La isla de calor y los árboles urbanos

La isla de calor y los árboles urbanos

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El efecto “isla de calor” es un fenómeno que hace que las grandes ciudades sean más calurosas que sus alrededores. Este efecto es el resultado de la absorción de la energía solar por parte del asfalto, edificios y demás infraestructura, calor que después es devuelto al ambiente. El efecto isla de calor, que en general se contempla como una amenaza para la salud pública y requiere la elaboración de estrategias de mitigación, parece ahora contar con un aspecto que no es tan negativo: según afirma el investigador de la Universidad de Columbia Kevin Griffin, “algunos organismos pueden prosperar en el ambiente urbano”. Según Griffin, supervisor de un estudio sobre la materia recientemente publicado en la revista especializada Tree Phlysiology, los calurosos veranos de la ciudad aceleran el proceso de fotosíntesis y crecimiento de los árboles. El resultado es palpable: según demostraba el experimento, los robles rojos crecen hasta ocho veces más rápido en el Central Park de Nueva York que en el Valle de Hudson y en las Montañas Catskill, lugares más frescos por no estar afectados por el efecto isla de calor.

La mitad de la población humana ya vive en las ciudades, por lo que es de vital importancia comprender cómo la naturaleza interactúa con los árboles urbanos. A ello se dedicaron investigadores de la Universidad de Columbia durante las primaveras de los años 2007 y 2008. Durante estas épocas, el equipo se investigadores se dedicó a la plantación de plantones de roble rojo tanto en el Central Park como en Valle del Hudson y las Montañas de Catskill, dos zonas rurales a unos kilómetros de la ciudad. Todas las plantaciones se cuidaron de la misma forma, y se midieron las temperaturas para comprobar que los árboles de la ciudad contaban de forma constante con una temperatura algo superior a los de las zonas rurales del Valle del Hudson y las Montañas de Catskill. Para el verano de ambos años, los plantones de la ciudad contaban con ocho veces más biomasa que los de las zonas rurales. Otros experimentos llevados a cabo en Japón y Arizona han demostrado que unas temperaturas superiores, en especial durante la noche, fomentan el crecimiento algunas plantas, ente otras los chopos. Un estudio llevado a cabo en 2011 en Alaska demostró que las coníferas del norte de la región estadounidense crecían de forma más rápida cuando subían las temperaturas. Es importante que se conozca en qué manera el cambio climático está afectando a las poblaciones vegetales en las distintas regiones del mundo. Se sabe, por ejemplo, que en varios lugares el aumento de las temperaturas y la modificación de los patrones climáticos están provocando la desaparición de algunas especies. En el área de Nueva York, la composición de los bosques está cambiando de forma significativa, las especies del norte están desapareciendo y las del sur, que son más tolerantes al calor, están fructificando. En cualquier caso, tal y como advierte Gary Lovett, del instituto Cary de Estudios de Ecosistemas, “las ciudades son lugares especiales, ya que funcionan como laboratorios que nos muestran qué tipo de plantas predominarán en el futuro a medida que avanza el cambio climático”.

Ver estudio completo Fuente

Fotografía de Pep Cortés

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