La vida postpetróleo

La vida postpetróleo

- in Noticias
1439
0

Estamos viviendo una época convulsa desde el punto de vista político, económico y medioambiental. Como preludio de una catástrofe anunciada, la amenaza del peak oil o cénit del petróleo se muestra cada día más evidente. Mientras la prensa empieza a filtrar documentos oficiales de varios ejércitos del mundo en los que estos manifiestan su preocupación por lo que pueda acontecer en un futuro inminente, al ciudadano le convendría tomar ejemplo de las comunidades que ya han conseguido organizar una forma de vida sin petróleo. Samso, una isla danesa situada a cuatro horas de ferry de la capital, Copenhague, es uno de estos ejemplos. La isla tiene unas dimensiones de 19×4 millas y cuenta con 4.000 habitantes. Cuando, hace 14 años, el Ministerio danés de Medioambiente sacó a concurso una propuesta de comunidad autosuficiente, Soren Hermansen, músico y profesor de estudios medioambientales, movilizó a los habitantes de la isla para que presentaran su candidatura. Hasta entonces, su abastecimiento energético se lograba a través del mar: en barco para transportar el petróleo y el combustible necesarios para la calefacción y a través de redes submarinas por las que llegaba la electricidad.

El proyecto ganador proponía la construcción de cuatro estaciones de generación de calor en las que, mediante paneles solares y quemadores de biomasa, se calentaría el agua que serviría para las calefacciones domésticas. Hoy en día, los habitantes de Samso pagan algo más de 300 dólares anuales dedicados a la amortización del préstamo de la instalación, más unos 85 dólares por cada MW consumido. Estos costes representan aproximadamente el 12.5% del precio que pagarían si no hubieran sustituido los combustibles fósiles por energías renovables. Las turbinas eólicas fueron implantadas gracias a los préstamos de la UE y el gobierno danés, un total de 70 millones de dólares. Este nuevo sistema se instaló una vez se había llevado a cabo un estudio sobre el impacto que podría suponer para la población de aves y peces de la isla, así como sobre las pérdidas y correspondientes compensaciones a la población pesquera. Del mismo modo, los contratos de construcción se mantuvieron en la comunidad, contratando en primer lugar a expertos para formar a los locales en los sistemas de energías renovables. Dos de las once turbinas actuales son propiedad de las cooperativas energéticas de la isla. El resto son propiedad particular de agricultores o compañías energéticas. Tras siete años de funcionamiento se empezaron a obtener unos beneficios anuales de entre 6% y 8%.

En 2007, la isla consiguió alcanzar su neutralidad en materia de emisiones de carbono.

Transporte: el aceite de colza como alternativa a los combustibles fósiles. Según informan los agricultores locales, la colza es una planta beneficiosa para el sustrato, ya que sus raíces lo mantienen oxigenado. Cuando se prensan sus semillas, la pasta resultante sirve como alimento para el ganado porcino y el aceite se utiliza como combustible para automóviles y tractores (una hectárea de cultivo de colza genera el combustible necesario para recorrer hasta 33 kilómetros). Por otro lado, la isla cuenta con la Academia de Energía de Samso, un centro de estudio sobre energías renovables que exhibe proyectos de estudiantes e investigadores internacionales. El edificio es un ejemplo de la convergencia entre la eficiencia energética con la comodidad. Este edificio de 650 m2 está parcialmente ocupado por la agencia gubernamental de la energía, que ofrece asesoría a proyectos energéticos con fines particulares y comerciales.

Extracto del artículo Community Generation, de Mark Laiosa, locutor de radio y periodista independiente con sede en Nueva York.

About the author

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may also like

El menú tóxico del día, Europa descuida sus alimentos

Es sencillo. Basta con procurarse las ofertas de cualquier supermercado. Organizar un menú de tres platos no resulta nada caro. La comida está barata. ¿Condición imprescindible? No mirar ni su procedencia ni su composición. Ya tenemos un menú completo, a buen precio y tóxico.