia recorrida por un alimento, el portal canadiense “Falls Brook Centre” permite averiguar mediante su calculadora el impacto medioambiental del producto de forma precisa.

Si un consumidor consciente y responsable dedica un momento al análisis de la estrategia comercial de las grandes cadenas de distribución, cuya abundante oferta incluye numerosos productos ecológicos, se dará cuenta de la importancia de realizar una compra responsable basada en productos de temporada y, siempre que sea posible, locales. Es en este contexto donde ganan importancia las cooperativas de consumo.

Este tipo de comercio de proximidad resulta ideal ya que fomenta la agricultura local apoyando a los agricultores de la zona y reduce de forma considerable el impacto medioambiental de la cesta de la compra. La organización internacional “Slow Food” ha creado su programa “kilómetro 0”, cuyo objetivo es favorecer el consumo de productos locales, comarcales o incluso territoriales e incentivar la venta directa del pequeño productor al consumidor, a restaurantes y comedores colectivos.

Fuente Organic Linker

Falls Brook Centre

Slow Food

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