La temperatura, la concentración y las emisiones

La temperatura, la concentración y las emisiones

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El lunes 28 de diciembre comenzaban en Durban, Sudáfrica, las negociaciones internacionales de la XVII Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. A día de hoy, cuando solamente queda una semana para la finalización de dichas negociaciones, las partes no parecen ponerse de acuerdo sobre el problema más grave al que se ha enfrentado la humanidad en toda su historia. Mientras ciudadanos del mundo entero se manifiestan a las puertas de la cumbre para forzar a los políticos a que reaccionen, muchos de nosotros aún seguimos sin comprender exactamente qué se está debatiendo. Hace unos días, un artículo del diario británico The Guardian explicaba los tres objetivos principales de la lucha contra el cambio climático. Qué son, qué objetivos se persiguen y qué pasaría si se lograran.

Los objetivos de la lucha contra el cambio climático pueden resultar bastante complicados de entender. Existen varios tipos de objetivos y hay mucha incertidumbre sobre cómo se puede alcanzar cada uno de ellos, así como sobre qué pasaría si se lograran. He aquí los objetivos principales:
Objetivos de temperatura:

En el fondo, el aumento de la temperatura es lo más importante, ya que el calentamiento provoca todos los demás síntomas del cambio climático. En la actualidad no existe un límite del aumento de la temperatura que se considere “seguro”, pero la mayoría de los países del mundo ya han firmado un objetivo no vinculante con la esperanza de reducir los riesgos a un límite aceptable. Este objetivo no vinculante pretende limitar el aumento de la temperatura a 2οC por encima de los niveles preindustriales. Sin embargo, este objetivo no ha sido aceptado de forma universal. Algunos de los países más expuestos al cambio climático, tales como ciertas islas que se encuentran en peligro debido a la subida del nivel del mar, exigen un aumento máximo de la temperatura de 1,5οC. Por otro lado, un reciente informe científico afirmaba que aceptar un aumento de la temperatura de 2ο podría ser una “prescripción para el desastre”. Sin embargo, muchos expertos creen que incluso limitar el aumento de la temperatura a 2οC es un objetivo demasiado optimista, ya que el mundo ya se ha calentado más de 0,7οC y los científicos opinan que, incluso si lográramos eliminar todas nuestras emisiones de un día para otro, el mundo se calentaría otros 0,6οC. Estas perspectivas no dejan mucho margen de maniobra para llevar a cabo ningún plan de disminución del consumo de combustibles fósiles. Los objetivos de temperatura pueden referirse tanto al nivel al que se estabiliza la temperatura global (por ejemplo, si la temperatura aumenta 2οC y después se mantiene estable) o al punto máximo que alcanza el aumento de la temperatura (en el caso de que llegara a aumentar 2οC y después descendiera).

Objetivos de concentraciones:

Los seres humanos no determinan la temperatura global de forma directa, sino modificando las concentraciones de gases de efecto invernadero en el aire. Por lo tanto, para poder alcanzar un objetivo de temperatura lo primero que hay que hacer es reducir las emisiones lo suficiente como para estabilizar dichas concentraciones en un nivel adecuado. Los objetivos de concentraciones pueden resultar bastante complejos porque el término “concentración” puede referirse a tres cosas distintas: – La concentración de dióxido de carbono solamente, el principal gas de efecto invernadero cuya causa es el hombre, que se mide en partes de CO2 por millón (ppm). – El impacto combinado de todos los gases de efecto invernadero provocados por el hombre, que se miden en ppm de CO2 equivalente o CO2e (la cantidad de CO2 que se necesitaría para provocar un calentamiento equivalente). – El impacto combinado de gases de efecto invernadero provocados por el hombre más el efecto enfriador de la contaminación de aerosoles, también provocados por el hombre, que se mide en CO2e. Para complicar un poco más las cosas, no se sabe exactamente cómo reacciona el clima ante el aumento de la concentración de los gases de efecto invernadero. Esto significa que cada uno de los objetivos de concentraciones podría implicar distintas variaciones de las temperaturas. Escoger solamente un objetivo de concentraciones implica en parte decidir qué riesgo estamos dispuestos a asumir para intentar lograr que el aumento de las temperaturas se limite a 2οC (o cualquier otro objetivo). En la actualidad no existe un objetivo global consensuado para las concentraciones de gas de efecto invernadero, aunque la cifra 450 ppm CO2e (para todos los gases de efecto invernadero) suele citarse como un objetivo razonable para el mundo. Según el último informe de IPCC se estima que, si se lograra limitar la concentración a 450 CO2e ppm, tendríamos un 50% de posibilidades de limitar el aumento de la temperatura a 2οC. A medida que la concentración disminuye, aumentan las posibilidades de limitar el aumento de la temperatura. Otro de los objetivos más conocidos es la estabilización de la concentración de CO2 a 350 ppm (distinta a la de todos los gases de efecto invernadero en combinación). Esto implicaría reducir las concentraciones actuales, unas 390 ppm, que continúan aumentando año tras año. Si se lograra alcanzar este objetivo (lo que muy probablemente implicaría la eliminación de parte del CO2 que se encuentra en el aire además de la rápida reducción de las emisiones hasta alcanzar casi cero) quizás el aumento de la temperatura global se limitara a 1,5οC sobre el nivel preindustrial, aunque la situación dependería de lo que ocurriera con las emisiones del resto de los gases de efecto invernadero. El objetivo de 350 ppm de CO2 fue el punto de partida de la campaña 350.org, a pesar de que el grupo ahora afirma que, debido a que el calentamiento global está teniendo lugar de forma más rápida de lo que previamente se había pensado, el mundo debería plantearse el objetivo de limitar sus concentraciones a 350 ppm CO2e. Este objetivo es aún más ambicioso, y su consecución podría lograr que el aumento de las temperaturas se limitara a 1οC sobre los niveles preindustriales. De nuevo, es bastante improbable que se pueda alcanzar este objetivo sin llevar a cabo un importante esfuerzo mundial para eliminar el CO2 que ya está en el aire.

Objetivos de emisiones :

Las concentraciones siguen estando lejos de quedar bajo el control directo del ser humano. Para lograr alcanzar cualquier objetivo de temperatura o concentración, se necesitan unos objetivos de emisiones que determinen qué cantidades de gas de efecto invernadero podemos emitir durante qué periodo de tiempo.

Algunas veces, los objetivos de reducción de las emisiones se expresan en términos relativos (por ejemplo, la disminución de un 50% de las emisiones globales en 50% para el año 2050 comparado con los niveles de 1990). Sin embargo, dichos objetivos son bastante generales, porque pueden alcanzarse de diversas formas. El hecho de mantener las emisiones tal y como están y después llevar a cabo un recorte drástico en 2040 implicaría una cantidad total de emisiones de gas de efecto invernadero, y por consiguiente un aumento de la temperatura, muy superiores a las que se lograrían si las emisiones se redujeran de forma importante el año que viene y después se mantuvieran los niveles hasta el año 2050. Por ello, aquellos objetivos que plantean una trayectoria de emisiones resultan menos vagos que los objetivos relativos, porque definen qué cantidad de gases de efecto invernadero se podrán emitir en el mundo cada año. Sin embargo, incluso con una trayectoria, existe bastante incertidumbre sobre las concentraciones que se lograrían, ya que no se sabe exactamente qué proporción de las futuras emisiones serán absorbidas por el mar o la tierra y no serán emitidas a la atmósfera, donde provocan el efecto invernadero. Una forma habitual de definir una trayectoria de emisiones es escoger el año en el que las emisiones globales deben alcanzar su pico máximo y un índice anual de disminución a partir de dicho pico.

Los científicos han analizado diversas trayectorias y el rango de resultados de concentraciones y de temperaturas que cada una de ellas ofrece. Según los datos de la agencia británica Met, las emisiones globales deberían alcanzar su punto máximo en el año 2016 y disminuir un 4% anual para que tuviéramos el 50% de posibilidades de evitar que el aumento de las temperaturas supere los 2οC. Para aumentar las posibilidades de éxito necesitaríamos que el máximo de emisiones tuviera lugar antes y que el índice de disminución anual fuera superior. De momento no existe un acuerdo internacional sobre cuándo debe tener lugar el pico máximo de emisiones, ni sobre el posterior índice de disminución de las mismas. En la cumbre sobre el clima de Copenhague, el borrador “Texto Danés” mencionaba que las emisiones debían alcanzar su punto máximo no más tarde del año 2020 (y que después deberían disminuir a hasta el 50% para el año 2050). Pero este texto fue rechazado y nunca llegó a acordarse tal objetivo. Por último, un tipo de objetivo de emisiones es la cantidad total de CO2 que el mundo puede emitir durante un periodo en concreto, a veces conocido como objetivo de emisiones acumulativas o presupuesto de carbono. Según diversos estudios, el mundo debería limitar las emisiones totales futuras a medio billón de toneladas de CO2 si queremos tener el 50% de posibilidades de evitar un aumento de las temperaturas de 2οC.

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