La carne y el cambio climático.

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En septiembre pasado se reunió en el Reino Unido el IPPC, Grupo Intergubernamental de Expertos en la Evolución del Clima. El discurso de su presidente, el indio Rajendra Pachauri, vegetariano, causó cierta polémica. Rajendra afirmó que para ralentizar el calentamiento global se debería reducir el consumo de carne en el mundo.

A finales del mismo mes de septiembre, un estudio del Centro de Estrategia Medioambiental de la Universidad de Surrey vino a decir prácticamente lo mismo. Las cifras ideales del consumo de carne para 2050 serían de 500g más un litro de leche semanales por persona. Actualmente las cifras son 730g más 1,5 litros. Estas cifras, por supuesto son el resultado de una media entre los habitantes del planeta.

En el Reino Unido, por ejemplo, son de 1,6kg y 4,2 litros respectivamente. El estudio, que puede ser representativo para el resto de la Europa occidental, detalla las emisiones de gases de efecto invernadero de las diferentes etapas de la producción alimentaria del Reino Unido. La producción de carne y productos lácteos representa casi el 50% de las emisiones de todo el conjunto de la producción alimentaria, casi el 10% de las emisiones totales del país. Transporte, refrigeración y acondicionamiento son factores que deben ser optimizados para lograr una drástica reducción de su impacto ambiental, pero, según el informe, el cambio de hábitos alimenticios por parte de los ciudadanos va a ser determinante. Según la FAO, la demanda de carne y leche en el mundo entre 2000 y 2050 llegará a duplicarse.

El aumento de producción necesario para cubrir esa demanda echaría por tierra los cálculos que preveían una disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero en un 50% mediante la aplicación de métodos sostenibles y nuevas tecnologías en la ganadería. Para conseguir esa reducción en las emisiones, no hay otra solución que llegar a las cantidades de consumo antes apuntadas de 500g de carne más 1 litro de leche semanales por persona. A pesar de todo, aún no hay datos suficientes para dictaminar las pautas definitivas que se deben seguir. Puede que no se deba evaluar la producción animal sólo desde el punto de vista de la contaminación que genera. En los países sureños, por ejemplo, el ganado realiza labores de transporte, lo que significa un ahorro energético importante además de aportar una fuente muy valiosa de proteínas y grasas; el estiércol es usado como combustible lo que ayuda a proteger el bosque. En los países del norte, los animales pueden aportar valor a espacios que capturen CO2 y ayudar al mantenimiento de la biodiversidad. Según expertos medioambientales, aumentar la producción para hacer frente a la demanda calculada por la FAO sería prácticamente inviable en cuanto a la ocupación de terreno. Pero, ¿cómo convencer a los consumidores que apenas acaban de comenzar a consumir carne de que pueden estar dañándose ellos mismos y sus economías cuando el mundo occidental sigue siendo aún el primer consumidor?

IPPC

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  1. ¡¿Un litro de leche por semana?!Está bien, entiendo, yo carne no como pero… ¿un litro de leche por semana? No bebo alcohol, no conduzco autos, uso lámparas de bajo consumo, no fumo y utilizo bolsas de lino para ir al super, imagino que con todo eso se me puede perdonar mi ingesta de litro y medio diarios.¿No? Lo siento, soy mujer, preciso calcio. ¿Y si me compro una cabra?

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