(II) ¿De quién son las semillas?

(II) ¿De quién son las semillas?

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Las semillas deben circular con libertad
Estamos viviendo una época crucial. A nuestras espaldas se están tomando decisiones que ponen en juego el futuro de prácticas agrícolas milenarias y dejan nuestra alimentación en manos de las grandes multinacionales. “Sembrando futuro, recogiendo diversidad” es el lema de la campaña internacional que se está llevando a cabo para luchar contra la privatización de las semillas y las patentes sobre la vida. Saatgutkampagne, organización alemana promotora de esta campaña, ha estudiado detenidamente los movimientos de las multinacionales, de los grupos de presión y la respuesta de la Comisión Europea en forma de una legislación que se nos impone a todos en favor de unos pocos.
Continúa la lucha por las semillas.

Publicado por Andreas Riekeberg, Saatgutkampagne, el día 29.04.2011.

Legislación de las semillas y destrucción de la diversidad.

En general, la regulación de las variedades según estos criterios ha causado enormes perjuicios a la conservación de la biodiversidad y una disminución de la diversidad genética de las variedades. Es decir: la ley ha propiciado una pérdida genética. De hecho, la agricultura en Europa occidental utiliza una enorme cantidad de semillas adquiridas en el mercado, y muy pocas provenientes del propio cultivo o del intercambio entre vecinos.

Desde 1966 es la Unión Europea (por entonces la Comunidad Económica Europea) quien se encarga de regular la legislación sobre la comercialización de semillas, es decir, quien dictamina qué semillas son válidas para el comercio. La comercialización de las semillas, que debería ser un derecho nacional de los estados miembros, queda así regulada por doce directivas europeas.

Debido a las numerosas críticas que ha recibido la destrucción de la biodiversidad agrícola provocada por los criterios de aprobación de las semillas, la UE decidió decretar en los años 2008-2010 tres normativas para las denominadas “variedades de conservación”. Dichas normativas permiten reducir los requisitos y los costes de obtención de licencias para algunas variedades tradicionales, pero a condición de que queden restringidas a una “región de origen” determinada.

Además, al mismo tiempo se prohibió la cría de semillas de estas variedades de conservación en lugares que no fueran las “regiones de origen” y se establecieron límites a las cuotas de mercado de las “variedades de conservación”, que podrían como máximo alcanzar de 0,3% a 0,5% de la cuota de mercado para una determinada clase, sumando en total todas las “variedades de conservación” un máximo de 10% en su clase.

Por otro lado, la ley pretende evitar la modificación de las variedades y la adaptación a las condiciones cambiantes. Además de las variedades de conservación existen las denominadas “variedades para condiciones especiales”, que solamente pueden comercializarse en pequeñas cantidades.

Las Variedades de Conservación no solucionan nada.

Sin embargo, la introducción de estas normativas de conservación no abordan la verdadera causa de la pérdida de la diversidad y de la variedad genética de las distintas clases: la idea de que las variedades, por definición, deben ser homogéneas, diferenciables y estables. Cuando se exige que una variedad tenga una cierta homogeneidad, se está empobreciendo su diversidad. Si se exige que una variedad sea diferenciable de otra, se está excluyendo a las variedades intermedias. Y una estabilidad a lo largo de los años implica poca capacidad de adaptación a las condiciones cambiantes, ya sean climáticas o regionales.

Los criterios de consistencia, homogeneidad y distinción, que las semillas deben cumplir para ser aprobadas, tienden a excluir a las variedades agrícolas de la posibilidad de llegar a ser admitidas o protegidas por la ley. La diferencia entre las variedades agrícolas tradicionales y las de las grandes multinacionales es que los agricultores siempre han trabajado con una gran diversidad dentro de una misma variedad. De esta forma, los agricultores han desarrollado a través de los siglos la diversidad de los cultivos y los han adaptado a las diferentes regiones climáticas.

La legislación europea, mediante los tres requisitos antes mencionados, está privando a los agricultores europeos de continuar unas tareas milenarias y está suplantando las variedades que estos habían logrado. Otro de los graves problemas es la influencia de las grandes multinacionales agroalimentarias en las tareas de selección y cría de semillas. En los últimos diez o quince años, muchos criaderos de mediano tamaño han sido adquiridos por las grandes multinacionales de la producción de pesticidas y abonos. Estas compañías no tienen ningún interés en la conservación de variedades adaptadas a las condiciones locales. Sus intereses se dirigen solamente a las variedades agrícolas que están adaptadas a sus productos agroquímicos.

Estas empresas cuentan con más ingresos provenientes de la venta de pesticidas y abonos que de la venta de semillas. La semillas son para ellos como el cebo en la caña de pescar, que el pez (en este caso el agricultor) morderá para luego adquirir los productos agroquímicos que necesita en su cultivo. La producción de transgénicos también se centra en estos intereses de la industria agroquímica, y favorece aún más la destrucción de la biodiversidad.

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Más información

¿De quién son las semillas? III

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