IV La energía que nos mueve: el petróleo

IV La energía que nos mueve: el petróleo

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El declive del petróleo significará el fin de una era
El petróleo o crudo es una mezcla natural de hidrocarburos líquidos que contiene cantidades variables de azufre, nitrógeno, oxígeno, metales y otros elementos. En función de sus componentes, el petróleo puede presentar un aspecto muy variable, desde una pasta negra y viscosa a un líquido marrón claro o traslúcido. Estos hidrocarburos líquidos, que se encuentran en los poros microscópicos de las rocas sedimentarias, se extraen de las arenas y pizarras bituminosas y deben pasar por unos procesos de refinado y mejora para producir el crudo sintético y el petróleo.
Petróleo.

El petróleo en su estado refinado es uno de los bienes de consumo más importantes del mundo: es el combustible número uno para los vehículos y también se utiliza como combustible para calefacción y para producir energía eléctrica. Esta materia prima constituye además la base de muchos químicos industriales que se utilizan para la producción de bienes de consumo tales como el plástico, el poliuretano, disolventes, detergentes, ceras y asfaltos.

Perforación en alta mar.

Hasta hace pocos años, las limitaciones tecnológicas y los bajos precios del petróleo mantenían la vasta riqueza del hidrocarburo básicamente fuera del alcance de la extracción. Sin embargo, dichos factores limitadores están disminuyendo de forma rápida y las compañías petroleras están tomando posiciones en la nueva situación. Lógicamente, los desastres, retrasos y sobrecostes de esta actividad serán proporcionales a la dificultad de las condiciones en las que se extrae el producto y la distancia a la que se encuentra la extracción del resto de operaciones logísticas.

El vertido en el Golfo de México constituyó un ejemplo muy ilustrativo sobre este tipo de accidentes y sobre la forma en que los seres humanos podemos responder ante ellos. Por suerte, el vertido tuvo lugar a 200 millas de algunos de los puertos mejor equipados del mundo para operaciones en alta mar. En la costa Beaufort, donde Shell se prepara para taladrar el norte de Alaska, no existe ningún puerto de estas características en mil millas a la redonda, y la operación va a consistir en una plataforma sola en medio del océano.

Las aguas de la zona solamente son navegables durante una época del año, y las tormentas con 65 a 70 nudos de viento son frecuentes, con olas que pueden llegar a los 40 o 50 pies de altura cada pocos años. Según advertía un estudio hace poco, “se prevé un importante aumento de los eventos climáticos extremos” y “las actividades comerciales en el norte tales como la pesca, industria petrolera o el transporte serán cada vez más vulnerables” ante los imponentes sistemas polares de baja presión, conocidos como los “primos del ártico” de los huracanes tropicales.

Por supuesto, cuanto más duras sean las condiciones climáticas, mayor probabilidad habrá de que haya accidentes y más complicadas serán las respuestas ante los mismos. La compañía nacional petrolera noruega Statoil lleva desde septiembre de 2007 extrayendo gas de su proyecto Snohvit, cercano al Círculo Polar Ártico. El ambicioso proyecto es completamente subacuático y desde que empezó hasta la fecha se ha visto alterado por numerosos retrasos, sobrecostes y vertidos. Por su parte, BP ha firmado un acuerdo con la estatal Rosneft para explorar el ártico fuera de la cuenca continental del país. Ni Rusia ni BP cuentan con un expediente que ofrezca garantías en cuanto a protección del medioambiente y seguridad.

En cuanto a Shell, la compañía ya ha recibido permisos para comenzar las exploraciones en la costa norte de Alaska, en el mar de Beaufort, y está movilizando su equipamiento, que incluye una unidad de perforación y una fragata de emergencias para el caso de un vertido. Si recordamos que en el proceso de limpieza del vertido de BP tuvieron que actuar miles de barcos, enviar un solo barco de respuesta ante vertidos parece, cuanto menos, bastante inapropiado. Cairn Energy ya comenzó a perforar la costa de Groenlandia hace unos años, pero tuvo que detener sus exploraciones cuando los activistas de Greenpeace se interpusieron en las operaciones.

Las arenas bituminosas.

Las Arenas Bituminosas de Athabasca se encuentran bajo 54.000 millas cuadradas de superficie boscosa en Alberta del Norte, al sur del bosque boreal de Canadá. Se calcula que estas arenas contienen 1,7 billones de barriles de petróleo, con lo que constituyen una de las reservas de hidrocarburos más grandes del mundo. Estos depósitos son una mezcla pegajosa de arenas glaciales y tierra impregnada con un bitumen parecido al alquitrán.

Para extraer el petróleo utilizable de estas arenas bituminosas, en primer lugar hay que eliminar las capas de sustrato y vegetación. Entonces se extraen las arenas y se lavan con enormes cantidades de vapor, lo que separa los hidrocarburos que después son purificados, recogidos y enviados mediante un conducto gigantesco a las refinerías y mercados de EEUU. Esta extracción en superficie que se está llevando a cabo en los yacimientos de Athabasca no solamente está destruyendo el paisaje y los hábitats naturales, sino que también es responsable de las balsas de desecho que contienen contaminantes líquidos provenientes de la limpieza al vapor y otros procesos de extracción. Legalmente, la industria del petróleo está obligada a restaurar el paisaje, pero muchos expertos aseguran que esto es imposible.

Lo que resulta aún más problemático es que, en caso de que las balsas de desecho se rompieran y su contenido acabara en el río Athabasca, el impacto sobre el medioambiente podría alcanzar una superficie de más de 1.000 millas río abajo, al Océano Ártico, y perduraría durante décadas. Este tipo de extracción, además, es responsable de gran cantidad de emisiones de gas de efecto invernadero: en total, la extracción de un barril de petróleo de Athabasca emite tres veces más grases de efecto invernadero que la extracción de un barril de petróleo convencional.

Sin embargo, las arenas bituminosas de Athabasca prácticamente constituyen la fuente más importante de petróleo importado en EEUU. A pesar de todo esto, el impacto de las arenas bituminosas sobre el medio ambiente global va más allá del daño regional que se está causando en Alberta y las reservas hídricas de Athabasca: los bosques boreales de Canadá constituyen la zona de bosques vírgenes más grande del hemisferio norte y, por tanto, son un almacén de carbono imprescindible.

 

La energía que nos mueve: lo que hay que saber

Fuente

Fotografías de J. Henry Fair

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