Inyectar realidad a la economía

Inyectar realidad a la economía

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Economía RealFotografía de Pep Cortés http://www.pepcortes.com/
Hace unos años, cuando comenzó la crisis económica, los medios y los ciudadanos no cesaban de hablar sobre la necesidad de un cambio de sistema. Las comunidades afectadas parecían haber comprendido que el hombre no debe estar al servicio de la economía, que el sistema financiero no puede convertirse en un monstruo despiadado que arrasa el medio en el que vivimos y genera pobreza y desigualdad. La aparición de algunos términos como “mercados financieros” nos desvelaba la fragilidad de nuestras vidas, a merced de un sistema completamente ajeno a las necesidades reales del hombre y del planeta.

Lamentablemente, hoy la permanencia de la crisis parece haber limado los sentimientos de horror que a muchos nos provocó la imagen de un sistema económico semejante a un monstruo implacable cuyos deseos habíamos de cumplir si no queríamos morir aplastados. Estas imágenes tipo Godzilla se han ido erosionando a la par que nuestros bolsillos y hoy, en harapos, nos hemos acostumbrado a vivir bajo su abstracta tiranía. Como nos hemos acostumbrado a escuchar con pasividad las descabelladas predicciones económicas provenientes de los distintos organismos, cuyo único propósito parece ser el de mantenernos viviendo en el más absoluto desconcierto. La estrategia les está funcionando.

Pero, ¿realmente nos hemos parado a pensar en lo que nosotros estamos aportando a este sistema? ¿En las consecuencias que puede tener para la economía nuestro apoyo a las grandes cadenas de supermercados descuento y a las empresas multinacionales responsables de la deslocalización?

Y ¿hay algo que nosotros podamos hacer para frenar esta deriva?

Pues bien, en algunos lugares se están creando proyectos de rebeldía contra el sistema establecido. Tal es el caso de la implantación de las monedas locales para desarrollar la economía local y mejorar la relación de una comunidad con el medio ambiente. Esta “economía alternativa” constituye una toma de conciencia con respecto al papel que la economía debe representar en la vida del hombre. ¿No era esta, en principio, una herramienta puesta a su disposición que facilitaba el comercio y evitaba a quienes lo practicaban tener que cargar con lo pesados objetos que trocaban? ¿Cómo llegó a convertirnos en esclavos mendigantes de su piedad? ¿Por qué nos encontramos tan desprotegidos y nos sentimos incapaces de crear vínculos de confianza en nuestra comunidad?

A lo largo de la historia, las monedas locales han convivido de forma natural con las monedas nacionales. Fueron los intentos de monopolización del poder los que llevaron a las monedas a desaparecer, monedas que volvían a circular entre los ciudadanos durante las grandes crisis económicas globales tal y como la que se vivió en el año 1929. En la actualidad existen más de 5.000 experiencias de lo más variado en materia de monedas locales, también llamadas paralelas, comunitarias o solidarias.

El Eusko es la moneda local del País Vasco francés. En Iparralde, la moneda entró en circulación el 31 de enero de 2013. El objetivo de su introducción es poner a disposición de sus usuarios una herramienta que favorezca una economía más respetuosa con el ser humano y con el medio ambiente. Es decir, volver a poner la economía al servicio del hombre, de la cultura y del planeta; favorecer los intercambios locales y relocalizar parte de la economía; desarrollar los vínculos sociales y la solidaridad; desarrollar la utilización del idioma y la cultura local y reducir la huella ecológica.

Su funcionamiento es sencillo: el usuario que así lo desee podrá cambiar su moneda nacional por la cantidad de moneda local que necesite, no pudiendo después hacer el cambio inverso. Esta moneda local podrá emplearla para pagar en los establecimientos asociados a la iniciativa, quienes sí podrán hacer el cambio a la moneda nacional, pero mediante el pago de un 5% de interés sobre el cambio. Los socios de la iniciativa son de toda índole, desde productores hasta distribuidores, artesanos, profesiones liberales, colectividades territoriales, imprentas, comités de fiestas locales…

Quedan excluidas del sistema todas las actividades que tengan un impacto negativo para la comunidad: las empresas muy contaminantes o con unas prácticas sociales denigrantes, las grandes cadenas internacionales, la agricultura industrial, los productores o comerciantes que no cuenten con un mínimo de tres productos locales en su catálogo… De este modo, las empresas se ven obligadas a participar de forma activa en la economía local para no perder una clientela cada vez más concienciada.

En líneas generales, la moneda local se convierte en un arma contra el cambio climático, ya que reduce el impacto derivado del transporte, gran emisor de gases de efecto invernadero, y favorece la producción responsable y sostenible, fomentando la economía local.

Es hora de volver a comprender que la economía no es sino una herramienta que facilita nuestras transacciones. Los ciudadanos debemos volver a responsabilizarnos de las actividades que estamos fomentando con nuestro dinero y procurar que nuestras prácticas de consumo acaben beneficiando a nuestra propia comunidad. La moneda local se transforma así en un vínculo social y en una herramienta de solidaridad con la comunidad y una forma de construir una economía más humana, más justa, más solidaria, más autónoma y más sostenible.

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