Lo que necesitamos es una tercera revolución industrial

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Una entrevista con el investigador alemán sobre el cambio climático Ottmar Edenhofer, participante en la cumbre de Copenhague, según el cual el crecimiento y la protección efectiva del medioambiente pueden ir de la mano, pero solamente mediante un esfuerzo económico.

Nuestro estado del bienestar aumenta constantemente. ¿Podemos mantener nuestro modelo de vida si queremos frenar el calentamiento de la atmósfera y el cambio climático?

Sí, el crecimiento económico y la protección del medioambiente no son incompatibles. Pero para el año 2050 tendremos que haber logrado reducir al menos en un 65% nuestro consumo de carbón, petróleo y gas, así como las emisiones de dióxido de carbono con respecto a los valores de 1990. Esto requiere una reestructuración de nuestro sistema económico, como parece que muchas empresas ya se han dado cuenta.

¿Pueden separarse los conceptos de consumo energético y crecimiento económico?

Claro. Pero para lograrlo no tenemos que concentrar el desarrollo tecnológico en sustituir el trabajo humano por las máquinas. En lugar de eso, tenemos que utilizar los recursos energéticos de forma más eficaz, y sustituirlos por energías renovables o energía atómica.

¿Cómo puede la política dirigir el cambio social hacia un sistema de energía más respetuoso con el medioambiente?

Debe comunicar claramente que el conjunto de la humanidad solamente puede emitir a la atmósfera un máximo 830 millardos de toneladas de dióxido de carbono hasta el final de este siglo. Al ritmo actual, esta cifra se alcanzaría en unos 30 años. La emisión de mayores cantidades de CO2 llevaría al aumento de más de 2 grados de la temperatura global. La cuestión es la siguiente: no es que exista una escasez de recursos energéticos, sino que la capacidad de absorción de la atmósfera es limitada. Por este motivo, los índices de contaminación del mundo entero deben contar con un valor que refleje este límite. Las empresas que disminuyan sus emisiones deberían aumentar sus ingresos por ello. Una mayor eficiencia energética debería aportar mayores beneficios económicos que el aumento de la productividad laboral.

La remodelación económica costaría un dinero que falta en otros ámbitos.

No, ese es el cuento de la lechera. Para financiar las medidas necesarias contra el cambio climático la humanidad debería aportar anualmente de un 1% a un 2% del producto social mundial. Para Alemania esta aportación implicaría de 1% a 2% del IVA: unos cuatro euros semanales por cada alemán serían capaces de financiar una política de protección medioambiental ambiciosa. Unos 200 euros anuales al año. Estamos hablando de un total de 16 millardos de euros anuales, una suma que incluso los países más ricos apenas pueden recaudar. No estoy diciendo que sea fácil aplicar el cambio. Pero es posible sin que todo se desmorone. En 2006 la coalición en el poder en Alemania aumentó el IVA en tres puntos, y la economía no se ha desmoronado. Los estados podrían aportar parte de la solución mediante la venta de los derechos de contaminación.

¿Tienen que encarecerse tanto los certificados de emisiones para que la economía y los ciudadanos se vean obligados a prescindir de sus emisiones de carbono a gran escala?

Si, el precio de las emisiones de carbono va a aumentar de forma importante con el tiempo. ¿La energía que consumimos también va a seguir encareciéndose de forma permanente? No es el precio de la energía lo que va a aumentar, sino el precio de nuestras emisiones de carbono. Si se utilizan las energías fósiles de forma más eficiente o si se sustituyen por energías renovables competitivas, el precio de la energía podría incluso mantenerse. Cuanto más innovadora sea la economía, menos aumentará el precio de la energía. Mediante nuestro modelo económico, los ciudadanos de los países industrializados ricos hemos emitido mucha más cantidad de carbono a la atmósfera que los habitantes de Asia, África y Latinoamérica.

¿Podremos en el futuro emitir la misma cantidad de carbono que ellos?

En realidad deberíamos emitir menos carbono per cápita que los habitantes de los países en vías de desarrollo. Es lo que parece más justo, pero a los habitantes de los países ricos les resultaría muy difícil y acabaría creando conflictos de reparto. De ahí la importancia de que toda la humanidad pueda contar con los mismos derechos de emisión. En 2050 la población mundial alcanzará los 9 mil millones, con lo que llegará a su punto más alto para luego empezar a decrecer.

¿Se solucionará el problema del cambio climático por sí solo?

Es una conclusión engañosa: la disminución de la población mundial puede implicar un aumento del estado del bienestar y el crecimiento del patrimonio per cápita. Esto implicaría también un aumento de las necesidades de consumo, como muestra la experiencia histórica de los países industrializados. Una disminución de la población mundial por sí sola no hará menos necesaria la remodelación de la economía. Lo que necesitamos es una tercera revolución industrial.

Traducción de la entrevista del diario alemán Badische Zeitung a Ottmar Edenhofer, vicepresidente y director de investigación económica del instituto de Potsdam para el estudio de las consecuencias del cambio climático. También dirige la organización Intergubernamental Panel on Climate Change de las Naciones Unidas, encargado de la reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero.

Entrevista original en alemán

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