(III) Manual de instrucciones para la debacle

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Dmitry Orlov es el autor del libro Reinventing Collapse. Este pionero colapsitario, que vive en un barco velero en Boston desde el que edita su blog Cluborlov, hace unos años predijo la caída de EEUU como superpotencia económica. Una vez sus predicciones se vieron confirmadas por la actual crisis global, Orlov fue invitado a hablar sobre su visión del futuro que nos espera y las medidas que, como ciudadanos, deberíamos ir poniendo en marcha. Durante su ponencia en la fundación Long Now Foundation en febrero 2009, Dmitry Orlov reconocía que su afición visionaria era un mal negocio, ya que “una vez ha comenzado el derrumbe, nadie se acuerda del que venía advirtiendo desde hace tiempo”.

Asegurar los cuatro pilares: alimentación.

El problema es que los gobiernos que habían prometido el cambio están aterrorizados, e intentan una y otra vez las mismas estrategias que ya han demostrado su fracaso. Es necesario olvidar el crecimiento, los puestos de trabajo, la estabilidad económica. Los objetivos realistas deberían centrarse en lograr garantizar la alimentación, el alojamiento, el transporte y la seguridad.

Los gobiernos deberían marcarse como principal objetivo el abastecimiento de estos cuatro pilares básicos en una situación de parálisis mercantil, en la que no tendremos acceso a la importación, y acercarlos a una población sin recursos económicos. Si esta estrategia se lleva a cabo con éxito, se propiciará la transformación de nuestras sociedades y el desarrollo de una nueva economía desindustrializada, con una tasa de explotación de los recursos muy inferior, caracterizada por una gran austeridad e incluso pobreza, pero en condiciones de seguridad, decencia y dignidad. Por el contrario, si no se lleva a cabo con éxito, nos enfrentamos a una serie de conflictos que acabarán con la nación.

El ejemplo del sistema agrícola soviético.

  El sistema agrícola de la URSS estaba absolutamente desorganizado, en gran medida como resultado de los catastróficos experimentos de colectivización de los años 30, que destruyeron las pequeñas explotaciones, hasta entonces en perfecto funcionamiento. La introducción de la agricultura industrial, la pesada maquinaria que compactó y destrozó el sustrato, la utilización de productos químicos que mataron a los organismos microscópicos del mismo… llevaron a la URSS a tener que importar cereales y otros alimentos de países hostiles a sus intereses (EEUU y Canadá, entre otros). La escasez de carne y otros alimentos de alto contenido en proteínas obligó a importar cereales para alimentar al ganado. A pesar de que se podía sobrevivir con los alimentos disponibles en las tiendas del régimen, esta dieta resultaba bastante pobre, por lo que los ciudadanos se dedicaron a cultivar ellos mismos o a comprar directamente a los agricultores.

Los huertos particulares no bastaban para autoabastecerse, pero fueron los que lograron sacar adelante a las familias. A pesar de su pobreza, el sistema alimentario ruso logró sobrevivir. El alimento principal en el país, el pan, nunca dejó de repartirse a la gente. También es importante saber que, en Rusia, los ciudadanos viven cerca de las tiendas de alimentos, a una distancia que puede recorrerse a pie, y hacen uso de los transportes públicos para llegar a sus huertos, que suelen encontrarse en las afueras de las ciudades. En EEUU, el sistema agrícola está altamente industrializado y depende de la utilización de gasoil, fertilizantes químicos, pesticidas y, lo que es más importante, de la financiación. Hoy en día, el acceso de los agricultores a la financiación no está garantizado. Este sistema no es más que una forma de transformar los recursos fósiles en alimentos con ayuda de un poco de energía solar, con un rendimiento medio de 10 calorías de energía fósil consumida para producir 1 caloría de alimentos. El sistema de distribución de dichos alimentos requiere una enorme flota de camiones refrigerador para abastecer los supermercados. La cadena de proveedores es larga y frágil: sólo un par de días sin abastecimiento bastarían para dejar sin alimentos a una enorme población.

En EEUU existe un gran número de ciudadanos que viven muy alejados de los lugares donde se pueden adquirir alimentos. Estos lugares, además, no cuentan con servicio de transporte público, por lo que sus habitantes no tendrán acceso a los alimentos en el momento en que no puedan llenar el depósito de sus automóviles. Algunos barrios pobres solamente cuentan con alguna cadena de supermercados, algún establecimiento de comida rápida o un pequeño ultramarino y esta situación tiende a extenderse a zonas más prósperas.

En EEUU ya existe un importante movimiento de horticultura urbana que puede crecer: algunos pequeños terrenos se deberían habilitar para el cultivo por parte de individuos y familias que no hagan uso de maquinaria agrícola. Los terrenos ideales serían aquellos situados cerca de fuentes de agua tales como ríos, que podrían utilizarse para el riego. Habría que organizar el transporte a estos huertos de forma que permitiera a la gente trasladarse de forma temporal durante el periodo de cultivo y llevar el fruto de las cosechas a los centros urbanos. En Cuba se ha puesto en marcha un sistema aún más sencillo: los aparcamientos se han convertido en huertos, gracias a lo cual los alimentos se cultivan en el centro de las ciudades. Mediante este método ya no hace falta transportar los alimentos, solamente el abono orgánico y el sustrato una vez por temporada. Otra idea sería cerrar las autopistas al tráfico (en cualquier caso, no existen muchas probabilidades de que haya mucho tráfico) y transformarlas en canalizaciones para retener el agua. Las cubiertas y los áticos pueden ser utilizados como invernaderos o gallineros, o para otro tipo de fines agrícolas. ¿Sería muy difícil organizar esto? En Cuba, el gobierno ha colaborado. En Rusia, sin embargo, los ciudadanos se apañaron para organizarse a pesar de los burócratas soviéticos. En todo caso, este es un sistema que nos conviene instaurar con ayuda de nuestros gobiernos o sin ella.

 

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