La cara oculta de la industria del pavo

La cara oculta de la industria del pavo

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La sección de carnicería en los supermercados se presenta impoluta. El aspecto de las bandejas, su contenido aparentemente fresco y, además, económico. El consumidor, seducido por una imagen que proyecta seguridad, higiene y limpieza, no sospecha ni remotamente el historial del producto que está a punto de adquirir. Pero, ¿qué esconden las brillantes bandejas de pechugas de pavo, pollo o conejo? ¿Qué ocurriría si el consumidor fuera consciente de los métodos que se usan para producir esta carne? En Francia, la legislación reconocía por primera vez en 1975 que los animales tienen sentimientos. La asociación L214, que hace referencia al artículo del código rural que recogía este reconocimiento, está formada por militantes vegetarianos y defensores de los derechos de los animales. Esta organización surgió a raíz del movimiento “Stop Gavage”, que lucha por la abolición del famoso foie-gras francés, cuyos métodos de producción llevan mucho tiempo generando polémicas. L214 anima a los consumidores a adoptar una actitud de compra responsable y a evitar el consumo de productos provenientes de animales o a reducir su consumo, en especial aquellos provenientes de la cría industrial e intensiva. L214 realiza campañas contra la ganadería industrial y muestra mediante sus vídeos clandestinos los escenarios a los que se enfrentan los animales antes de llegar a los supermercados. Estos vídeos, de una impactante crudeza, conducen a la reflexión y, de ser vistos por los consumidores habituales de este tipo de productos, seguramente modificarían su comportamiento a la hora de comprar.

Cría industrial de pavos.

Tras pasar 17 semanas confinados en una nave industrial, los pavos son recogidos y apelotonados en jaulas de un tamaño insuficiente para la altura de los animales. Los empleados recogen a los animales como si fueran trapos o cartones. Las imágenes son muy duras y muestran la violencia con la que los empleados tratan a unos animales presos del pánico.

El 97% de los pavos franceses son confinados en una nave sin acceso al exterior. Los animales viven sobre sus excrementos, que se acumulan durante 15 a 18 semanas. Debido a una previa selección genética, estos pavos muestran unos muslos muy desarrollados, mientras que sus huesos y el resto de órganos están desproporcionados. Un crecimiento rápido unido a la condiciones de cría favorecen el desarrollo de enfermedades respiratorias, digestivas y locomotrices a pesar de las vacunas y los tratamientos médicos a los que son sometidos. De esta forma, en 25 años, este tipo de cría de animales ha elevado el índice de mortalidad un 34%. Los 58 millones de pavos sacrificados cada año en Francia se destinan en su mayor parte a la producción de comida preparada y la restauración rápida o colectiva.

La ganadería industrial.

La cría industrial de animales es el peor método que se puede utilizar. Los avances tecnológicos adaptados al método agudizan la pérdida de sensibilidad hacia los animales. El ganadero se convierte, de esta forma, en técnico animador, los animales pasan a ser proteínas con patas. Mientras que numerosos agentes tratan de alertar a la opinión pública y a los políticos, la situación empeora año tras año. Actualmente, el Ministro de agricultura francés apoya más que nunca un modelo de ganadería devastador. L214 se pregunta cómo invertir esta situación. Con sus vídeos, esta asociación de defensa de los derechos de los animales no puede dejar indiferente.

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