(II) El verdadero precio de lo barato. Aquí se vende mano de obra.

(II) El verdadero precio de lo barato. Aquí se vende mano de obra.

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La mano de obra barata es la principal herramienta de las multinacionales
El 28 de abril de 2010, la cadena de televisión alemana SWR emitió un impactante documental dirigido por Mirko Tomic que esclarecía las miserables condiciones laborales en la producción de hortalizas, de artículos textiles y componentes electrónicos que encontramos en los supermercados descuento, Lidl, Netto y Aldi.
Aquí se vende mano de obra.

“Aquí apenas hay trabajo, pero en Rumanía, de donde vengo, las cosas no están mejor”. También los africanos, como este hombre de Ghana, esperan aquí en vano: “Somos demasiados y hay poco trabajo”. Su compañero, al principio cegado por las luces de la cámara, se anima a acercarse y nos confirma la precariedad de la situación. Según nos cuentan, todos tienen permiso de trabajo pero, aunque no lo tuvieran, a nadie le importaría.

Y mientras este hombre nos cuenta que en los últimos 1-2 años la situación ha empeorado de forma drástica, se detiene una furgoneta y se lleva a algunas personas. Por hoy, han tenido suerte, si es que a eso se le puede llamar suerte: pasarán la jornada en algún lugar, sumergidos en el mar de plásticos. A pesar de la estricta prohibición de contratar a trabajadores sin papeles, esta es una práctica habitual. Es sencillo, rápido y barato. Por eso solamente podemos filmar a este hombre trabajando en la entrada del invernadero. No debemos grabar a los demás trabajadores que veamos en la zona, explica el encargado, porque “en realidad no trabajan aquí”. “Los ha mandado un invernadero vecino para echar una mano, nos explica.

Condiciones laborales terribles. Esto debería irritar a los españoles. ¿Dónde queda la supervisión, el control, las leyes, las reglas?

Le preguntamos a Juan Deus, que trabaja desde hace diez años como responsable de agricultura en el gobierno regional. Él ve la cuestión de forma absolutamente distinta: “En el ámbito social y laboral, España puede considerarse un país serio. De hecho, es un país en el que cualquier trabajador residente, sea legal o irregular, tiene los mismos derechos al sistema sanitario. Creo que en el ámbito social, España es un país que puede todavía dar clases magistrales.”

El político, sin embargo, seguramente no ha visitado en los últimos tiempos el lugar a donde nos llevó el secretario de un sindicato. En medio del mar de plásticos viven los trabajadores que buscan trabajo en los campos pero que sólo disponen de una chapa metálica por techo. Miles de ellos viven en chabolas construidas por ellos mismos. La electricidad y el agua las obtienen derivando las redes públicas. Spitou Mendy, del sindicato SOC, conoce las reglas de los políticos ante la realidad del chabolismo de los jornaleros, su hogar. Spitou, que trabaja aquí desde hace años como agente social, nos cuenta que hay cientos de lugares como este. “La explicación por parte de los políticos sobre los asuntos sociales es un mero discurso político. Ninguno te va a decir que aquí hay problemas. La situación social es catastrófica.

Los inmigrantes se encuentran al margen de la sociedad, totalmente excluidos. Solamente los necesitan por su mano de obra, la integración es cero.” Este joven busca trabajo. Tiene 24 años y lleva dos años aquí. Nos cuenta que no tiene papeles y que sus amigos le dan alimentos y alojamiento. Sueña con una vida mejor, pero no quiere volver a Marruecos bajo ningún concepto. Sería una vergüenza. Cuando reciba los papeles oficiales, todo irá mejor. Spitou, sin embargo, no se hace ninguna ilusión: “Viven aquí porque no tienen para alquilar. Los marroquíes especialmente no tienen ninguna oportunidad en España. Incluso cuando encuentran trabajo y ganan dinero, no tienen posibilidad de salir de las chabolas, porque los españoles no alquilan viviendas a los marroquíes.” Lo que cuenta el sindicalista es una verdad amarga.

Pero mientras al consumidor no le interese a la hora de hacer la compra quién y en qué circunstancias ha cosechado las verduras que adquiere, los supermercados descuento no verán la necesidad de modificar sus estrategias de compra y seguirán haciendo lo mismo que hasta ahora. Lo principal es que el negocio siga sin problemas. Nos habría gustado hablar con Netto ante la cámara. «De acuerdo, gracias» (el periodista cuelga el teléfono). «Esta ha sido nuestra entrevista con Netto. Se ha quejado de que hayamos escogido a Netto entre todos los demás para mostrar las condiciones de producción de los agricultores de España. Apuesto a que los demás supermercados descuento dirían lo mismo. Y, por supuesto, no nos concede una entrevista sobre el tema».

Los consumidores hacemos cola ante una tienda cuando se anuncia un producto barato. PCs completos por menos de 400€, ¡genial! Pero, ¿cómo puede ser? Los consumidores no se lo plantean cuando acuden a un supermercado descuento y adquieren un ordenador. “Nos hemos comprado un ordenador en Aldi, porque era barato”, afirma el primer entrevistado. “¿Y conoce Ud. algo sobre las condiciones laborales en la producción?”, pregunta el periodista. “No”, reconoce una consumidora. “No lo compraría si supiera que perjudica a los trabajadores”, afirma otra. “En principio, de por sí solo, no es un argumento. Pero una gran empresa como Aldi podría presionar para hacer que se mejoraran las condiciones laborales de sus proveedores. Es un problema de Aldi, él es quien tiene que negociarlo”, afirma la tercera.

¿Y cómo se consiguen unos precios tan baratos para los ordenadores?

Nos encontramos en el taller de un gran distribuidor de PCs en Saarbrücken para que nos muestren el contenido de un PC. “¿Cuáles son los componentes principales?”, pregunta el periodista. “La placa base es el corazón del PC. Sin ella, los diferentes componentes no podrían comunicarse entre sí, el ordenador no funcionaría”, responde el encargado. “¿Y dónde se producen?” “Normalmente las placas de todos los grandes productores se producen en China o Taiwán, sencillamente porque los costes laborales son más baratos que aquí en Europa”. A nosotros, la placa base de un PC nos cuesta, según la cantidad de prestaciones que ofrezca, de 50 a 250€. ¿Cómo puede ser? ¿De dónde vienen estos precios tan baratos? Volamos a China, donde nos hacemos pasar por compradores en Shenzhen, una de las denominadas “zonas económicas especiales” creadas por el gobierno chino. Seguidamente establecemos contacto con diversos productores en la búsqueda de placas base. En una empresa tenemos suerte y entramos en negociaciones sobre cantidades y precios y se nos presenta la mercancía. Después visitamos la fábrica, donde nos permiten filmar la producción.

Hasta ahora, creíamos que estas fábricas disponían de tecnología punta, cadenas de producción en las que los robots montaban las piezas y al final escupían el producto acabado, todo ello monitorizado por especialistas. Sin embargo, nos encontramos con personas, muchísimas personas y muy jóvenes, que repiten a diario los mismos movimientos miles de veces. Es este un trabajo milimétrico bajo una iluminación miserable. Ante las bandas mecánicas sin fin, estos trabajadores recuerdan a las gallinas ponedoras enjauladas de una nave industrial. De aquí provienen nuestras placas baratas. Las jóvenes cobran un salario de unos 100€ mensuales, menos de lo que cuesta una placa estándar.

El ritmo de trabajo lo decide la banda mecánica, las supervisoras se encargan de controlar el proceso. Imposible mantener en esta situación una conversación con los trabajadores sobre su tarea cotidiana y sus problemas. Queremos intentar establecer contacto con los trabajadores más tarde, lo que es bastante difícil debido a los controles del régimen. Los compradores extranjeros son bienvenidos, pero los periodistas no, en especial si pretenden mostrar la realidad de sus fábricas. Por ese motivo nos hemos hecho pasar por hombres de negocio que quieren filmar por puro interés de la empresa. Miles de fábricas como estas producen en las zonas económicas especiales aparatos electrónicos para el resto del mundo. China extrae buenos beneficios de estas prácticas, cuya producción parte desde el puerto de Hong Kong.

Todas las grandes empresas de la electrónica cuentan con oficinas aquí. En Hong Kong hablamos con Sarah Bormann, de la organización WEED (World Economy, Ecology and Development). La politóloga dirige desde hace años un proyecto para intentar mejorar las condiciones laborales en la producción de ordenadores. Solamente desde Hong Kong pueden moverse de forma relativamente libre los trabajadores de organizaciones sociales, como Sarah Bormann, y establecer contacto con las organizaciones locales para lograr avanzar en sus tareas de investigación. «En los últimos años hemos logrado que mucha gente conozca que la alta tecnología no siempre implica buenas condiciones laborales, y que el hecho de que los microchips se produzcan en sistemas de fabricación en cadena a gran escala no significa que sea una producción automática«, nos cuenta.

Las jóvenes chinas que trabajan en estas cadenas lo hacen en un sistema de turnos cuyas cortas pausas apenas les permiten salir a comer al quiosco de la esquina. Una comida cuesta unos 20-30 céntimos, un negocio que muchos quieren aprovechar, por lo que toda la fábrica está rodeada de estos establecimientos. Es cierto que en los últimos diez años los salarios se han duplicado, pero también los precios han aumentado en gran medida. Con un salario de unos 100€, apenas llegan a fin de mes. Nuestro traductor le pregunta a una chica por su jornada laboral: “Sí”, confirma, “monto piezas electrónicas. Estoy haciendo una pequeña pausa, dentro de un rato tengo que volver y trabajar hasta las 10:00”.

SOC

WEED (World Economy, Ecology and Development)

 

El verdadero precio de lo barato III

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