Grecia busca otra forma de vida

Grecia busca otra forma de vida

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Debido a las restricciones económicas y demás abusos de los mercados financieros que sufre Grecia, más de un tercio de su población vive prácticamente en la pobreza. Adquirir alimentos básicos es cada día más difícil para los ciudadanos griegos.

Los agricultores, ahogados por unos impuestos irracionales, no pueden seguir con su actividad y se unen a los artesanos, parados y empleados para manifestar su total desacuerdo con la actual situación.

Ante esta debacle, los griegos comienzan a reconquistar su alimentación mediante las semillas locales, la biodiversidad, la agricultura ecológica, la permacultura, las redes de grupos de consumo, las cocinas colectivas y los huertos urbanos autogestionados. La solidaridad entre los ciudadanos es la clave para que muchos ciudadanos puedan seguir alimentándose.

La agricultura griega fue una actividad básica del país mediterráneo. Hoy en día agoniza sepultada por una tasas e impuestos desorbitados que sólo buscan su aniquilación.

Para los agricultores y para los consumidores no quedan más alternativas que la unión. Unos modos de producción ecológicos, que resultan mucho más económicos al evitar la dependencia de abonos y demás productos derivados del petróleo, son la única vía que les garantizará la seguridad alimentaria a unos ciudadanos griegos que ven cómo se les asfixia desde Europa mediante unas medidas de austeridad insufribles.

Desde hace algún tiempo Grecia asiste a una “vuelta a la tierra” generalizada. Según unas recientes encuestas, el 70% de los griegos desea instalarse en el campo y cultivar. La adopción de la agricultura ecológica y el diseño de espacios vitales de bajo impacto que proporciona la permacultura tiene su fundamento en la seguridad alimentaria, pero también en la economía. Con los métodos tradicionales de cultivo y de comercialización resulta imposible alimentar a la población, es por eso que los ciudadanos optan por la agricultura ecológica y los circuitos de proximidad, por la vuelta al campo y el retorno a una alimentación basada en productos locales sin intermediarios. La situación de penuria que vive el país requiere la total revisión de la actual política agrícola, única forma de salvar unas explotaciones prácticamente abandonadas.

El recuerdo de una agricultura familiar está muy presente en Grecia, pero hoy en día, los agricultores se han visto golpeados cruelmente por la crisis. Los impuestos sobre la tierra, las tasas especiales, el aumento general de los precios de los abonos, especialmente los destinados a alimentar animales, el precio de la energía que aumentó un 100%, incluyendo los combustibles destinados a la agricultura, las amenazas que representan las hipotecas (terrenos, edificios, materiales) que pasaron de una banca griega pública a una banca privada, unas jubilaciones agrícolas por debajo del umbral de la dignidad humana, los intermediarios y las cooperativas que generan beneficios a costa de los agricultores y la venta de algunas cooperativas que ayudaban a vender sus productos a los agricultores locales, son las causas que están acabando con una actividad tradicional e imprescindible.

Este cambio o revolución se inicio en el año 2000 con el inicio de las reuniones de intercambio de semillas locales.

La red “Peliti” se encarga de difundir variedades de semillas y razas animales locales y permite cultivar a miles de agricultores. Estas semillas, libres de propiedad intelectual y de derechos derivados, convierten a los agricultores que las utilizan en independientes frente a las grandes multinacionales agroquímicas. Partiendo del apoyo de redes como Peliti y otras que forman a nuevos agricultores, se ha conseguido crear numerosas iniciativas agrícolas y comunitarias.

El intercambio de semillas de variedades locales es imprescindible para el desarrollo de una agricultura campesina de subsistencia. Si se prohíbe este intercambio se impide la adaptación local al mismo tiempo que se condiciona la soberanía alimentaria. Este tipo de concentraciones tienen mucho éxito y se ha registrado un gran aumento del número de ciudadanos interesados en la agricultura y en la conservación de la diversidad agrícola local.

Los agricultores y los consumidores unidos.

El movimiento surgido de la unión entre campesinos y consumidores reveló una realidad que afectaba seriamente a Grecia: los productos locales no se comercializaban, en los supermercados apenas existían productos griegos frescos, en su lugar sólo se encontraban aquellos productos que, pese a que también se producen en los campos del país, se importaban de fuera.

Los grupos de consumo que evitan este tipo de sinrazones nunca fueron tan populares en Grecia. La crisis económica a relanzado una práctica que en países como Francia es masiva. Con la ayuda de voluntarios se ha organizado un sistema logístico que permite que estos productos pasen del huerto a la cocina.Actualmente muchos ayuntamientos se han sumado a la causa y gestionan los pedidos, especialmente en los barrios superpoblados de la capital Atenas.

Este movimiento, denominado “Movimiento de las Patatas”, ha ganado muchos adeptos y se muestra vital para el abastecimiento de muchas zonas urbanas. Estas experiencias son urgentes y no pueden esperar a una necesaria reforma de los planteamientos productivos y a nuevos y más razonables sistemas de abastecimiento.

En una Grecia sumida en una desesperante crisis, estas iniciativas aportan unos espacios de creatividad y de libertad necesarios. Los griegos no se conforman con la creación y refuerzo de unas redes de proximidad entre los agricultores y los consumidores, si no que se ha desatado una poderosa fiebre cultivadora que ocupa tanto jardines públicos como terrenos baldíos, aparcamientos e incluso un antiguo aeropuerto y terrenos militares en desuso.

El cultivo, el desarrollo de redes de intercambio, los circuitos de proximidad y la autonomía alimentaria conforman un proyecto político revolucionario que se sustenta en las repetidas asambleas generales, la democracia directa y el cuestionamiento de la causa ecológica y social del actual sistema económico. De toda esta agitación social florecen numerosas iniciativas solidarias y sociales que ayudan a muchas personas a subsistir entre el caos y la debacle generada por la política de restricciones económicas y sociales de Europa.

Una de estas iniciativas es la Cocina Social “La Otra”. “La idea de crear la cocina social surgió cuando observamos en los mercados de frutas y verduras de Atenas que gente de todas las edades, de todas nacionalidades y clases sociales escarbaban a diario entre los restos para encontrar alimentos que no pueden comprar. La primera reacción fue la de cocinar en casa y distribuir las raciones en los mercados. Más adelante preguntamos a los productores si podían abastecernos con productos de sus estantes para poder cocinar al día siguiente. Decidimos cocinar delante de la gente, comer juntos, unirnos y acabar con el pudor que algunas personas pueden sentir cuando esperan recibir su porción de comida.

La idea de “La Otra” es un gesto solidario y de amor por el ser humano con la esperanza de concienciar a la gente y de animar a otras personas y otros grupos a hacer lo mismo. No hacemos filantropía ni caridad, simplemente cocinamos y comemos todos juntos en la calle, del mismo modo que vivimos juntos.” Existen otras iniciativas similares, como « El Chef », que trata de alimentar a los huelguistas durante la huelga para apoyar la lucha, o las cocinas de parados en los numerosos centros sociales de la capital. No se trata de comer cualquier cosa, si no de actuar juntos de forma colectiva y democrática.

(Fotos oallosanthropos)

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