(I) ¿De quién son las semillas?

(I) ¿De quién son las semillas?

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Las semillas deben circular libremente
Estamos viviendo una época crucial. A nuestras espaldas se están tomando decisiones que ponen en juego el futuro de prácticas agrícolas milenarias y dejan nuestra alimentación en manos de las grandes multinacionales. “Sembrando futuro, recogiendo diversidad” es el lema de la campaña internacional que se está llevando a cabo para luchar contra la privatización de las semillas y las patentes sobre la vida. Saatgutkampagne, organización alemana promotora de esta campaña, ha estudiado detenidamente los movimientos de las multinacionales, de los grupos de presión y la respuesta de la Comisión Europea en forma de una legislación que se nos impone a todos en favor de unos pocos.
Continúa la lucha por las semillas.

Publicado por Andreas Riekeberg, Saatgutkampagne, el día 29.04.2011.

 La conservación de la biodiversidad resulta imposible sin una modificación radical de la legislación europea sobre las semillas.

“Semillas libres para todos” y “Sembrando futuro, recogiendo diversidad” son los lemas de quienes luchan contra la privatización y la monopolización de las semillas. Las semillas, junto con el agua y el sustrato, son las materias primas de la agricultura y la jardinería y constituyen la base de nuestra alimentación y de la vida. En este documento se exponen la legislación vigente sobre la comercialización de las semillas; la relación entre esta legislación y la pérdida de diversidad agrícola; y las modificaciones de la misma que la UE tiene previsto realizar. La conclusión es que las modificaciones que se pretenden llevar a cabo no mejoran una legislación que, para ayudar a conservar la diversidad, requiere un cambio radical de dirección tanto en los aspectos políticos como en su aplicación.

Los dos pilares de la actual legislación sobre las semillas.

El acceso a las semillas y la utilización de las mismas están regulados por dos aspectos del derecho: de todos es conocido que la legislación sobre las variedades se refiere a la “propiedad intelectual” de las variedades vegetales.

Los criadores de semillas pueden solicitar los derechos sobre sus productos en la Oficina de Variedades y, una vez le son concedidos, pueden decidir sobre los usos que darán a las variedades de su creación. Es algo parecido a los derechos de autoría de un libro o de la música. Otro de los aspectos de la legislación es, si cabe, aún más importante para el acceso a las semillas, a pesar de ser menos llamativo: el derecho a la comercialización de las mismas. Este derecho regula qué semillas pueden comercializarse, es decir, los requisitos que deben cumplir para poder ser comercializadas. Es un proceso similar a la aprobación de un medicamento para su comercialización o, antiguamente, la censura de los libros. Según esta legislación, solamente se pueden comercializar aquellas semillas que cuenten con un permiso estatal para ello.

En este contexto, cabe plantearse la siguiente pregunta: las semillas son fuente de vida y de diversidad, ¿por qué debe ser el estado el que establezca lo que está permitido y lo que no?

Ni siquiera debería existir un procedimiento de aprobación, ya que su misma existencia implica la prohibición de aquellas variedades que no gozan de licencia. La legislación sobre la comercialización de las semillas es un invento que se ha desarrollado en los últimos 100 años en Europa, a medida que las semillas pasaban de ser un artículo de intercambio entre vecinos a una mercancía comercializable entre dos sectores del mercado que no se conocían entre sí.

Con la justificación de que solamente se podía permitir comercializar semillas en buen estado que aseguraran una buena cosecha, se establecieron una serie de criterios que las semillas debían cumplir. Así, para ser validadas, las semillas deben cumplir una serie de requisitos mínimos en cuanto a pureza y a su capacidad de germinar, entre otros.

Además, las semillas deben provenir de una variedad que ya haya sido aprobada. Los criterios para conceder esta licencia a las variedades son: rasgos distintivos, homogeneidad y estabilidad, conocidos como “Criterios DUS” por sus siglas en inglés (Distinctness, Uniformity, Stability). Otros criterios para las nuevas variedades son el denominado “valor cultural del país”, que se exige a todas las nuevas plantas que se aprueban (a excepción de las verduras y las frutas). Aproximadamente el 85% de las nuevas variedades no cumplen con este criterio (1).

(1) Ursula Prall, Genetische Vielfalt, geistiges Eigentum und Saatgutverkehr. Der Rechtsrahmen, in: M. Christ: Bedrohte Saat, 2010, S. 211.

Fuente

Más información

¿De quién son las semillas? II

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