I Maldito Fracking

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El documental “Fracking Hell: The True Cost of America´s Gas Rush” (Maldito Fracking: el Verdadero Coste de la Fiebre Americana del Gas) analiza los peligros relacionados con la extracción de gas de esquisto en Pennsylvania, EEUU, desde el vertido de sustancias químicas tóxicas en el agua potable hasta la filtración incontrolada de residuos potencialmente radiactivos, y se pregunta si las consecuencias sobre nuestra salud merecen la pena con respecto a los beneficios económicos que reporta esta actividad. El yacimiento de gas de esquisto Marcellus, en Pennsylvania (EEUU), contiene suficiente gas natural para abastecer la demanda de todo EEUU durante los próximos 14 años. Sin embargo, la extracción de este gas puede resultar un auténtico desastre, ya que el proceso requiere el uso de unas sustancias que acaban filtrándose al agua potable: químicos tóxicos, gas metano y, según temen los expertos, radio. Puede que la industria del gas esté disfrutando de un enorme éxito pero, ¿qué precio estamos pagando por ello? “Fracking Hell” es un documental que analiza los peligros de la industria del gas natural. Realizado por Earth Focus, revista estadounidense especializada en noticias sobre el medioambiente, y Ecologist Film Unit, la versión televisiva de la prestigiosa revista británica en colaboración con la agencia de investigación ética Ecostorm, el documental analiza las consecuencias sociales y ecológicas del proceso de extracción de gas de esquisto.

El condado de Bradford, al nordeste del estado de Pensilvania (EEUU), ha pasado de ser un tranquilo rincón en Norteamérica a ser el centro de la fiebre del gas natural. Este gas se extrae mediante una nueva técnica de perforación denominada “fracturación hidráulica”, también conocida como “fracking”. Pero, tal y como descubrieron los periodistas de The Ecologist durante su investigación, el fracking es un proceso muy arriesgado que pone en peligro el medioambiente y la salud de los habitantes de la zona donde se emplea. Ahora, la fracturación hidráulica se está abriendo camino hacia Europa. El Reino Unido, Polonia, Francia y Alemania son los siguientes en la lista de operaciones del fracking.
 
Bradford es una paradisíaca región de Norteamérica, cuyos montes albergan un enorme yacimiento de roca de esquisto llamada Marcellus. Sin embargo, el acceso a este gas es muy costoso y complicado. “El proceso es el siguiente:”, explica Lou Allstadt, antiguo vicepresidente de Mobil. “Se perfora la tierra unos cuantos miles de pies hasta llegar a una capa muy densa de esquisto. Después se continúa perforando en horizontal hasta que el conducto alcanza la superficie en la ladera de la montaña. En un momento dado, se colocan unas cargas que agujerean el conducto y este se rellena de un líquido con la finalidad de cubrir las grietas que se han producido en la roca y provocar el escape de gas a través del conducto”.
Las áreas de extracción de gas han comenzado a brotar por todo el paisaje, pero estas plataformas no son más que la punta del iceberg. El profesor Tony Ingraffea es uno de los pioneros mundiales en la mecánica de fracking: “La cuestión es que Pensilvania lleva tres años inmersa en un proceso de desarrollo industrial que durará 30 años. Ahora mismo hay menos de 2.000 yacimientos de Marcellus en Pensilvania, pero cada día se abren cuatro o cinco más y esta cantidad va a seguir aumentando. Solamente en Pensilvania, la industria pretende abrir entre 4.000 y 5.000 pozos al año durante los próximos 30 años. Y, si se salen con la suya, también lo harán en el estado de Nueva York”. La región cuenta con un gran número de agricultores que apenas pueden vivir de su trabajo, para quienes los elevados precios que la industria del gas les está ofreciendo por sus terrenos supone una tentación difícil de rechazar. Para otros habitantes de la zona, la llegada de la industria del gas supone la promesa de nuevos puestos de trabajo. Y, a escala nacional, el gas de esquisto está siendo presentado como un paso más hacia la independencia energética.
Sin embargo, en esta fiebre perforadora, no se han tenido en cuenta las preocupaciones por los peligros potenciales del fracking. “La primera vez que oí hablar del gas de esquisto me pareció una buena idea”, afirma Lou Allstadt. “Sin embargo, comencé a preocuparme cuando descubrí que un proyecto de ley del estado de Nueva York permitiría perforar un pozo de gas a 150 pies de un río o del lago que lo alimenta. Teniendo en cuenta que esta es la fuente de agua potable de las poblaciones vecinas, me parece una verdadera locura”. Uno de los primeros problemas que se detectaron en las comunidades vecinas a las zonas donde el fracking se está realizando de forma intensiva fue la contaminación de las fuentes de agua potable. The Ecologist habló con familias que ya no pueden beber el agua del grifo desde que las empresas de gas empezaron a perforar en las cercanías de sus hogares: “No se lo conté a mi marido hasta al cabo de un par de días”, afirma una residente “porque pensaba que se trataba de un problema pasajero. No sabía lo que era, pero siguió empeorando”. “El agua es un bien precioso”, afirma otra residente. “Puede que no lo consideres así cuando lo tienes, pero cuando lo pierdes se acabó. Ya no lo vuelves a tener (…) Llenábamos un vaso con el agua del grifo y esta traía una capa de aceite. Olía muy fuerte, algo como el diesel. Ahora ya no puedo ir al grifo y servirme un vaso de agua. El agua me destroza las manos y ya no puedo ni lavar los platos, ni la ropa, ni nada”. Mientras tanto, en las zonas donde se lleva a cabo una actividad de perforación intensiva, se siguen detectando niveles cada vez más elevados de gas metano en las fuentes de agua. “Este es el agua de mi pozo”, indica un residente de la zona encendiendo un cigarrillo de la llama proveniente de la tubería. “Se supone que es potable”. Uno de los problemas clave del proceso de fracking es la necesidad de enormes cantidades de agua combinadas con una serie de productos químicos tóxicos. Carolyn Napp es agricultora ecológica: “Creo que no deberían poder echar productos químicos en mis tierras. Estos productos no están permitidos por la certificación a la que me acojo. Estos químicos pueden dañar a mi familia, a mi gente y creo que están violando mis derechos”. James Northrup, antiguo inversor en la industria energética, afirma: “Ninguna de las sustancias químicas que se utilizan es potable. Los fluidos que se utilizan en el fracking contienen aproximadamente 0,5% de productos químicos. Aunque pueda parecer un pequeño porcentaje, esto significa que en cada pozo se introducen 5.000 galones de metano, o alguna otra sustancia química tóxica. Si hay ocho pozos, serán 40.000 galones de químicos tóxicos”. Ya estamos perdiendo las granjas familiares a un ritmo insostenible, así que no necesitamos un motivo más que nos haga perder nuestras tierras”, afirma Carolyn Napp.

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