La ignorancia se crea y se difunde

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La agnotología es la ciencia que estudia las causas y la propagación de la ignorancia. Este neologismo designa la materia estudiada por primera vez por el historiador Robert Proctor, de la Universidad de Stanford, California. Su decisión de investigar esta materia surge al percibir que nos interesamos mucho más por la producción de conocimientos que por la forma en que la sociedad fabrica y propaga la ignorancia.

¿Cómo se propaga la ignorancia? ¿Cómo es que circulan tesis contrarias a los resultados establecidos por científicos? ¿Cómo se articulan las manipulaciones de la opinión?

Desde los daños que causa el tabaco hasta la inquietud que provocan las vacunas pasando por el cambio climático, la agnotología descifra los mecanismos de fabricación y de puesta en circulación de numerosas creencias populares. Según Robert Proctor, de la Universidad de Standord, California, la ignorancia puede generarse partiendo de diferentes factores, ya sea a través de los medios de comunicación y de los debates ideológicos, o como parte de las estrategias de las empresas para defender sus intereses económicos. Como instrumento de acceso al conocimiento, internet se ha convertido también en un vector de la ignorancia.

El pasado 30 de mayo tuvo lugar en la universidad de la ciudad alemana de Bielefeld un congreso cuyo tema principal era “Ciencia e Ignorancia”. En él, se discutía cómo, cuando se cuestionan ciertas tecnologías o cuando ciertos productos son catalogados como peligrosos para la salud, se disparan los mecanismos de la agnotología. Un ejemplo conocido que muestra cómo funcionan estos mecanismo son los informes sobre los beneficios del tabaco que, financiados por la industria tabacalera, surgieron en Estados Unidos en los años 50. Según Robert Proctor, “Es menos conocido, pero las empresas tabaqueras también subvencionaron, con enormes sumas de dinero, sectores como la virología, la genética y la inmunología, entre otros. Varios Premios Nobel se financiaron sus trabajos de esta forma. Estas investigaciones sólo se llevaban a cabo con el objetivo de distraer la atención de la opinión pública: era necesario documentar los efectos de enfermedades que pudieran atribuirse al consumo del tabaco. Por ello, durante los juicios contra la industria tabacalera, los abogados defensores esgrimían los riesgos virales y las predisposiciones familiares para redimir al tabaco”. Una mayor cantidad de documentación y estudios sobre una materia puede, paradójicamente, aumentar la ignoracia del público. Según comentó en el congreso alemán el historiador Peter Galison, “De hecho, quienes desean producir ignorancia sobre un determinado sujeto, proponen generalmente una mayor investigación sobre él. El hecho de que todos los puntos o partes de un tema no se hayan resuelto, fomenta la creencia de que el debate sobre el conjunto de la cuestión sigue abierto. Por ello, el eslogan de los neocreacionistas estadounidenses es “enseñar la controversia”.

Pero, ¿cómo se propaga esta forma de ignorancia en la sociedad?

Los medios de comunicación tienen su parte de responsabilidad, según Galison, “En los medios de comunicación existe una idea muy arraigada sobre la objetividad según la cual, para presentar un tema de forma correcta, deben exponerse dos puntos contrarios. Sin embargo, en ciertos casos, el hecho de no decantarse por ninguno de ellosimplica precisamente lo contrario”.

Para valorar la influencia del discurso de la industria del tabaco en la opinión pública, Robert Proctor inició una experiencia fascinante. El historiador observa, en una de las múltiples notas internas hechas públicas por parte de la industria del tabaco en los años 90 después de una sentencia, que las estrategias del gigante industrial pidieron en 1969 a su departamento de relaciones públicas que no utilizasen el término “jóvenes fumadores”, y que lo sustituyera por el de “jóvenes adultos fumadores”. El historiador estadounidense tuvo la idea de investigar los orígenes de esta expresión en los millones de libros digitalizados por Google basándose en la fecha de su publicación. El resultado fue que dicha expresión no existía en la bibliografía anglófona (novelas, ensayos, obras científicas, etc.) antes de 1969, y sólo se propagó de forma rápida tras ser utilizada por la industria tabacalera. Este caso no ilustra la complejidad de la propagación de la ignorancia en sentido estricto, pero “permite medir el impacto que puede generar un simple término interno de una empresa en el conjunto de la sociedad. Incluso hoy en día, aproximadamente un 20% de los estadounidenses creen que el tabaco no es verdaderamente dañino para la salud”, comenta Proctor. Una proporción mucho mayor mantiene la duda científica sobre la nocividad del tabaquismo pasivo, pese a las 500.000 muertes prematuras que se le atribuyen cada año en todo el mundo. Según la historiadora norteamericana Naomi Oreskes, de la Universidad de San Diego, « en Estados Unidos, se dice que una buena parte de la sociedad (la mitad según algunos estudios) tiene la impresión de que existen muchos debates en la comunidad científica acerca de la actividad humana como causa principal del cambio climático. En 2004 publiqué un estudio que mostraba que esto era falso. Inmediatamente se me atacó. Cuando traté de investigar quienes eran los que me atacaban, descubrí que se trataba de un movimiento muy bien organizado que ya había propagado la idea, muchos años antes, de que la lluvia ácida y el agujero de la capa de ozono no implicaban ningún problema ”.

 

Naomi Oreskes identificó a tres científicos estadounidenses relacionados con este movimiento: William Nierenberg (1919-2000), Robert Jastrow (1925-2008) y Frederick Seitz (1911-2008), fundadores en 1984 del centro “George C. Marshall Institute” un “Think Tank” conservador. Uno de sus miembros, Frederick Seitz, era consejero de la tabaquera RJ Reynolds. “Esta relación con la industria del tabaco me hizo sospechar, ya que se trata de un sector científico que no tiene nada que ver con las ciencias atmosféricas”, comenta Oreskes, “Era el indicador de que estas personalidades estaban comprometidas con un proyecto político y no con un verdadero debate científico sobre la cuestión medioambiental”.

Según la historiadora, « Estos científicos, que habían fundamentado toda su carrera sobre el uso de la ciencia como defensora de los Estados Unidos contra la Unión Soviética, una vez finalizada la guerra fría, vieron la causa climática como el nuevo sustituto del comunismo. Del mismo modo que existe miedo a que el gobierno regule la actividad económica, hay verdadero temor a que se inmiscuya en la vida privada e intervenga en asuntos tales como la elección personal de fumar o no fumar”. Numerosos think tank estadounidenses, en muchas ocasiones financiados por las industrias productoras de combustibles fósiles, contratan a científicos para continuar, sobre el asunto del cambio climático, la obra agnotológica comenzada a finales de los 1980. Mediante la publicación de libros, informes, comunicados de prensa y artículos en periódicos, “su producción se parece mucho a la científica, con notas a pie de página y referencias, pero no hace uso de los canales habituales”, comenta Naomi. Internet se muestra como un aliado para este movimiento, ya que “una vez se inyectan estos argumentos a la red, se propagan y suscitan eternos debates. Un honesto ciudadano ya no puede informarse solamente a través de la búsqueda de información en Google”, concluye Naomi Oreskes.

Fuente Más información Secrecy 

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