Frenar el consumo de carne, luchar contra el hambre

Frenar el consumo de carne, luchar contra el hambre

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¿Podemos continuar consumiendo carne al ritmo actual?

El escritor francés Fabrice Nicolino, autor del libro “Bidoche”, éxito editorial en Francia que trata sobre los efectos del excesivo consumo de carne, explica sus dudas al respecto en una entrevista concedida a la edición online del periódico francés L’Express.

¿Cómo calificaría Usted la carne que se encuentra actualmente en el mercado?

Más bien como de mala calidad. Y no soy vegetariano. En muy poco tiempo, el mundo ha vivido una completa revolución de la industria cárnica y de la ganadería. Lo que antes suponía una relación del hombre con el animal, una relación entre dos seres vivos, ha dejado de existir. Hoy en día los animales son hacinados por centenares en naves industriales y alimentados con soja genéticamente modificada.

¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Después de la Segunda Guerra Mundial quisimos imitar un sistema como el de Estados Unidos, que nos parecía perfecto. Tras las hambrunas provocadas por la guerra, se creó una necesidad de consumir carne en mayores cantidades. Se realizaron enormes inversiones en el campo de la investigación genética, en tratamientos a base de medicamentos y en la creación de inmensas fábricas de ganado en las que los animales engullen antibióticos, hormonas de crecimiento y OGM.

¿Qué piensa Usted de este sistema?

Hoy en día podemos decir que se trata de un problema de salud pública. Hemos creado unos nuevos animales a los que les administramos medicamentos preventivos que después van a parar a nuestra alimentación a través de su carne. Quienes consumen carne comprada en el supermercado están adquiriendo sin saberlo organismos genéticamente modificados (OGM). Paradójicamente, muchos de estos consumidores se oponen a su cultivo.

¿Es esto lo que más le impresiona?

Es un hecho importante. Pero lo que más me impresiona es el abismo moral al que el hombre se ha precipitado al infringirles este trato a los animales. En mi opinión, lo que sucede en la industria cárnica es una barbarie a gran escala. Hemos creado un terrible sistema cuya gravedad no se valora debidamente.

Según numerosos expertos, la industria cárnica es una amenaza para el medioambiente ¿Qué piensa usted de ello?

Cuando comencé a documentarme para escribir mi libro, comprobé el enorme consumo de energía que suponía alimentar a los animales de forma industrial. Se necesitan de 7 a 9 calorías vegetales para producir una sola caloría animal, lo que supone la producción y el transporte de enormes cantidades de vegetales y de cereales. Es un dato poco conocido pero, actualmente, el 70% de la superficie agrícola de Europa se utiliza para alimentar el ganado.

¿Qué problema puede causar esto a largo plazo?

Con el enorme aumento del consumo mundial de carne – países como China e India demandan cada vez mayor cantidad – es necesario encontrar nuevas tierras para alimentar al ganado. Pero actualmente en el mundo hay 1.000 millones de seres humanos que padecen hambre crónica. Si no se encuentra la fórmula para frenar este demencial apetito por la carne, es fácil deducir que el hambre acabará extendiéndose por todo el planeta.

Sin embargo usted afirma que sigue comiendo carne. ¿Con qué frecuencia? ¿Cómo la elige?

Yo como carne aproximadamente dos veces al mes. La compro ecológica y certificada. Pero, aunque esto ofrece ciertas garantías, no elimina todos los riesgos. En principio, los animales criados con métodos ecológicos están mejor tratados, reciben pocos tratamientos médicos y no han ingerido ni pesticidas ni OGM. De todas formas, hoy en día está comprobado y reconocido que un alto consumo de carne no es beneficioso para la salud. Consumir mucha carne roja propicia un aumento del colesterol, un alto riesgo de enfermedades cardiovasculares y favorece la obesidad y el cáncer.

¿Es aún posible frenar este consumo de carne? ¿Con qué medios se podría lograr?

Desgraciadamente creo que vamos por el mal camino. Incluso me atrevería a decir que es imposible. Pero, al mismo tiempo, pienso que si hubo una voluntad pública y política que nos hizo consumir carne en grandes cantidades, puede haber la misma voluntad para frenar este consumo que se muestra cada vez más pernicioso: es perjudicial para la salud y para el planeta, inmoral con los animales y con nuestros hermanos humanos que padecen hambre.

Entrevista original

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