La huella solar

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El Instituto de Ciencia en la Sociedad (ISIS) ha publicado un estudio en el que compara los diferentes tipos de paneles solares, su huella ecológica, rendimientos y periodos de amortización.

Existen opiniones contrarias a la utilización de paneles solares porque, afirman, su proceso de producción (extracción de los minerales, fundición o refinería, procesamiento, etc.) requiere mucha más energía que la que pueden generar durante su ciclo de vida. La pregunta es: ¿consiguen las instalaciones solares ahorrar combustibles fósiles y emisiones de gases de efecto invernadero a largo plazo? La respuesta es tajante: sí.

¿Y qué paneles son mejores que otros?

Un reciente estudio sobre el ciclo de vida de las placas solares publicado por el Instituto de Ciencia en la Sociedad (ISIS) demuestra que en lugares soleados, como España, los paneles fotovoltaicos se amortizan energéticamente (llegan a ahorrar una cantidad de combustibles fósiles equivalente a la cantidad necesaria para producirlos) en un plazo de tiempo de uno a tres años, dependiendo del tipo de panel. El tipo de panel que mejores resultados obtiene en el estudio es la novedosa película fina de telururo de cadmio (CdTe), con 1,1 años de amortización energética, a pesar de contar con el rendimiento más bajo (9%), mientras que el silicio monocristalino fue el peor parado, con 2,7 años, a pesar de tener el mejor rendimiento (14%). La explicación a este fenómeno, que parece contradictorio, es sencilla: se necesita mucha menos energía para producir una película de CdTe.

Si el clima en el que se encuentran situados los paneles solares es menos soleado que el de España, obviamente se necesitará más tiempo para su amortización.

Otra de las opiniones que se oponen al uso de paneles solares se basa en el cadmio que estos contienen. ¿No es este un metal pesado tóxico, prohibido en la RoHS? (normativa para restringir el uso de ciertas sustancias peligrosas en equipos eléctricos y electrónicos, basada en la directiva de la Unión Europea 2002/95). Efectivamente. Pero, según destaca el artículo de ISIS, la utilización de cadmio en la producción de placas solares reduce las emisiones de cadmio al medioambiente. El cadmio se emite en la quema de combustibles fósiles, y el contenido en cadmio de los paneles es diez veces menor que la cantidad de este metal que se emitiría utilizando combustibles fósiles para lograr la misma cantidad de energía que genera la instalación solar.

Por supuesto, es preferible la utilización de paneles fotovoltaicos de silicio cristalino, ya que no contienen cadmio. Las películas fotovoltaicas llevan más de una década en el mercado, pero han sido las últimas aplicaciones de la química (CdTe, CulnGaSe2 o “CIGS”), las que han desempeñado un papel fundamental en su desarrollo: a pesar de que la eficacia de estos materiales aún no iguala a la del silicio, son lo suficientemente buenos y más económicos (aproximadamente un tercio del coste por vatio), pese a que aún no se fabrican en serie, lo que abaratará aún más su coste. Gracias al artículo de ISIS, descubrimos que también son más respetuosos con el medioambiente, ya que cuentan con un plazo de amortización más corto.

En los próximos años veremos cómo la utilización de silicio cristalino es relegada a la producción de satélites, sistemas móviles y otras aplicaciones en las que la prioridad es reducir el tamaño de los dispositivos. La película fotovoltaica, sin embargo, continuará reduciendo sus costes y acabará produciéndose de forma masiva. Después de CdTe y CIGS, llegarán los paneles solares fabricados con dióxido de titanio y tintes ecológicos. Aún falta un mínimo de diez años para que se imponga esta tendencia, y hasta entonces probablemente se habrán desarrollado nuevos materiales. Lo que está claro es que, en el futuro, la energía solar contará con medios de menor espesor y más ligeros.

Fuente: WorldChanging

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