(III) ¿De quién son las semillas?

(III) ¿De quién son las semillas?

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El campo necesita una poliitica de semillas que favorezca la biodiversidad agricola
Estamos viviendo una época crucial. A nuestras espaldas se están tomando decisiones que ponen en juego el futuro de prácticas agrícolas milenarias y dejan nuestra alimentación en manos de las grandes multinacionales. “Sembrando futuro, recogiendo diversidad” es el lema de la campaña internacional que se está llevando a cabo para luchar contra la privatización de las semillas y las patentes sobre la vida. Saatgutkampagne, organización alemana promotora de esta campaña, ha estudiado detenidamente los movimientos de las multinacionales, de los grupos de presión y la respuesta de la Comisión Europea en forma de una legislación que se nos impone a todos en favor de unos pocos.
Las actuales reformas de la UE sobre las semillas.

Desde hace unos años, la UE intenta modificar las leyes de comercialización de semillas de las variedades del mercado, pero estas reformas no están yendo en la dirección adecuada. Existen dos documentos fundamentales sobre la regulación de la comercialización: el Plan de Acción 2009 de la UE y el informe resumen de una evaluación de la actual legislación sobre semillas, con fecha 10.10.2008. Un análisis detallado de dichos documentos revela que ambos persiguen una serie de objetivos que pueden desencadenar unos efectos muy nocivos sobre la cría de semillas en la agricultura y la jardinería.

La legislación europea sobre las semillas, mediante sus principios de uniformidad y distinción, favorece a las variedades industriales en detrimento de biodiversidad.

Este favoritismo se verá reforzado mediante el Plan de Acción previsto por la UE. Dicho plan amenaza (1) con imponer una legislación unificada de comercialización de las semillas en la UE; por otro lado (2) deja entrever la futura implantación de la “policía de las semillas” en la UE; (3) las condiciones que se imponen a las semillas favorecen el trabajo de laboratorio por encima del trabajo en el campo, y los criterios DUS que deben cumplir las semillas favorecen a la industria y a sus agentes. (4) En caso de que la autoridad europea de la seguridad alimentaria (EFSA) tome partido en la aprobación de las semillas para su comercialización, no podemos esperar nada bueno, teniendo en cuenta las ya conocidas relaciones entre este organismo y la industria de las semillas.

En tal caso, (5) se ampliaría la responsabilidad de la Oficina Comunitaria de Variedades Vegetales (CPVO), organismo de la UE con sede en Angers que se encarga de gestionar los derechos de propiedad intelectual sobre las variedades vegetales, que pasaría a encargarse también de la aprobación de nuevas variedades. Por último, (6) la UE amenaza con implantar su influencia internacional en mayor medida si cabe, mediante la imposición de su legislación en todos los países. De esta forma se muestra la nueva versión del colonialismo. Y, para acabar, el Plan de Acción (7) garantiza que no dará ningún paso que no haya sido elaborado en estrecha colaboración con todos los “agentes relevantes”, que para la UE sin duda son las multinacionales de las semillas.

La legislación se transforma así y pasa de ser una herramienta pública que defiende los intereses generales de la población a un instrumento al servicio de las grandes multinacionales.

De esta forma, la legislación sobre semillas queda supeditada a la estrategia de Lisboa, cuyo objetivo es convertir a la UE en la mayor potencia económica del mundo, lo que pretende conseguir con ayuda de las multinacionales afines.

Por la diversidad, contra el poder de las multinacionales.

Todo esto seguirá reforzando la posición de las multinacionales de las semillas, que destruyen la diversidad y limitan el libre acceso a las semillas. Dado que las semillas son la base de la producción agrícola, es más que probable que el derecho humano a la alimentación se vea perjudicado. La reforma que quiere emprender la UE parece dirigirse por un camino inadecuado y no puede corregirse con pequeños parches ni con la aprobación de modificaciones trampa, como las denominadas “variedades de conservación”. Es necesario llevar a cabo un cambio de estrategia que parta de los principios básicos. ¿Qué dirección debe tomar la legislación para garantizar “semillas libres para todos”, para que en el futuro podamos seguir sembrando y recogiendo diversidad?

Para detener la actual pérdida de la biodiversidad agrícola debe abolirse la legislación vigente sobre variedades, que de hecho es contraria a la misma. Es necesario un cambio de rumbo de la legislación sobre las semillas. Deben fomentarse las diversas variedades agrícolas locales, no variedades de alto rendimiento de la industria, con su gran dependencia de pesticidas, abonos y energía.

La nueva legislación debería ser el fruto de un debate social en cada pueblo, ciudad, región y país.

La industria de las semillas, máxima responsable de la actual trayectoria de la legislación, no debería disfrutar de ninguna ventaja legal, sino todo lo contrario: deberíamos vigilar muy de cerca para que no siga modificando la ley según sus intereses mediante el trabajo de los grupos de presión sobre los responsables políticos y la influencia de sus relaciones públicas sobre los medios de comunicación.

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¿De quién son las semillas? IV

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