Francia inicia su transición energética

Francia inicia su transición energética

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La lucha contra el cambio climático, bien sea para frenar sus efectos o para adaptarnos a lo inevitable, pasa por revisar el modelo energético de los países. La reducción drástica de las emisiones de CO2 a la atmósfera sólo se conseguirá si se establecen unos pasos que lleven los antiguos modelos de producción y abastecimiento energéticos a una transición. La transición energética se debe iniciar desde abajo, desde lo local, el cambio de mentalidad necesario para conseguir reducir el consumo debe ser alentado por los colectivos territoriales después de analizar los aspectos geográficos, sociales y económicos de cada zona.

La energía es un aspecto fundamental de toda actividad y cada decisión o proyecto de la colectividad supone un impacto, más o menos importante, sobre el medio ambiente. Por ello resulta fundamental no desarrollar una política de medioambiente – energía aislada de los otros sectores, sino tratar ambos retos de forma transversal.

Francia, sin duda incitada por el grupo verde que ofreció su apoyo a Francois Hollande las pasadas elecciones presidenciales, quiere iniciar la transición energética y, para ello, ha establecido un calendario de debates dirigidos a la toma de conciencia del problema y a la búsqueda de soluciones a medio y largo plazo. Frente al cambio climático y al agotamiento de las energías que se pueden almacenar (fósiles y uranio), el objetivo de dividir al menos por cuatro las emisiones de Francia hasta 2050 está siendo objeto de un consenso importante. De igual forma, la necesidad de comprometerse a seguir la vía de la transición energética constituye hoy en día un objetivo con cada vez más adeptos. Transición hacia un modelo energético más adecuado a la realidad climática Transición energética y descentralización, ambos conceptos están unidos en su fundamento. Si la electricidad supone sólo el 20% del consumo final de energía, el sistema eléctrico de un país resulta determinante sobre todo el resto. Una producción descentralizada y enfocada a la demanda, próxima a los lugares donde esa energía va a ser consumida permite, gracias a la cogeneración, abastecer de electricidad y calor a los hogares, las oficinas y la industria. Por el contrario, una producción centralizada y alejada de los puntos de consumo considera el calor desprendido como un residuo indeseable que se evacuará mediante refrigeración. En este sistema, todo lo que es producción descentralizada se considerará por los gestores de la red como una fuente de problemas suplementaria y como una cantidad despreciable para los grandes productores y la administración estatal de la energía. De lo local a lo global El control del consumo energético y el desarrollo de energías renovables requieren tomar en consideración la diversidad territorial del país. Para comprometerse a iniciar una verdadera transición energética resulta esencial garantizar una gobernanza territorial de la energía y del medio ambiente que permita a los diferentes colectivos tener presentes todos estos retos en sus programas políticos. Para ello se necesitan leyes innovadoras, incluso en la propia concepción de las relaciones entre la Unión Europea, Estado y colectividades territoriales. La transición debe comenzar en lo local para alcanzar lo global. La reducción del consumo de energía supone un reto ciudadano. Por una parte es necesario iniciar el debate sobre las fuentes de energía de las que se dispone, los retos económicos, sociales y medio ambientales relacionados, los riesgos existentes y, además, es necesario que las mentalidades evolucionen al mismo tiempo que evolucionen los hábitos. Por ello es importante trasladar o iniciar el debate en el ámbito local, la capacidad de animar dicho debate por parte de los colectivos territoriales será determinante para la renovación del debate democrático sobre la energía.

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