La industria alemana del automóvil y la salud

La industria alemana del automóvil y la salud

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Cuando llega el momento de debatir nuevas normas sobre el uso o comercialización de productos en el ámbito político, los lobbys se movilizan de inmediato para proteger sus mercancías sin que les importe los más mínimo el interés público y pensando solamente en el interés económico de sus empresas. Un caso reciente es el del lobby de la industria alemana del automóvil y las normas sobre el impacto sonoro de sus vehículos.

Las primeras normas sobre el ruido de los automóviles se establecieron en los años 70. Pese a que estas medidas puedan parecer avanzadas para la época, a día de hoy no se han observado mejoras y casi la mitad de los ciudadanos europeos están expuestos a niveles de ruido potencialmente dañinos para su salud. La Comisión Europea está elaborando una propuesta para modificar las normas de emisión de ruidos por parte de los vehículos motorizados. Mediante dicha modificación se espera reducir la cifra (11 millones) de ciudadanos que sufren serias perturbaciones derivadas del ruido de los automóviles y de personas cuyo sueño se ve afectado por vehículos especialmente ruidosos (5 millones).

Las nuevas normas están siendo elaboradas por el grupo de trabajo de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE), con sede en Ginebra, Suiza. Alemania, como respuesta a esta comisión y a la elaboración de las futuras normas, prepara una serie de propuestas elaboradas por los lobbys de los fabricantes de automóviles cuyo objetivo es debilitar o suavizar las normas y retrasar su entrada en vigor. Según pretenden los lobbys de la industria alemana del automóvil, los modelos deportivos de Porche podrían ser cuatro veces más ruidosos que un automóvil ordinario, mientras que las versiones más potentes de los BMW, Audi4 o los Mini Cooper, podrían ser casi dos veces más ruidosos. En lo referente a los camiones, los grupos de presión pretenden que las normas no se hagan efectivas hasta 2028 y que consistan en la reducción de 1dB con respecto a las actuales normas, que datan de 1992. Estas pretensiones, propuestas por los ministerios alemanes de Transporte y Medioambiente, teniendo en cuenta el grave impacto que el ruido supone para la salud, son, como mínimo, indecentes. No es la primera vez que el organismo de regulación del ruido de las Naciones Unidas se ve sometido a la presión de la industria alemana del automóvil.

En 2009, la Federación europea “Transport and Environment (T&E)”, descubrió que una propuesta anterior a la de la UNECE sobre el ruido de los vehículos había sido redactada por un ingeniero de Porche en nombre del lobby internacional de fabricantes de automóviles OICA. El pasado mes de junio, el Gobierno alemán puso en marcha un sistema de certificación de la eficacia energética de los vehículos que equiparaba a los potentes 4×4 y al Porche Cayenne o al Audi Q7 con los vehículos que menos consumen de Europa. Las nuevas normas europeas en la materia prevén una reducción de al menos 4dB hasta 2016 para los automóviles y 3dB para los camiones. Además, se prevé una segunda etapa para 2020 que reduzca 4dB suplementarios para los automóviles y 3dB para los camiones. Habrá que permanecer atentos para ver los resultados de esta batalla entre los fabricantes y los derechos que defienden la salud de millones de ciudadanos.

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