(I) La bicicleta y la buena vida

(I) La bicicleta y la buena vida

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En noviembre 2010, Mikael Colville-Andersen, creador de Copenhaguenize y Copenhaguen Cycle Chic, habló en Copenhague, Dinamarca, sobre la buena vida, la bicicleta y el uso del casco en la misma. A continuación ofrecemos una transcripción de su conferencia.

“La buena vida” significa muchas cosas, pero cada persona entiende el término de forma distinta. Yo tengo mi propio concepto sobre la felicidad, determinado por diversos factores, uno de los cuales son las bicicletas: una sinfonía del poder del ser humano en movimiento por el paisaje urbano. A eso me dedico, a la promoción de la bicicleta como medio de transporte urbano. Vivimos la era de las estadísticas, de las mediciones, los índices, los listados mediante los que intentamos determinar dónde se vive la buena vida. Hasta hace no mucho tiempo, los listados solamente nombraban a los países más ricos, los países más pobres, las ciudades más ricas, las más pobres… El dinero era lo que se establecía como referencia para medir la felicidad. Ahora, sin embargo, contamos con clasificaciones tales como “las naciones más felices”, que año tras año encabeza Dinamarca, para sorpresa de los daneses. La revista de estilos de vida Monocle ha establecido un listado de las ciudades donde mejor se vive utilizando una curiosa combinación de parámetros estadísticos y gusto personal.
Este es el listado de las ciudades donde mejor se vivía en 2010. Doce de estas ciudades, entre las que se incluyen las ocho primeras, cuentan con un respetable índice de ciclismo urbano. La mayoría de las demás están haciendo lo posible para lograr restablecer la bicicleta como medio de transporte, tal y como ocurría en el pasado en ciudades y pueblos del mundo entero. Hay algo que está claro: la bicicleta vuelve a medida que las ciudades y los pueblos intentan animar a los ciudadanos a usarla como medio de transporte y proveen la estructura necesaria para que lo hagan. Y este es un hecho lógico: la bicicleta es la medicina más potente de que disponemos, la herramienta más poderosa para reconstruir la vida en las ciudades. Es ilógico que obstaculicemos la promoción de la bicicleta como medio de transporte. Sin embargo, nos encontramos en la cultura del miedo. Muchos libros y ensayos se centran en este tema: hace más de veinte años, el sociólogo alemán Ulrich Beck escribía “una vez el homo sapiens deja de tener hambre empieza a tener miedo”. Lars Svendsen, el filósofo noruego, escribió que “el miedo es ese sentimiento que controla al público”. Hay muchos ejemplos de la sociedad del miedo, pero uno bien evidente es nuestra obsesión casi pornográfica con el equipamiento de seguridad. El hombre jamás ha vivido una vida más segura y sin riesgo que la que vive hoy en día en el mundo occidental. Y, sin embargo, vivimos en la cultura del miedo. Estoy seguro de que, pese a que podría darse por sí sola, en este caso la cultura del miedo se promociona porque el miedo es un negocio muy lucrativo.

Uno de los ejemplos de la cultura del miedo más extraños y extremos que he encontrado es este casco para niños, que se vende online. Se trata de un artefacto que los niños deberían llevar en el hogar para protegerlos de posibles golpes contra superficies duras. Ahí es a donde nos dirigimos después de 250.000 años de evolución del homo sapiens. Además de los Países Bajos, Dinamarca es uno de los países más seguros para practicar el ciclismo, por lo que me extrañó la repentina promoción de la utilización del casco para bicicleta.

Me entró la curiosidad y decidí comprobar los datos por mi cuenta: en mis investigaciones, me sorprendió averiguar que el casco como elemento de seguridad para la bicicleta no cuenta con una base científica sólida. La comunidad científica se encuentra dividida entre el 50% que opina que es más seguro y el 50% que opina que no es más seguro ir en bicicleta con casco. Incluso, tras dos años y medio de investigación, contaba con informes que probaban que, con un casco, tienes 14% más probabilidades de tener un accidente. Los cascos, tal y como he podido averiguar, solamente se comprueban para el caso de que la cabeza reciba un impacto en la parte superior, no en los laterales. Por otro lado, también me sorprendió averiguar que los peatones tienen mayor riesgo de sufrir un accidente que los ciclistas. Y sin embargo, las autoridades de tráfico en Dinamarca no lanzan campañas para que los peatones lleven casco.

La cuestión con la cultura del miedo es que no se basa en datos científicos, sino en ideas que se introducen en nuestros pensamientos y que hacen que unos pocos ganen mucho dinero. Ya que estaba con la idea de los cascos para peatones, me pregunté por qué no deberían también usar casco los conductores de automóviles. Y me encontré con la respuesta: los cascos para el automóvil fueron inventados por los suecos en los años 60, y en los años 80 una empresa decidió comercializarlos. En el año 2001, la Universidad de Adelaida, en Australia, creó un modelo simplificado cuando un estudio oficial demostró que el estado podría ahorrar 400.000 dólares anuales en accidentes si todo el mundo llevara un casco dentro del automóvil, además de los cinturones de seguridad y los airbags. Sin embargo, ¿por qué nadie conoce estos cascos? ¿Por qué no se nos ofrecen cuando compramos un automóvil nuevo?

 

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  1. Soy ciudadano y sufridor del modelo consumista, e insostenible que se sigue utilizando en Madrid (España). Donde un 40% de la población sigue contaminandonos con sus coches, y su violencia. Pero hay un alto porcentaje de población que se mueve en Bici, pero sobre todo en trasporte colectivo. Un alto porcentaje lo utiliza. Pero me molesta que nos muestren Copenhage como una ciudad modelo. Desde luego hay muchas bicicletas, y medios para que puedan circular con seguridad. Pero sigue teniendo un 40 % de población que sigue moviéndose en coche, contaminando, y presionando con su violencia, y sus insultos a cualquier ciclista, o peatón; que se salga de su carril, o solo pise una linea. Pienso que también les queda bastante que civilizarse, y que mejorar su ciudad respecto a la Sostenibilidad, y la excesiva contaminación. El usuario del coche en Dinamarca paga altos impuestos, pero por esta misma razón se deben pensar que todo es para que ellos puedan atropellar, e intoxicar al resto de ciudadanos. Copenhage no es un modelo Limpio, y Sostenible, aunque pudiera serlo.

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