Lo que hay que saber del fracking que nos viene

Lo que hay que saber del fracking que nos viene

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En los últimos meses, la palabra fracking se ha hecho un hueco en la actualidad española. La extracción de un gas no convencional llamado gas de roca, de pizarra o de esquisto, antes de comenzar a llevarse a cabo, generará una creciente polémica entre la población. Para quienes están relacionados con la industria, este tipo de explotaciones supone una gran oportunidad que no se debe dejar escapar. Para quienes defienden la tierra, el medio ambiente y la salud de los ciudadanos, llevar a cabo la extracción de este tipo de gas en el país supone una catástrofe de consecuencias impredecibles. Como suele ocurrir en estos casos, el ciudadano no tiene la información necesaria para valorar por sí mismo la conveniencia o no de iniciar este tipo de actividad. En Estados Unidos se lleva extrayendo el “Shale gas” desde hace un tiempo. Las explotaciones se encuentran en su mayoría en zonas despobladas. Los ejemplos que nos llegan no son nada positivos y, teniendo en cuenta la densidad de población de Europa, será muy difícil que este tipo de explotaciones se encuentren muy alejadas de zonas habitadas, por lo que el riesgo de daños a la población aumenta de forma significativa. Antes de emitir un juicio de valor conviene conocer ciertos detalles acerca de los impactos que el fracking puede generar en el medio ambiente.

El gas de esquisto o de pizarra forma parte, junto a otros gases como el gas de hulla o de coque, de los llamados gases no convencionales. Estos gases se encuentran en reservas o yacimientos subterráneos naturales desde donde hay que bombearlos. El gas de esquisto debe extraerse a través de los poros de la roca madre. La técnica que permite extraer este gas es la conocida como “fracturación hidráulica” o “fracking”. Esta técnica es la que genera más dudas desde el punto de vista medioambiental y de salud humana. La fracturación hidráulica consiste en una perforación horizontal seguida de otra perforación en profundidad. Para llevar a cabo estas perforaciones, esta técnica utiliza enormes cantidades de agua, silicio y productos químicos que se inyectan a gran presión con el fin de fracturar la roca y liberar el gas. Con la ayuda de unos productos químicos que facilitan la fluidez, el gas remonta hasta la superficie. Esta técnica se desarrolló en Estados Unidos, donde se utiliza de forma masiva en las explotaciones de este tipo de gas.

Impacto medioambiental.

Si bien las ventajas económicas de la extracción de este gas pueden admitir cierto debate, el impacto medioambiental, basándose en los ejemplos reales conocidos en Estados Unidos, no deja ninguna duda. El peligro que entraña el uso de esta técnica es algo comprobado. Prestigiosos diarios estadounidenses han publicado muchos artículos basados en documentos provenientes de autoridades competentes en la materia como la EPA (Agencia de protección del Medio Ambiente de Estados Unidos) que revelan la gravedad de las amenazas para la salud humana y para el medio ambiente.

Varios informes confirman que entre el 10% y el 40% del agua que se inyecta remonta hacia la superficie para ser tratada y que este agua contiene elementos radiactivos como el radio y otras sustancias tóxicas cancerígenas. El agua utilizada presenta un índice de radiactividad mil veces mayor que el permitido para el agua potable. Al existir lagunas legislativas al respecto, no se han definido los umbrales máximos permitidos para las aguas utilizadas en las perforaciones. En la mayoría de explotaciones, estas aguas se envían a estaciones depuradoras que no están equipadas para tratar estos niveles de contaminación y radiactividad y acaban en ríos que abastecen de agua potable y de riego de cultivos, con el consiguiente riesgo de contaminar la cadena alimentaria. En Pensilvania, que cuenta con miles de pozos de extracción de gas, las estaciones depuradoras que tratan las aguas utilizadas no llevan a cabo ninguna prueba de radiactividad. Desde 2006 se han vertido enormes cantidades de agua en diferentes embalses sin haber sido comprobada su radiactividad. Otro foco de contaminación son las fugas que emanan directamente de los lugares donde se vierten las aguas usadas, teniendo en cuenta que el control de estas fugas está en manos de los productores de gas. Con el objetivo de obtener los mayores márgenes económicos posibles, las aguas se vierten tal yo como salen de los pozos sin tratar. Otra fuente de contaminación que genera el fracking es la contaminación de las capas freáticas debido a la crecida del gas a presión y de las aguas cargadas de química a través de las grietas de la roca. Además, el fracking provoca microseísmos que pueden crear nuevas fisuras por las que escapan el gas, el agua inyectada y el fluido de fracturación hacia acuíferos de agua potable.

Contaminación del aire.

Las amenazas de contaminación no conciernen solamente al agua, el aire también se contamina. En el Estado de Wyoming, donde operan 27.000 pozos, se registraron elevados índices de emanaciones de benceno y tolueno, ambos catalogados como cancerígenos. El vapor de agua cargado de sustancias tóxicas reacciona y forma una capa en la atmósfera muy problemática para la salud. En Texas, donde hay 93.000 pozos activos, los hospitales de las zonas donde se localizan dichos pozos han registrado un 25% más de casos de asma entre los jóvenes que en el resto del Estado. Si bien la sustitución del carbón y el petróleo por el gas presenta ventajas medioambientales relacionadas con las emisiones de gas de efecto invernadero y otros agentes contaminantes, la contaminación generada por la fracturación hidráulica está fuera de control. Teniendo en cuenta todos estos informaciones contrastadas, habría que valorar muy detenidamente si las ventajas (básicamente económicas) de explotar los yacimientos de gas de esquisto mediante la fracturación hidráulica se compensan con la tremenda huella medioambiental y el coste social que supone dicha explotación. De momento la Unión Europea no ha definido su posición en relación a la explotación de las energías fósiles no convencionales en su territorio, dejando a cada nación la opción de aprobar o no la extracción de gas de esquisto.

Fuente

Fotografía de J.Henry Fair, Industrial Scars

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