Frutas justas por la dignidad

Frutas justas por la dignidad

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El plátano es la fruta más comercializada del mundo. El comercio internacional de piña aumenta vertiginosamente y, actualmente, una de cada dos piñas que se cultivan se destina a la exportación. Las cadenas de suministro del plátano y la piña son muy semejantes. Ambas frutas se cultivan en los mismos países e involucran a los mismos intermediarios. Tanto en el sector bananero como en el de la piña son comunes las violaciones de los estándares laborales y del derecho a un medioambiente sano y saludable. La situación en muchas plantaciones sigue empeorando.

Las organizaciones Banana Link (Gran Bretaña), Spolecnost pro Fair (República Checa), BanaFair (Alemania) y Peuples Solidaires (Francia) han trabajado conjuntamente en la creación de la campaña «Hacer las frutas justas», mediante la que exigen que los supermercados, la única entidad que tiene posibilidad de presionar a las cadenas de suministro, paguen unos precios justos a los proveedores.

La campaña exige que se respeten los derechos de los trabajadores, incluyendo la libertad de asociación en sindicatos independientes, y que se reduzcan los productos químicos utilizados en las plantaciones, debido a sus efectos dañinos sobre el medioambiente y la salud de los trabajadores.

¿Cómo se cultivan los plátanos?
La mayoría de los plátanos se cultivan en grandes plantaciones de América Latina y África, normalmente destinadas exclusivamente a la exportación. Los métodos de producción de monocultivo que se utilizan pueden destruir ecosistemas enteros. La industria bananera es la segunda que más productos químicos de síntesis utiliza después del algodón, algunos de los cuales han sido clasificados como peligrosos por la OMC. El uso de este tipo de productos contamina las reservas acuíferas y puede tener impactos devastadores sobre la salud del trabajador. La producción a pequeña escala en estas regiones y el Caribe es más sostenible, pero muchos agricultores han sido apartados del mercado internacional debido a los ínfimos precios que se les paga por su producto. Los supermercados son los agentes más poderosos a lo largo de la cadena de suministro del banano y, al pagar precios insosteniblemente bajos a las compañías fruteras que comercializan el banano o tienen plantaciones, generan unos enormes beneficios. Esto ha propiciado una competencia insostenible en la industria bananera debido a que las compañías de fruta se reubican constantemente en busca de mano de obra más barata y una legislación más permisiva en las regiones exportadoras. La compra de fruta fresca en el supermercado puede ser nuestro contacto más próximo con los países en vías de desarrollo. Nuestra elección a la hora de comprar puede repercutir de forma directa sobre las condiciones laborales de los trabajadores y el impacto medioambiental de su ámbito de trabajo.
Las piñas.
En los últimos 20 años el mercado internacional de la piña se ha expandido rápidamente, con un crecimiento en su producción de casi 50% desde 1998. Esto es en parte debido a la popularidad de la nueva variedad «Sweet and Gold», con frutas más grandes, un alto contenido en azúcar, sabor y color atractivos y de calidad.
Mano de obra barata.
Por otro lado, los trabajadores de la piña reciben una parte muy pequeña del valor total del producto (sólo el 4%). Las condiciones en las que trabajan son generalmente malas, con salarios por debajo del umbral de la pobreza, largas jornadas de trabajo, represión sindical, discriminación de género e impacto sobre la salud debido al trabajo con químicos tóxicos. El sector de la piña también es responsable de una degradación ambiental significativa en los países productores.

La campaña, lanzada en los cinco idiomas de las organizaciones promotoras y en español, promueve la certificación de los productos, la afiliación en sindicatos y la regulación internacional del sector para controlar los abusos y exigir la toma de responsabilidades.

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