Residuos electrónicos: Japón promueve las “Minas Urbanas”

Residuos electrónicos: Japón promueve las “Minas Urbanas”

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Cada vez son mayores las montañas de basura electrónica de nuestras ciudades. Viejos electrodomésticos, cámaras digitales y consolas de videojuegos anticuadas, todos acabamos librándonos de ellos, en el mejor de los casos depositándolos en los centros de reciclaje de nuestras ciudades. Pero, mientras por un lado aumenta el número de nuestros residuos electrónicos, por otro escasean los metales raros que se requieren para su producción. El indio, utilizado para la producción de pantallas de LCD, el tantalio, necesario para la producción de dispositivos electrónicos compactos, como los teléfonos móviles, son materiales escasos cuyo precio se ha disparado en los últimos años de manera alarmante.

La ciudad de Odate, en Japón, ha colocado contenedores de recolección de basura electrónica en sus calles, a la entrada de los supermercados y en los centros comunitarios. Los contenedores se llenan de secadores, teléfonos y pequeños electrodomésticos, que pasarán a formar parte de una investigación pionera en Japón sobre el reciclaje de sus componentes. Odate es una antigua ciudad minera que cuenta con 80.000 habitantes y es sede de varias empresas equipadas con la tecnología más avanzada. En diciembre de 2006, con ayuda de los subsidios que otorga el Ministerio de Economía, Comercio e Industria, la ciudad lanzó el primer proyecto de reciclaje de pequeños electrodomésticos. La iniciativa provenía originariamente de un grupo de investigación de reciclaje compuesto por investigadores y productores de aparatos electrónicos.

El grupo solicitó la cooperación de la ciudad y ésta, ávida de reducir su carga de desechos, aceptó la propuesta. Los once meses transcurridos desde abril de 2007 a febrero de 2008 dieron como resultado la recogida de 9.626 aparatos, unas 17 toneladas de basura electrónica. “Somos una antigua ciudad minera”, afirma Masanori Narita, diputado general del Departamento de Medioambiente de la ciudad. “Muchos de nosotros conocemos el valor del metal”. Los desechos son inspeccionados por un equipo supervisado por Takashi Nakamura, profesor del Instituto de Investigación Multidisciplinar sobre Materiales Avanzados, de la Universidad de Tohoku, en Sendai. Nakamura anota la naturaleza de cada producto, el año de fabricación y qué metales contiene. “A medida que los teléfonos móviles reducen su tamaño y multiplican sus utilidades”, explica Nakamura, “se utilizan más y más metales raros en su producción”. Los metales raros son ya de por sí escasos, pero la creciente demanda internacional está haciendo que sus precios se disparen. Según datos de la agencia gubernamental Japan Oil, Gas and Metals National Corporation (JOGMEC), hace cinco años el precio del níquel, utilizado en la producción de acero inoxidable, era de unos 950.000 yens por tonelada. El año pasado, su precio llegó a multiplicarse por más de cinco. El manganeso, un componente de las baterías, se está vendiendo 6 y 7 veces más caro que en 1990.

Además, debido a que los yacimientos de estos metales raros suelen concentrarse en un solo lugar del mundo (el 90% de la totalidad de manganeso en el mundo entero, por ejemplo, se encuentra en Sudáfrica), su producción depende extremadamente de la situación política del mismo. Por estos motivos, las llamadas “minas urbanas” están atrayendo la atención de empresas y administraciones. Según el estudio llevado a cabo por Nakamura, de las 6,8 toneladas de basura electrónica recogidas durante los primeros tres meses del experimento se podrían extraer 0,5 kilogramos de Tantalio, 1 kilogramo de oro y 4 kg de una aleación de plata y paladio, entre otros metales.

La iniciativa de Odate se está expandiendo en Japón, donde el Ministerio de Medioambiente acaba de aprobar un subsidio de 75 millones de yenes para los proyectos regionales de reciclaje de este tipo de desechos. Varias ciudades, entre las que se incluye Tokio, disponen ya de contenedores situados de forma estratégica en las puertas de los colegios o a la entrada del metro, donde el ciudadano puede depositar sus antiguos electrodomésticos y aparatos electrónicos. “La basura electrónica”, afirma Nakamura, “puede tener un gran futuro, pero aún queda un largo camino por recorrer antes de que sepamos exactamente qué cantidad de metales raros podremos extraer e introduzcamos una metodología de recuperación que evite que todo este valor acabe desechado en los vertederos”. Una de las preocupaciones de Nakamura es que las empresas encargadas del reciclaje acaben concentrándose en el hierro y el cobre exclusivamente, ya que ambos pueden extraerse en suficiente cantidad como para resultar rentables, y dejen los metales raros, más difíciles de extraer, sin reutilizar. “Los metales raros son bastante problemáticos”, afirma, “pero corremos el peligro de acabar con las reservas de estos materiales. Es necesario que los gobiernos comprendan este problema y tomen la iniciativa.”

Extracto del artículo original

Más información sobre metales raros.

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