Hagámonos verdes, evitemos la catástrofe

Hagámonos verdes, evitemos la catástrofe

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Cem Özdemir es copresidente del partido alemán Alianza‘90/Los Verdes. Entre 1994 y 2002 fue miembro del parlamento alemán (Bundestag) y entre 2004 y 2009 del Parlamento Europeo.

Artículo de Cen Özdemir titulado «El Futuro Verde de Alemania» y publicado el 14 marzo 2011 en el diario británico The Guardian: Como cantaba la rana Gustavo, “no es nada fácil ser verde”. Los conservadores cuentan con la tradición, los socialdemócratas tienen el estado del bienestar y los liberales un individualismo sin límites. Los verdes, sin embargo, tienen poco que ofrecer aparte de diálogo, presión y responsabilidad. Entonces, ¿qué está ocurriendo en Alemania? En las elecciones nacionales del año 2009 los verdes alcanzaron un récord de votos con un 10,7% y hoy en día las estimaciones alcanzan entre 15% y 25%. Este partido minoritario de la coalición está escalando posiciones en estados tan dispares como Berlín, la capital tradicionalmente de izquierdas (que se encuentra en bancarrota), en el nordeste, y la potencia económica tradicionalmente conservadora de Baden Württemberg, en el suroeste.

La amenaza de desastre nuclear en Japón ha vuelto a situar en el centro del debate la cuestión energética. Incluso Ángela Merkel ha afirmado que la calamidad de Fukushima Daiichi constituye “un punto de inflexión para el mundo”. La trayectoria nuclear de su gobierno es más que cuestionable: decidió retrasar el cierre de las nucleares, pactado con los verdes, para continuar llenando los bolsillos de los cuatro grandes proveedores energéticos. Nosotros nos oponemos a la prolongación de las nucleares porque en nuestra partida de nacimiento pone que estamos en contra de la energía atómica. El éxito de los verdes es el resultado de un cambio más profundo en la mentalidad de los alemanes. El país ha comenzado a despojarse de su miedo a los cambios: se acabó la creencia de que, al final, el marco alemán, Helmut Kohl y la iglesia son los mejores. La confianza en los partidos políticos y en las instituciones democráticas está disminuyendo, y la cantidad de gente que va a votar a las elecciones, a pesar de que sigue siendo alta en comparación con otras democracias, sigue disminuyendo. Esto no significa que la gente sea ignorante. Al contrario, quieren involucrarse y participar de forma activa, en especial cuando se trata de enormes proyectos de infraestructura tales como Stuttgart 21, el soterramiento de la antigua estación de trenes de la ciudad por un coste de 8.000 millones de euros. La gente está convencida de que la política que proponen los Verdes se basa en unos cimientos estables, es transparente e inmune al enchufismo, y los estudios demuestran que el partido verde ha conquistado el voto de muchos escépticos. Bajo el mandato tecnocrático de la canciller Merkel, el partido conservador CDU no ha sido capaz de transformarse en un partido más moderno, urbano y femenino. La política de los Verdes, por el contrario, ha atraído a los votantes que probablemente no habrían apoyado a los Verdes de Birkenstock de hace 20 años.

Donde los Verdes han aprendido a equilibrar ideales y pragmatismo, el CDU de Merkel ha traicionado sus propios valores y no ha sido capaz de ofrecer una solución para el país. Puede que Merkel sea la reina de los pequeños pasos, pero el partido Verde es la princesa del futuro. Los Verdes también han sacado provecho de la desastrosa estrategia de los socialdemócratas de agarrarse a la política preferida de Gerhard Schöder, la tercera vía. Millones de votantes han abandonado al partido, con los jóvenes y progresistas acercándose a los verdes o absteniéndose. También nos hemos beneficiado del cambio demográfico: además de jóvenes votantes, también contamos con una base de votantes de más edad, a medida que los mayores de 70 años le dan la espalda a sus partidos. El tiempo juega a favor del movimiento verde. La conciencia medioambiental no para de crecer. El verde se ha convertido en un estilo de vida que se escoge de forma consciente y que incluye una alimentación sana y ecológica, la utilización del transporte público, la contratación de proveedores de energía renovable, el consumo en el pequeño comercio, la banca ética.

El año pasado, los Verdes alemanes celebraron su 30 aniversario. Esta fecha sirvió para recordarle a la población la enorme influencia que el partido ha tenido sobre la opinión pública durante las pasadas tres décadas. Creado sobre todo como un partido antinuclear, el partido verde ha ayudado a generar un nuevo consenso sobre el equilibrio de géneros, la democracia electoral, las energías renovables, los alimentos modificados genéticamente, los derechos de los consumidores y los nuevos modelos familiares. Pero los Verdes también han cambiado. Lo que comenzó como un grupo heterogéneo de no parlamentarios idealistas se ha convertido en una fuerza parlamentaria sólida y en un compañero de coalición responsable en el gobierno. En el pasado, según muestran las encuestas, a la gente le gustaban los Verdes pero no les votaban porque tenían miedo de que el partido no tuviera suficiente cerebro y músculo para dirigir el país.

Esta percepción ha cambiado durante los últimos años. La clave para comprender nuestro crecimiento es el sencillo razonamiento de Nicholas Stern: hacernos verdes resultará caro, pero no hacernos verdes será una catástrofe. Los Verdes alemanes se dieron cuenta desde el principio de que la economía es tanto el problema como la solución, que se puede ser verde y seguir creciendo. Stern, que dirigió el informe de la ONU sobre la economía del cambio climático; el economista ganador del premio Nobel, Paul Krugman y otros ya han dejado claro que tienes que hacerte verde para crecer. Por eso, los Verdes alemanes hacen un llamamiento al “Green New Deal” para transformar el sector financiero, económico, el mercado laboral y la sostenibilidad. “Verde es el nuevo rojo, blanco y azul”, escribía el columnista del New York Times Thomas Friedman en 2007. Los valores del movimiento nos conciernen a todos. Aquellos partidos verdes más pequeños, como el estadounidense, pueden encontrar este reto demasiado grande. Aquí en Alemania, sin embargo, los Verdes están preparados para asumir mayores responsabilidades.

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