La sostenibilidad como asignatura

La sostenibilidad como asignatura

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En munchos países se están llevando a cabo actualmente unos recortes presupuestarios sin precedentes que afectan a los servicios sociales y las instituciones públicas. Tras una bonanza que ha durado décadas y a la que nos hemos acostumbrado de forma muy rápida, hoy en día los medios de comunicación informan a diario sobre la estrechez de los fondos públicos y los recortes de los que no se escapa ningún sector. Tampoco la educación, tan importante para construir nuestro futuro.

Sin embargo, hay una disciplina que está demostrando ser un gran éxito en las escuelas estadounidenses: la sostenibilidad, bien entendida y transmitida en las escuelas, puede no solamente conformar una base primordial para asegurar que las futuras generaciones saben cómo actuar de forma respetuosa con la naturaleza. Además, esta materia puede conllevar importantes ahorros económicos para las entidades que la aplican. En EEUU y en el resto del mundo, los educadores, padres y estudiantes están transformando la educación primaria para preparar a los estudiantes ante los retos medioambientales a los que tendrán que enfrentarse en las próximas décadas. Están descubriendo que la clave para vivir de forma abundante en un planeta con recursos finitos se encuentra literalmente bajo sus pies, en el sustrato, las cadenas alimentarias, los ciclos del agua, la energía del sol… Estos innovadores están cambiando zonas de asfalto en los colegios por huertos. Los estudiantes, al consumir alimentos que ellos mismos han cultivado, aprenden el significado del término nutrición.

En Nueva Jersey, California y Wisconsin, los niños descubren las maravillas de la naturaleza a medida que restauran los paisajes rurales, protegen especies en peligro o crean hábitats en la ciudad. Los edificios en las escuelas en Chicago, Arkansas y Oregón se están volviendo laboratorios vivientes para la conservación de la energía y el aprovechamiento de recursos. Muchas escuelas desde Washington a Florida se han visto transformadas en comunidades modelo y, apoyadas por las instituciones, el gobierno y los formadores, han diseñado sus propios modelos de escuelas eficientes desde el punto de vista energético, seguras y saludables, que promueven el bienestar de los estudiantes y el profesorado.

El hecho de diseñar edificios que conserven la energía y el agua puede ser una buena idea para lograr un ahorro económico. Los estudiantes y los profesores que se alimentan mejor y pasan las horas en edificios con mejor calidad de aire registran un menor absentismo, afirman estar más satisfechos, y rinden mejor.

Este movimiento, que se ha denominado de diversas maneras (ecoescuelas, escuelas verdes, escuelas de alto rendimiento…), es la respuesta de los jóvenes ante los retos medioambientales a que van a tener que enfrentarse (amenazas del cambio climático, pérdida de biodiversidad, fin de la energía barata, explotación de los recursos, degradación del medioambiente, enormes desigualdades entre los estándares de vida, obesidad, diabetes, asma y otras enfermedades relacionadas con el medioambiente…) Esta nueva generación va a necesitar líderes y ciudadanos que puedan pensar de forma ecológica, comprender la relación del ser humano con los sistemas naturales y tener la voluntad, la habilidad y el coraje de actuar. Smart by Nature es un libro producido por la organización Center for Ecoliteracy, una fundación pública en Berkeley, California, que está dedicada a la formación por una vida más sostenible y que busca soluciones a problemas de sosteniblidad. En este libro, la organización recopila el trabajo de dos décadas, ejemplos de escuelas que están enseñando a sus alumnos a prestar atención al mundo que los rodea, a respetar lo que no pueden controlar y a disfrutar la creatividad en la que se basa la vida. Estas escuelas no solamente están superando las actuales barreras económicas y sacando adelante proyectos sostenibles, sino que, a través del desarrollo de dichos proyectos, están consiguiendo un ahorro económico para la institución que los ampara. Además, se ha comprobado que los alumnos que aprenden los principios de la naturaleza en los jardines y sirven a sus comunidades a través de la participación cívica están más involucrados en sus estudios y obtienen mejores resultados en diversas materias tales como la ciencia, la lectura, la escritura y el pensamiento independiente.

 

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  1. Michael K. Stone y el Center for Ecoliteracy acaban de recibir el Premio Verde 2010 por su labor educativa http://www.smpl.org/greenprize.htm

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